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Etiquetas:   La parte por el todo   -   Sección:   Opinión

Ninguno superior

Óscar Arce Ruiz
Óscar Arce
domingo, 19 de noviembre de 2006, 05:44 h (CET)
El jueves se manifestó en Barcelona un grupo de entre tres mil y ocho mil estudiantes -según la fuente que se consulte- en protesta por la adaptación del sistema español de universidades al Plan de Bolonia.

El Plan de Bolonia es un documento que pretende la unificación de criterios dentro de la configuración de los planes de estudio en las universidades europeas. Ello provocará la completa equiparación de los graduados de la misma carrera independientemente del país donde ésta se haya realizado.

Uno de los puntos del plan, consiste en acercar la universidad a la economía, propiciando el nacimiento de estudios aplicados a la empresa. Ello supone un incremento de la dedicación a asignaturas prácticas dentro de empresas de diversa índole, que se benefician de la vertiente de investigación y desarrollo (I+D) de la universidad.

El desarrollo en cuestión, el desarrollo que se potencia, es el que lleva en un período de tiempo más o menos largo a un desarrollo económico vinculado casi únicamente a la actividad industrial y empresarial.

Por eso no es extraño que los estudios más beneficiados por la implantación del plan de unificación europeo sean los dedicados al diseño y a la producción de bienes (enseñanzas técnicas), y a la gestión, dirección y solución de problemas de capital (enseñanzas dedicadas a la economía, al derecho y a la sociología económica).

En esta distribución del futuro que pasa exclusivamente por la pervivencia de las líneas de producción actuales y la innovación en la creación de sistemas futuros de producción, el desarrollo del sentido crítico ha sido dejado de lado. Como si no fuese importante para el avance de una sociedad el avance de la mirada examinadora del actor social, el Plan de Bolonia desprestigia las carreras del área de humanidades por no ser necesarias.

Evidentemente, nada material podemos extraer de un estudio filológico o de religión comparada. Es posible que no saquemos nada en claro, que las preguntas solamente sean la puerta hacia otras preguntas, y éstas conduzcan irremediablemente a otras. Podemos incluso llegar a creer que nada tiene sentido (‘tutto è nulla’, decía Leopardi), y odiar profundamente lo que somos y el proceso que nos ha llevado a tal punto.

Y no por ello su cometido es menos importante. El espíritu crítico nos hace libres, pues nos permite contrastar y buscar el contraste, perseguir la contradicción. Para evitar que nos den gato por liebre es esto lo que debe guiar nuestra actividad por encima de todo.

‘Todos los otros saberes son más importantes, ninguno es superior.’

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