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Etiquetas:   Cultura   Filosofía   -   Sección:   Opinión

Locke y la conducta del entendimiento

En el pensamiento político lockeano la promoción del bien social es algo que debe ser buscado por los gobiernos
José Manuel López García
lunes, 1 de septiembre de 2014, 07:32 h (CET)
El filósofo inglés John Locke es uno de los genios más creativos del pensamiento moderno. Además del Ensayo sobre el entendimiento humano de 1690 también elabora, desarrolla y analiza más aspectos acerca de su gnoseología empirista en su obra La conducta del entendimiento. Su funcionamiento es para Locke algo que debe ser ordenado y sujeto a reglas, ya que el juicio interviene de un modo activo en el conocer aplicado a las sensaciones aprehendidas experiencialmente. Ciertamente, desde el empirismo creado por este pensador la consciencia aplicada a los datos de los sentidos es absolutamente necesaria para el entendimiento. Si bien esto no supone que Locke afirme ninguna clase de apriorismo de la mente que estaría en la línea del racionalismo o del idealismo.Todo lo contrario, la propia experiencia es la que conforma las interpretaciones de lo observado.

Lo percibido es preinterpretado, porque lo experienciado proporciona elementos de juicio a la conciencia y, sobre todo, debido a que sí existe un comienzo absoluto en los contenidos de experiencia percibida, lo que significa que la experiencia pura es el inicio del proceso cognoscitivo.El empirismo lockeano afirma la justificación fáctica de los avances del corpuscularismo de Boyle y de los logros físicos y matemáticos de su amigo Newton. Escribe Locke al respecto: «el incomparable Newton ha demostrado cuán lejos pueden llevarnos las matemáticas en el conocimiento de determinadas partes del inacabable universo, si se les aplican principios fundados en hechos». Desde el planteamiento epistemológico de este filósofo británico es evidente que los sistemas científicos de la filosofía natural de su tiempo debían ser coherentes con los hechos y no viceversa que era la tendencia observable en bastantes casos.

En lo relativo a la teoría ética de Locke está vinculada de modo profundo con el empirismo, ya que con la tajante negación del innatismo y del apriorismo en el ámbito moral refuerza el valor de la experiencia en el campo de la conducta. De todos modos, Locke reconocía lo decisivo de unas reglas morales racionales y sensatas que están conexionadas con la experiencia interpretada de un modo coherente. Que proponga un ideal ético racionalista no debe ser sorprendente, porque el acuerdo entre ideas es tan posible con los arquetipos éticos como con los matemáticos.

El bien y el mal para este gran pensador son, respectivamente, la expresión del placer y el dolor. Aunque la verdad es que el bien es para Locke la concordancia o acuerdo de las acciones voluntarias con una ley apoyada en sanciones El pensamiento teológico de su tiempo, y la influencia de la religión está presente en sus elaboraciones éticas, porque como también afirma Copleston: «Sin duda de ningún género, Locke pensaba que reflexionando sobre la naturaleza de Dios y del hombre y sobre la relación entre los mismos obtendríamos principios morales evidentes por sí mismos de los que podrían deducirse otras reglas morales concretas». Su liberalismo político se sustenta en la libertad, igualdad e independencia de todos por naturaleza.

En el pensamiento político lockeano la promoción del bien social es algo que debe ser buscado por los gobiernos, ya que es su responsabilidad. La moderación, rigor y el raciocinio ilustrado de Locke unidos a su actitud de investigación permanente de la realidad son algo que en pleno siglo XXI es más necesario que nunca, ante los formidables retos que tiene ante sí la conducta humana.
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