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Etiquetas:   Momentos de reflexión   -   Sección:   Opinión

¿Existe Dios?

La existencia de Dios es un tema que preocupa a muchos aún cuando quieran evadirlo diciendo que nadie ha regresado del más allá para poder explicar lo que hay
Octavi Pereña
martes, 9 de septiembre de 2014, 05:56 h (CET)
El pintor Antoni Pitxot hace una declaración que muchas personas la suscriben fruto del agnosticismo: “Quizás llegue un día en que la ciencia demuestre la existencia de Dios”.

Una afirmación para pensar en ella. “Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles del, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Romanos 1:19,20).

Referente a las cosas concernientes a Dios Jesús hace esta plegaria. “Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó” (Lucas 10:21). Según Jesús, si no nos volvemos como niños y nos deshacemos de nuestra arrogancia de adultos, las cosas de Dios permanecen siendo un misterio indescifrable. Según la declaración del apóstol Pablo pensar que la existencia de Dios depende de los descubrimientos científicos, no es razonable. Los niños sin conocimientos científicos pueden llegar a creer en Él con sólo observar el firmamento estrellado sin prejuicios. La humildad es el requisito imprescindible para adquirir sabiduría.

En cierta ocasión se le preguntó a Jesús porque utilizaba las parábolas en sus discursos. La respuesta que dio es aplicable al tema que trata este escrito: “Por eso les hablo en parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden. De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: De oído oiréis, y no entenderéis, y viendo veréis, pero no percibiréis. Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyen pesadamente, y han cerrado los ojos, para que no vean con sus ojos, y oigan con los oídos, y con el corazón entiendan, y se conviertan, y yo los sane” (Mateo 13:13-15). Se dice que el órgano que no se utiliza se atrofia y se hace inservible. Eso puede perfectamente aplicarse en el campo del espíritu: “Porque a cualquiera que tiene”, dice Jesús, “se le dará, y tendrá más, pero al que no tiene, aún lo que tiene se le quitará” (Mateo 13:12).

El hombre ha sido creado para que tenga relación íntima con el Creador. Esta intimidad con Dios empezó a perderse cuando, vía la mujer, vio que el árbol que le estaba prohibido comer “era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y el árbol codiciable para alcanzar la sabiduría” (Génesis 3:6). El deseo les llevó a hacer caso a la insidiosa oferta de Satanás. Adán y Eva comieron del fruto prohibido y la intimidad con Dios se perdió. Dejaron de vivir por fe y los ojos y los oídos se atrofiaron, impidiéndoles ver la maravilla de la creación y escuchar los sonidos siderales que anuncian la grandeza del Creador.

La fe en el Creador que se perdió en el paraíso por la desobediencia de Adán se recupera por la fe en Jesús. Se normaliza la amistad con Dios. El hombre se había extraviado. Jesús el Buen Pastor lo devuelve al redil en donde está protegido de los ataques de Satanás que cual león rugiente intenta destrozarlo. La oveja perdida y encontrada recobrada la vista y el oído puede hacer declaraciones de este tipo: “Pienso que la fe comienza con la comprensión que una inteligencia suprema hizo el universo y creó al hombre. Para mí no es difícil tener esta fe, no se puede dudar que allí en donde existe un plan hay una inteligencia, un universo desplegado y ordenado da testimonio de la veracidad de la más majestuosa declaración que nunca se haya hecho: En el principio Dios…” (Arthur Helly Compton, premio Nobel de física, 1927).
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Casas Viejas 09/sep/14    11:47 h.
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