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Andalucía y la LOMCE

¿Es un boicot a la Ley “Wert” o un recorte más a la ya menguada economía de la ciudadanía andaluza?
José García Pérez
martes, 9 de septiembre de 2014, 07:05 h (CET)
Al final, sin tantos problemas como se preveían, la Ley Orgánica para el Mejoramiento de la Calidad Educativa (LOMCE), la famosa Ley Wert, ha entrado en vigor en los cursos 1º, 3º y 5º de Primaria y en FP básica.

En la Comunidad Andaluza los libros de texto son gratis para los alumnos durante la escolarización obligatoria en los centros sostenidos con fondos públicos; dicha gratuidad está garantizada en el artículo 21.5 del Estatuto de Autonomía. A tal fin, la Junta dispone de un registro de libros que financia al cien por cien y son los colegios los que deben elegir qué manuales quieren para sus alumnos de entre el listado que se ofrece; hasta ahí la cosa va que chuta y mete gol, pero este año no se han registrado ninguno de los libros que desarrollan las nuevas asignaturas de la LOMCE, de tal manera que no existirán libro de Ciencias Naturales ni Ciencias Sociales, así como tampoco de Valores Éticos, la asignatura alternativa a la Religión, y lógicamente ésta última tampoco.

El tema da para una tesis sobre visión de la enseñanza en este país, acatamiento de la ley y un estudio en profundidad de lo que podría tildarse de auténtico sectarismo, pero dejando a un lado la cuestión filosófica y pedagógica, donde habría mucha tela que cortar, ciñámonos hoy a la pura y dura economía.

¿Qué razonamiento político existe en la chorla del Consejero de Educación, Luciano Alonso, para permitir que las asignaturas de Naturales, Sociales y Valores Ético (dejo la Religión aparte porque ya se sabe que “en casa del herrero, cuchara o cuchillo de palo) no se puedan registrar, y por tanto los padres de los alumnos que estudian en Colegios Públicos tengan que pagar esos libros?

¿Es un boicot a la Ley “Wert” o un recorte más a la ya menguada economía de la ciudadanía andaluza?


¿Por qué el Partido popular hace mutis por el foro del Parlamento y no acusa al Gobierno de la Junta de Susana, oh Susana, de semejante discriminación?

¿Por qué los padres de los alumnos y sus respectivas Asociaciones no se lanzan al asfalto para denunciar el hecho?

Ahí les dejo esas preguntas que merecerían alguna respuesta contundente; confiemos en que se dé.
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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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