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Etiquetas:   Ciudades   España   -   Sección:   Opinión

Carboneras, a medio camino entre el mar y el parque natural

Sacar partido al mar y al sol en esta localidad almeriense
Francisco Cano Carmona
jueves, 11 de septiembre de 2014, 05:40 h (CET)
Situada a orillas del Mediterráneo, la localidad almeriense de Carboneras ha sabido sacar partido al mar y al sol. Primero como pueblo pesquero y, con la llegada de turistas y a raíz del declive de la pesca y con las mejoras de las condiciones de vida desde mediados del siglo XX, como pueblo turístico.

Carboneras lo tiene todo: el sol mediterráneo, unas playas de calidad, una sierra a sus espaldas, un patrimonio histórico digno de conocer y una gastronomía basada en el mar. Razones que la han convertido en exponente del desarrollo de Almería, especialmente de la comarca del Levante, de la que forma parte junto con otras localidades como Vera, Mojácar o Garrucha.

Historia de una ciudad
Carboneras es, si se la compara con otras localidades y asentamientos, un pueblo joven: aunque zonas cercanas del Levante almeriense estuvieron pobladas en épocas prehistóricas, y pese a que las primeras menciones al pueblo comienzan a hacerse en época nazarí, cuando se establecieron una serie de puestos de vigilancia costeros, no es hasta mediados del siglo XVI que Carboneras se convierte en asentamiento permanente.

Es en 1559 cuando el reducido grupo de defensas pasa a ser pueblo, con la concesión de las tierras a don Diego Lope de Haro y Sotomayor, marqués del Carpio, por parte de Felipe II con la orden de edificar un castillo con el que defender la costa de una posible invasión morisca en plena Rebelión de las Alpujarras.

En torno a esta construcción, el Castillo de San Andrés, crecerá por fin una población que vio en el mar su mayor fuente de recursos.

Sin embargo, este rincón aislado, peligroso por los constantes ataques de piratas y moriscos, comenzó a desarrollarse con la construcción, en 1776, del Castillo de la Mesa de Roldán. Por fin, Carboneras empezaba a ser segura y, aunque el paisaje no favorecía su expansión territorial ni económica.

Casi medio después, en 1813, Carboneras se independizó del municipio de Sorbas para volver a formar parte del mismo durante el período absolutista. Sólo con la Constitución de 1838 se daría a Carboneras su independencia definitiva.

Desde entonces, Carboneras ha ido creciendo tan lentamente como la soleada provincia de Almería, viviendo de la pesca y de la agricultura, domesticando Sierra Cabrera y en torno al Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar; hasta que, con la irrupción del turismo en la década de 1960, la localidad mediterránea se sube al carro del siglo XXI, pese a que dicho carro le haya traído importantes escándalos como el de la construcción del hotel El Algarrobico.

Precisamente en el siglo XX, con la euforia del cine y, sobre todo, del spaghetti western, Carboneras se convierte junto con otros rincones de la provincia, en escenario de numerosas películas entre las que destacan Las aventuras del Barón Munchausen y Lawrence de Arabia.

La riqueza de su entorno y su patrimonio
Carboneras destaca por sus playas. Serenas y apacibles, los seis bellos rincones mediterráneos ofrecen al turista la posibilidad de refrescarse, de tomar el sol o de practicar el buceo y disfrutar de sus fondos volcánicos, ricos en especies marinas de muy diversos tipos.

Las playas de Las Marinicas, entre sus puertos industrial y pesquero, la de Los Barquicos y Concones, por la que discurre el paseo marítimo; y la del Ancón, también bordeada por el paseo marítimo, han recibido la célebre Q de calidad turística. No obstante, las más famosas son las de El Algarrobico, con sus aguas cristalinas y tranquilas, y la Playa de los Muertos, considerada como una de las mejores playas de España.

También al ámbito marítimo pertenece la isla de San Andrés, declarada Monumento Natural por la Junta de Andalucía. Se trata de dos islotes que suman más de 70.000 m2 y en cuyo fondo pueden observarse cuevas con una enorme riqueza biológica y un cráter volcánico. Además, para conferirle un mayor valor patrimonial, en su superficie se halla una necrópolis hispano-musulmana.

A sus espaldas se levanta Sierra Cabrera, antaño considerada una isla verde en medio del desierto almeriense por sus altos y densos bosques, y hoy poblada de esparto y matorrales. En sus cumbres se extiende un parque natural homónimo que hace que Carboneras, con un 78% de su territorio en el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, se vea entre dos espacios protegidos.

A este impresionante patrimonio natural hay que sumar el patrimonio cultural e industrial, en el que se incluyen sus dos puertos, su central térmica, su ayuntamiento, conocido como Casa de los Fuentes; sus castillos, entre los que se encuentran los ya citados y la Torre del Rayo, todas pertenecientes al sistema defensivo que durante siglos protegió las costas almerienses.

Además, son dignos de mención el molino de viento, hoy convertido en sala de exposiciones; el Patio Andaluz, importante parque situado a orillas del Mediterráneo y donde se encuentran una copia de anfiteatro romano en el que se realizan actividades veraniegas al aire libre, y el teatro municipal, situado en una casa señorial del siglo XIX.

Qué hacer en Carboneras
Visitar Carboneras es siempre apostar por un turismo tranquilo, por actividades relacionadas con el mar y con la naturaleza.

Entre otras actividades, tales como el buceo, se pueden realizar rutas de senderismo por los dos parques naturales que rodean la localidad.

Interesantes son, sin duda, sus fiestas mayores. Dedicadas a San Antonio (13 de junio) en la que se conmemoran las guerras entre Moros y Cristianos con desembarcos y escenas de lucha tanto en la costa como en el pueblo. El 15 de agosto se celebran las Fiestas del Pescador y del Turista, que culminan con la procesión de la Virgen del Carmen.

También se puede degustar la rica cocina marinera, con productos típicamente carboneros, mientras se hace el cuerpo para ir a ver un teatro al aire libre o algún concierto más intimista.

Carboneras ha demostrado al mundo que no es un pueblo muerto, sino que es muy capaz de crecer y moverse al ritmo del siglo XXI sin dejar atrás su alma marinera.
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