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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Surrealistas pasmados

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 20 de noviembre de 2006, 01:58 h (CET)
Llevados por los horrores y penurias más novedosos, ansiamos el encuentro con la lámpara mágica capaz de orientarnos entre los múltiples atolladeros donde nos enfangamos a diario. Hay meteduras de pata, mentiras y autoengaños con frecuencia inusitada, culminamos con proyectos perversos bajo las bendiciones de la tribu que nos corresponda. Renegamos de una realidad a la que contribuimos, activa o pasivamente, pero estando implicados, lo queramos o no.

Si es esta toda la batería de existencias, aviados estamos, por que el horizonte enseña notables aspectos tenebrosos. No debe extrañarnos que alguien intente alcanzar otras profundidades más halagüeñas. Aunque para lograrlo se requiera explorar sensaciones y sentimientos SURREALISTAS -más allá de la realidad rampante, o por debajo, en sus niveles subconscientes-. Es algo así como el despertar del sol en la aurora, intento diario en busca de la existencia maravillosa.

En ese fondo misterioso persequiremos asideros firmes, apoyos para una supervivencia digna. Intuimos perfidias y esplendores que no logramos ratificar plenamente; nos tocará la simple búsqueda de lo mejor, desechando todo lo malévolo. Mas esto no es nada fácil y ante las peripecias diarias observaremos como nos quedamos estupefactos. Da la impresión de que errores y aturdimientos nos superan.

Se jugaba con el concepto de pérdida de autoridad de los profesores, sin considerar los niveles de interinidad tan elevados, ni los exagerados criterios políticos aplicados para sus contrataciones; dejando los niveles en olvidos y miserias. Consecuencia: Deterioro progresivo de su autoridad profesional. Una vez disminuido ese potencial, a esos factores sumaremos otros despropósitos sociales, como la descortesía imperante, imposición de ideas por la fuerza, democracia falseada para definir conceptos intelectuales, con esa errónea orientación de atribuirnos exclusivamente los derechos, sin tener en cuenta ninguno de los deberes.

Como colofón, estamos sufriendo unos índices de agresividad hacia los profesores fuera de toda previsión. Desprecios en el aula, denuncias al menor conato de correcciones, hasta el asalto físico más descarado y cruel. Abochornados, aún contemplamos la absurda anuencia de los padres, como una auténtica piña en apoyo de sus hijos violentos. Y ... a la caza del profesor encausado por la plebe díscola.

¡No basta con aducir cuatro razones psicológicas! Que si mucho videojuego, el trabajo de los padres, caída y desvirtuación de los valores occidentales, permisividad, etc. La simple razón nos resulta insuficiente para una explicación lúcida y contundente de los hechos. ¡Hemos alcanzado un absurdo intratable que se nos va de las manos!

Lo de los profesores es sólo una muestra, un detalle ilustrativo sin justificación. Estamos también ante unos tratamientos entre compañeros de clase que pasan desde el desprecio a la presión y a las forzadas situaciones agresivas detectadas un día sí y al otro también. Convendremos sin embargo en la proliferación de estos estilos denigrantes entre los miembros de una misma familia. ¿Qué tipo de familia era esa? No estamos ante un acto aislado. Hay toda una sima profunda de fondo equivocado. No sacamos del tarro las mejores esencias y en cambio liberamos espíritus tenebrosos; diremos que nos poseen desde fuera pero me temo que los llevamos dentro. ¿Cómo delimitar y reconvertir esta denigrante cascada de maldades?

Los sectores afectados son diversos. En lo referente a materias ecológicas, la conservación o buen uso de las más preciadas cualidades de la Naturaleza, brilla por su ausencia, muy lejos de una actitud prioritaria. En una referencia somera relucen provocaciones y abandonos de toda laya. Esas zonas verdes y montañosas plagadas de edificaciones, auténticas cementeras al servicio de directrices monetarias de alto nivel, con una permisividad cómplice a todo trapo. Además, o todos jugamos al golf o estamos vivimos en algún tipo de esquizofrenia deportiva, ¿Campos sin jugadores? ¿No habrá algo más sensato por debajo de este muestrario? Anhelamos algún otro sentido, de mejores cualidades y pretensiones.

¡Reaparecen las manchas del Prestige en mares de Finisterre! Con varias luces de la alarma social en brillo. ¿Qué pasó con el sellado de los restos de fuel en el buque hundido? Asoman fantasmas de perfil viejo y otros novedosos con respecto al tratamiento de esos restos.

Me ha llamado poderosamente la atención la resonancia nueva -renovada más bien-, de Nunca Mais. Después de los silencios durante y trás los incendios en Galicia de este verano, vuelven con energía al saberse los nuevos datos del Prestige. Me parece bien, pero no aprecio un tratamiento consecuente de ambos procesos. ¿Qué se reclamó sobre los incendios? ¿Qué luces se aportaron? ¿Dónde quedaron las pesquisas? Un tupido velo está tendido sobre todo eso. En definitiva, voces y clamores que propician otro clamor; el deseo de posturas más comprometidas con el medio natural y con el compromiso social, con menos sectarismo. De lo contrario se desprestigian sólos.

A través de los comentarios anteriores comprobamos muchos de los estilos ridículos que nos corroen; no puede convencernos un comportamiento tan frívolo en el más benigno de los supuestos; tan poco racional en la gestación de los sucesos; y tan cruel en los extremos mencionados. Precisamos GESTOS ROMPEDORES -surrealistas por ej.-, para despertarnos de estas deficiencias y nubarrones. Una televisión que derrame lágrimas, una teta en forma de envase de cartón, o un trozo de profesor agarrado a una pantalla; como imágenes medio oníricas y con sello daliniano.

Mas estos fenómenos de búsqueda y protesta debieran ser imprescindibles para mantenernos siempre cautos y vigilantes; pero no son suficientes. Y esto por una exigencia y un vicio peligrosos.

Primero el vicio peligroso. Despues de protestas y denuncias, atrincherarnos en un sector ideológico con actitud mental totalitaria y cerrada. ¡Yo soy la solución! O mi clan.

La exigencia reclama razón y juicio crítico para una correcta respuesta social. ¿Pura utopía?

Pero me duelen unos comportamientos sin ese vicio, tampoco con esa exigencia; simplemente permanecen PASMADOS ante los acontecimientos.

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