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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Honor envilecido

¡Queda muy claro el significado del honor aplicado a una persona concreta!
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 5 de septiembre de 2014, 07:08 h (CET)
Con frecuencia no hacemos ni caso de las palabras; es como pasar de largo ante una parte esencial de nosotros mismos. Una necia costumbre de no tomarnos en serio. Alguno recordará escritos antiguos, con la mención del HONOR entre sus textos. El deber encaminado a la labor bien hecha, a la consideración de los demás, a la contribución fehaciente en busca de la felicidad de todos; con la mente bien amueblada de cara a los comportamientos. ¡Queda muy claro el significado del honor aplicado a una persona concreta! Lo practica o es una de sus carencias.

Uno. ¿Dónde quedó la idea? De la palabra vamos a la idea en forma de un concepto determinado. Del concepto derivamos hacia la práctica, con todas las repercusiones consiguientes. La DENOMINACIÓN de las cosas, sobre todo de las actitudes humanas, no es una cuestión baladí; es una de las principales maneras de entendernos. Aunque no esté de moda hablar de ello, del con honor al sin honor, la sustancia de cada individuo, permanece o desaparece desintegrada entre la vorágine de los acontecimientos diarios. No vale en esto la compra de títulos honoríficos; dichos papeles no van incluidos en el auténtico concepto. Si vale la decisión propia es para poner en la práctica lo mejor de la idea.

Dos. ¡Ay, amigos! Todos sabemos de las apariencias como uno de los factores de la vida; aparentamos a diario en las más variadas situaciones. De suyo, nos cuesta la obtención de los conocimientos, aleteamos en la superficie de cuanto ocurre en los alrededores. Por tal motivo, los OCULTAMIENTOS interesados sólo añaden nuevas dificultades en las experiencias cotidianas. En el lamento de hoy tropezamos en demasía con penosas sombras provocadas por gentes desaprensivas. La detección del honor también resulta embarullada por las simulaciones descaradas. Muy pocas cosas se consiguen sin esfuerzo. Quizá nos interesen las acciones honorables, en ese supuesto hemos de cultivarlas bien diferenciadas de la cizaña.

Tres. Es evidente, precisamos de la ayuda de otras ideas transportadas por las palabras para la precisión de cuanto saquemos a colación en el terreno de los honores. El qué sea aquello de la responsabilidad, la voluntad, la verdad o la mentira, los instintos o la razón, los mejores enfoques para la vida; junto con otros, constituyen los recursos disponibles. Cuando desdibujamos las cualidades como las mencionadas, contribuimos a la DEGRADACIÓN de cuanto nos consolida como seres respetables, entramos en una degeneración bien palpable en los ámbitos de la supuesta modernidad encomiable. Pretendemos la obtención de buen caldo, echando todas las porquerías en el caldero; sin la excusa de la ignorancia.

Cuatro. Una vez rota la botella, vaya usted a recoger el líquido vertido entre los cristales, desparramado por el suelo. Otro tanto ocurre con la dilapidación o menosprecio de las mejores cualidades disponibles. Una vez degradados, la recomposición resulta problemática. La REGENERACIÓN nunca será del todo satisfactoria, por que pesarán los desplantes anteriores con la duda consiguiente. Son dificultades que debieran centrarnos en el esmero con los cuidados previos. Sin embargo, las dificultades constituyen un reto saludable en busca del retorno hacia la excelencia y la felicidad. Mal vamos si únicamente tenemos en cuenta las pérdidas y encima las consideramos como definitivas.

Cinco. Cuando el honor es utilizado como diafraz, sin un contenido apropiado que lo justifique; conviene ponerlo de manifiesto cuanto antes, desfacer el entuerto, salvo que respaldemos la confusión permanente. Llegados a esta desvergüenza, no tendrá sentido la calificación de honorable; habremos entrado de lleno en las conductas expresivas de lo ABOMINABLE, con todo el cortejo de cualidades olvidadas, alarde de actitudes intempestivas, delitos y asquerosos comportamientos. El silencio ante las evidencias improcedentes, primero forma parte de las peores complicidades, para un ejercicio posterior tan asqueroso como el de los protagonistas principales. Aquí no es oportuna la callada por respuesta; suele esconder miserias ocultas.

Seis. El victimismo es muy utilizado, con mucha derivación de las responsabilidades hacia las esferas ajenas; en una hipocresía de tintes neuróticos, tan expuesta a la visión de todo el mundo, que no debiéramos confundirla con la experiencia real. Pero los aires nos presentan rachas de estas apreciaciones vestidas con ropajes de lo más distinguidos. ¿Siempre vienen de fuera las repercusiones desfavorables? Mientras dure la confusión, alguien, a veces notorias mayorías; utilizan dicha ENAJENACIÓN. Pertrechados en ella, circulan por entramados fantasiosos con un notable poder persuasivo; el número de seguidores confirma este sentido; sin que por ello deje de estar presente el componente neurótico.

Siete. ¡Cuán lejos quedaron la excelencia, la poesía, la belleza y la bonhomía, a la vista de semejantes dislates! ¿A esto hemos llegado? ¿Con permiso de quién? Sin hacer tampoco demasiadas preguntas a ver si formamos parte del elenco de gentes complacidas con el desgaste de los conceptos. La comodidad de la inercia genera incomodidades injustificadas. Emborronamos los proyectos, los convertimos en MEDIOCRIDADES, no pocas veces transformadas en perversidades; sobre todo por aquel poder tan incisivo de las intenciones aviesas. Los descuidos de unos abren las puertas a las conductas mal encaradas. ¿Hemos parado mientes en las consecuencias de los conformismos inadecuados?

Ocho. ¿Qué honor ni que pamplinas si los numerosos ejemplos demuestran que no estamos interesados en su consideración? Las estructuras sociales demuestran a las claras por donde están situadas las PREFERENCIAS. A estas alturas son improcedentes las excusas basadas en un dictador, en la ignorancia o en las exigencias del guión. Llegó la hora de ser consecuentes. ¿Merecemos el envilecimiento social progresivo? ¿Acaso estoy aludiendo a una falacia extemporánea? Salvo que vayamos a los argumentos de la inutilidad permanente de las aportaciones de cada ciudadano, sumidos en el torbellino dirigido por unos cuantos, que disfrutan con la pasividad mayoritaria.

Nueve. El viaje por los islamismos aterradores, la gélida panorámica rusa, las míseras conflictividades tribales o la poca sustancia democrática en colaboración con múltiples tramas pérfidas; nos deja un tanto descentrados. Los puntos de apoyo no aparecen por ningún lado. ¿Los hemos menospreciado antes? Es curiosa y necia la perseverancia en las situaciones EXTREMADAS, de localismos impensables en el marco de la red existencial. La importante conexión de todas las esferas es incompatible con los sectores pretenciosos, con aires de dominio, ajenos a las circunstancias comunes.

Enfrentados al abismo y a las cimas, los grandes alcances son prohibitivos para quienes no pasamos de personas sencillas. Ahora bien, colmamos los despropósitos en unos afanes diarios en los que no prestamos atención a lo que somos, en donde estamos y adonde vamos. ¿Reaccionaremos?
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