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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

TV1 permite los mítines catalanistas a Loles León

Miguel Massanet
martes, 9 de septiembre de 2014, 07:12 h (CET)
Cuando hablamos de la TV1, no nos estamos refiriéndonos a una cadena privada en la que se deben a sus anunciantes y, por ello, por su carácter privado, se les conceden ciertas licencias ( a nuestro entender excesivas, de pésima calidad y de más que discutible moralidad y ética) y formatos que pueden ser toleradas, siempre, naturalmente, que se respeten los horarios establecidos para preservar a los niños u adolescentes de la posibilidad, aunque fuese accidental, de ver ciertos programas que pudieran herir su sensibilidad o resultarles perniciosos para su desarrollo, formación y educación. En el caso de la Cadena Pública los contenidos de sus programas deben ser objeto de una especial vigilancia, eliminando todos aquellos que puedan ser contrarios a los fines de información ecuánime, verdadera, objetiva y, por supuesto, libres de cualquier contaminación política o sesgo que pudiera atribuirse a la particular tendencia ideológica o política del encargado de trasmitirla a la audiencia.

No es la primera vez que, este comentarista, hace referencia a la TV1 y, aunque nunca se le ha hecho el más mínimo caso, no por ello vamos a dejar de seguir insistiendo; denunciando aquellos comportamientos, omisiones o programas que, a nuestro criterio de ciudadanos de a pie, creemos que debieran de ser reprobados por estar comprendidos en algunas de las circunstancias anteriormente mencionadas. Es cierto que, en TV1, aparte de la Dirección, de su descomunal deuda, del consabido despilfarro en el pago de cantidades exorbitantes por programas que luego no interesan a nadie y de innumerables etcéteras que sería prolijo enumerar; existe una verdadera mafia, un efecto clientelista y un tráfico de influencias que permite que sindicatos, mandos intermedios, cooperantes, artistas, periodistas, presentadores, productores y directores de programas se hayan constituido en un bunker inexpugnable, de modo que, dentro del ente, no se mueve un alfiler que no sea supervisado por la “censura” de esta especie de cooperativa de intereses dispuesta a sacar provecho de los millones del Tesoro, recaudados de los impuestos de los ciudadanos, que cada año se le entrega a la Dirección de la cadena para mantener la parafernalia, asegurar los salarios, enriquecer a productores, mantener a aquellos profesionales que gozan del apoyo de los dirigentes y, sostener programas impropios de una cadena pública que, sin embargo, tienen un coste prohibitivo para un presupuesto limitado y sujeto a los recortes impuestos por la crisis.

Uno de estos programas, el de las mañanas de la TV1, ha conseguido sortear los cortes y sigue manteniéndose gracias a la evidente influencia de una señora que ha dado mil pruebas de no estar suficientemente capacitada ni preparada para abarcar un programa que dura toda la mañana, compuesto de distintas secciones en las que se precisa una formación mucho más completa de la que esta señora, Mariló Montero, parece tener. Sus errores, equivocaciones, meteduras de pata ya son proverbiales entre sus compañeros de profesión lo que, por otra parte, ya ha obligado a la dirección del ente a recortarle algunas de sus actuaciones para que no siguiera desprestigiando el programa. Sin embargo, señores, cuando ya creíamos que iba a producirse un cambio en la programación de la TV1, cuando pensábamos que, por fin, la cordura se había impuesto en la Dirección y se pondrían en marcha programas más serios y más propios de una televisión estatal; ¡Oh sorpresa!, al llegar el mes de Septiembre y vuelve a resurgir de sus cenizas el mismo programa, con más secciones si cabe y con la presencia implacable de la señora Mariló Montero, que lo mismo opina de política, de temas jurídicos, de problemas internacionales, de deportes o de medicina. ¡Un verdadero portento, señores! No se arredra ante nada ni deja de meter baza en todo cuanto se dice, con la “autoridad” de una verdadera experta en la materia. Lo malo, señores, es que no lo es y sus observaciones, en muchas ocasiones están fuera de lugar, son improcedentes, erróneas y que pueden llegar a confundir a una audiencia que siempre tiende a dar por bueno lo que se dice en la TV.

Lo que ocurre es que hay ocasiones en las que unas vacaciones prolongadas pueden servir para que la suplente, en esta caso, la señora Ballester, tenga la suerte de acertar con un programa, en este caso de señoras tertulianas, que parece que ha tenido éxito y por mucho que haya fastidiado a la señora Montero; la dirección del ente ha decidido mantenerlo en pantalla. El programa se titula “Amigas y conocidas”. Una tertulia dispar en cuanto a la calidad de sus componentes, sus conocimientos, su preparación y su forma de expresarse. La presentadora que, en el programa estival, un programa sobre temas amarillos y rosa, se desenvolvía bien, no parece que sea capaz de actuar de moderadora en este que ahora dirige. Son muchas las veces en las que los temas que se tratan la sobrepasan y se la ve perdida, debiendo optar por cambiar de tema cuando aprecia que se le va escapando de las manos.

No es fácil que una señora algo demodé, como es la señora Borrero, acostumbrada a andar entre cardenales y entrevistas al Papa, pueda entender demasiado de la sociedad actual y, en ocasiones, se la ve escandalizada ante determinados temas que, hoy en día, ya no llaman la atención a un niño de diez años. Una periodista que pretende destacar e imponer orden sin que lo consiga. Una abogada que, a veces, entra en discusiones bizantinas y emplea vocablos impropios del lugar en el que se encuentra, Una modelo que no sabe cuando debe callar y que, en muchas ocasiones, opina sin el menor criterio y finalmente, la estrella de la reunión, la famosa Loles León (María Dolores León Rodríguez) catalana, actriz y, pese a sus apellidos, catalanista y separatista hasta la médula (algo frecuente entre los catalanes de importación). Todas ellas feministas.

Pero, si en cuanto al programa se puede estar más o menos de acuerdo, en cuanto al control de lo que ocurre en el mismo si tenemos que elevar la más enérgica repulsa a los cámaras y al director. Veamos, la señora Loles León suele tener un comportamiento algo especial. No se ve en ella una mujer acostumbrada a mantener tertulias de un cierto nivel; sus maneras, en ocasiones, tienden a romper el tono general de conducta y respeto ajeno mantenido por el resto de tertulianas y su forma de reaccionar puede resultar brusca, desordenada, aplastante y, para definirlo finamente, teatralera. Alguien la calificará de graciosa o campechana, pero también los habrá que opinarán que es algo hortera y cutre. En todo caso, lo que si es, sin duda, catalanista acérrima y esta condición la ha llevado ya varias veces a plantarse ante la cámara, acaparar el protagonismo y ponerse a arengar a los catalanes para que sigan las consignas de quienes intentan crear un enfrentamiento entre unos catalanes y otros.

No se puede entender que, ante la insistencia de la señora León Rodríguez en hacer un mitin separatista dentro de un programa de una TV pública sin que le cueste una perra y fuera de los espacios permitidos (sólo en caso de comicios); los directivos del programa y la propia Dirección del ente no hayan tomado medidas para impedir la repetición de tales anomalías a cargo de la actriz; lo que pudiera hacernos suponer que existe una cierta complicidad o simpatía entre los cámaras, los directores de programas o quienes sean los responsables de que esto ocurra. A esta señora se le debe enseñar la puerta del estudio para que vaya a hacer propaganda separatista en medio de la calle, pero no en el estudio de TV1. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos como se permite la promoción e inducción al separatismo desde el propio ente público.
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