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Etiquetas:   Al correr de la pluma   -   Sección:   Opinión

Wolton, los medios y los periodistas

Francisco José Ramirez

domingo, 19 de noviembre de 2006, 05:44 h (CET)
Dominique Wolton a donde sea que vaya explica la triada fundamental de la comunicación política formada, según él, por los políticos, los perodistas y la opinión pública (los únicos actores legitimados para hablar en los medios).

Wolton sitúa a los periodistas en el medio de los dos integrantes fundamentales de la vida democrática. Durante el semenario internacional "Desafíos del periodismo real: los diarios en la encricijada del siglo XXI", que organizó el diario argentino "Clarín" con motivo de sus 60 años de existencia, el periodista Miguel Wiñaski fue el encargado de presentar la ponencia de Dominique Wolton. "¿Dónde se sitúan los periodistas entre ambas dimensiones que configuran el espectro mediático? Precisamente, en el medio, en ese difícil equilibrio. Lejanos, pero en contacto con los políticos; distantes, pero en contacto con la opinión pública…", así definía Wiñaski la posición de los periodistas a fin de mantener esa condición de equilibristas.

En consecuencia, resulta menester preguntarse si los medios cumplen fielmente esa condición o si son permeables a determinados factores que contribuyen a inclinarse para un lado o el otro.

Si por un momento dejamos la posición analítica que nos confiere el ser estudiantes de periodismo y nos situamos como simples consumidores de medios podemos observar cómo algunos periodistas van cambiando de opinión respecto a tal o cual tema de actualidad según los "adornos" o presiones que se ejercen desde el gobierno de turno.

¿Qué significa esto? Significa que los medios, muchas veces, gustan de sentir el vértigo del desequilibrio y escuchan el sonido de la campana política en perjuicio de la opinión publica, porque reciben la información distorcionada por la mano negra (al estilo de Adam Smith) de "los poderosos de la política".

En su habitual columna editorial, Jorge Fontevecchia (director del diario Perfil) contó su experiencia con el periodista Jack Anderson quien es considerado el padre del periodismo de investigación y autor de la columna "Calesita de Washington" publicada por más de mil diarios estadounidenses y leída por 50 millones de personas. Así recordaba Fontevecchia su encuentro y el consejo que le brindó: "Recuerdo que me recomendó que limitara al máximo posible el contacto directo con funcionarios, porque por mas esfuerzos que se hagan para mantener la distancia, nadie es insensible a la simpatia de un demagogo adulador" . Una importante lección de periodismo que muchos parecen haber pasado por alto.

El resonado caso de la instalación de las papeleras de Gualeguaychú da claras muestras del poder que tiene la opinión publica de instalar un tema en la agenda de los medios y consecuentemente en la agenda de la política nacional.

Así desfilaron por los distintos medios de comunicación decenas de políticos hablando a favor de la preservación de la ecología. Hasta el Presidente de la Nación comenzó una campaña en contra de las pasteras que logró su climax en la "cumbre" de gobernadores realizada en Entre Ríos hace algunas semanas.

Cabría preguntarse en esta instancia si los periodistas inclinaron su posición para el lado de la opinión pública o para el lado de los políticos.

Por qué no pensar que la instalación del tema de las papeleras en la agenda política y de los medios responde a una hábil jugada del Gobierno para correr de escena la suba del precio de la carne y la creciente inflación, temas que aparecian en primera plana antes que las pasteras de Gualeguychú.

Umberto Eco desde su "videopolítica" asevera que los políticos ponen todos sus esfuerzos en la televisión dada su masividad y la capacidad de penetración en los hogares. Según Ignacio Ramonet en su libro "La tiranía de la comunicación" comenta una encuesta realizada por la revista francesa Télérama donde la pregunta era "si ante un mismo acontecimiento la prensa escrita, la radio y la televisión, dicen cosas diferentes ¿a cuál de estos media cree usted más?". La respuesta más común era la televisión.

En los últimos años, los debates políticos quedaron relegados a la televisión por cable. Hoy existe un único canal que genera ese espacio donde los cuidadanos pueden conocer las plataformas políticas. Muy lejos se está de alcanzar el nivel de los debates estadounidenses que se realizan previos a una elección presidencial, que se emiten a través de cientos de canales abiertos y además se organizan en distintos puntos del país del norte, dando la posibilidad de que toda la población pueda acercarse y participar de los mismos.

Los políticos ¿utilizan bien el poder de la televisión? La respuesta abigua.

Si. Durante muchos años vimos como Menem o De la Rúa participaban del programa humorístico "VideoMatch". En el primer caso, logró su reelección en 1994, en el segundo logró catapultar la imagen de inoperante que hasta ese momento eran no más que dichos.

No. A sabiendas del poder de la televisión, ningún político y ningún gobierno fueron capaces (consiente o inconsientemente) de crear una comisión para los debates presidenciales, al estilo norteamericano, para lograr que un canal de aire transmita esos eventos que tanta trasendencia tienen para el desarrollo político-institucional de un país.

El equilibrismo podría encuadrarse dentro de un arte, el arte cirsence. Los periodistas deberían ser los equilibristas de tiempo completo y no salirse de la escena según las indicaciones política del momento.

Gualeguaychú es un claro exponente, el relegar los debates políticos al cable pareciera ser muestra de una política de "desinteresar al pueblo" de los asuntos públicos, de un oscurantismo estilo medieval sobre lo que hará la persona que maneje los destinos del país por cuatro años o más.

En palabras de Dominique Wolton, "…la información tiene una categoría evidentemente frágil, puesto que se trata de un valor, por cierto fundamenta, pero deformable…" Vale recordar a algún político y periodista despistado que la información podrá ser deformable, pero los periodistas no.

Quizás llegue el día en que la opinión pública tome real conciencia del manejo discrecional de la información y dejara de ver al mundo, escribió Saramago, "como si estuviese gobernado por necios y como si de repente la comunicación hubiese devenido en un asunto de ángeles".

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