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Opinión
Etiquetas:   Tiempos modernos  

La apolítica del siglo XXI

Mar Berenguer

martes, 21 de noviembre de 2006, 23:59 h (CET)
La mayoría de nosotros, pensábamos que la política, era algo tortuoso y exclusivo de señorones mayores, trasnochados e inaccesibles, enfundados en traje caro, a quienes tras las lunas tintadas de su coche oficial, lo que menos importa es, en realidad, el bien común y el interés general. Sus legislaturas -si es que consiguen terminarlas- responden al siguiente esquema:

Fase 1: Arenga abstracta e indiferencia absoluta hacia los problemas de la sociedad que están gobernando. Mangoneos indiscriminados, despilfarros a diestro y siniestro, cisma interno, conflictos competenciales y favores a amigos.

Fase 2 (Tiene lugar los seis meses previos a las elecciones): Descalificar al contrincante en una guerra sin límite, principalmente. También sonreír y salir en su televisión pública. Alquilar hoteles carísimos para dar cenorras a los VIPs y a sus propios patrocinadores mientras reparten caramelos, bolígrafos y pulseritas de goma entre la plebe arrabalera.

Los triunfos de la política de última generación, cuyos exponentes más conocidos son actualmente Ségolène Royal y Ciutadans de Catalunya, se propagan con fuerza y contagian de entusiasmo a los nuevos demócratas europeos. Resulta, que en medio de esta tradicional maquinaria de apariencia y corrupción, de repente nos encontramos con personas reales que por encima de fachadas e ideologías, están dispuestos a luchar por los derechos y las libertades de sus semejantes y también a afrontar los problemas que otros han postergado indefinidamente para tomar las riendas de una sociedad casi desahuciada que quiere renacer con el nuevo siglo.

Ciutadans de Catalunya, con tan sólo cuatro meses de vida, consiguió noventa mil votos en unas elecciones autonómicas en las que casi todos perdieron, marcando el hito de ser el primer partido catalán no nacionalista (y no “antinacionalista”) en la historia de la democracia en Cataluña. No les han frenado ni las amenazas recibidas desde determinados sectores radicales, ni la falta de cobertura por parte de los medios de comunicación públicos de su propia comunidad ni la escasez de financiación con la que contaron para llevar a cabo su campaña, renunciando a la ayuda tendenciosa de aquellos que siempre se quieren subir al carro atraídos irresistiblemente por la erótica del poder. Pero tienen una idea tan sencilla e innovadora, como que las personas sean la prioridad. Y por eso cuentan con una excelente acogida; los ciudadanos queremos que quienes nos gobiernen, nos escuchen y se empiecen a interesar simplemente por lo que importa. La socialista Ségolène Royal, desde el centro izquierda, adopta sin complejos algún que otro postulado tradicionalmente atribuido a la derecha, porque esta abogada de la “Generación Voltaire”, tal y como fue llamada su promoción universitaria, sólo quiere atender a razones. Sus adversarios durante la campaña e incluso compañeros de partido, cayeron en combate por méritos propios, verbi gratia; la estrategia anteriormente expuesta de la jocosa referencia personal al oponente, al igual que en Cataluña se hicieron “ingeniosos” juegos de palabras con el apellido de Montilla, aunque en este caso, haciendo uso de la condición femenina de la Royal. Pero que las buenas ideas no necesiten artificio alguno y que los estrógenos todavía puedan detectar el machismo a años luz, situaron a aquellos candidatos en Las Antípodas de la victoria.

Los nuevos políticos, ni siquiera se consideran a sí mismos como tales. Son profesionales -y sobre todo personas- que quieren y pueden llevar a buen puerto una sociedad a la deriva y recuperar la ilusión del votante desengañado al que España no da una alegría desde 1975 o en el caso de Francia, desde Mayo del 68. Los Ciutadans, consiguieron tres escaños en unas elecciones en las que ellos mismos, la abstención y el voto en blanco, fueron los protagonistas. Al Norte de los Pirineos, casi un ochenta por ciento del censo electoral ejerció su derecho al sufragio y ella, arrasó. Queda claro que son estos recién nacidos apolíticos los que en breve moverán el Viejo Mundo. El cambio está en marcha y los nuevos ilustrados, ganan terreno merecidamente en las mentalidades y en el hemiciclo recuperando esos ideales, tan modernos y transgresores, nacidos hace más de doscientos años en el país de Ségolène.

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