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Primeros votos
Nieves Fernández
El niño llegó tan contento del colegio, incluso sus padres dirían que satisfecho. Acababa de realizar la primera votación importante de su vida, había elegido a dos de sus compañeros de clase para ser candidatos, en posterior votación, junto a todos los alumnos elegidos de sexto para pertenecer al Consejo Escolar de su centro educativo.
Como muchos niños y niñas, sus padres recordaron que lo más cercano o parecido a esa votación eran esos pies decisorios del juego o el deporte en el que generalmente los líderes o dueños del balón son los protagonistas del sorteo. ¿Recuerdan? Talón con puntera, puntera con talón, así caminan y caminábamos unidos guardando el equilibrio como malabaristas, a veces con el balón en mano, avanzando pasito a pasito hasta juntarnos con el adversario, de forma que el piececito de quien entra en el hueco que falta es el privilegiado que comienza a elegir a los más fuertes, a los más capaces, a los jugadores más buenos, como ellos dicen, al mejor portero, al mejor amigo, al compañero preferido de los candidatos presentados en el patio de colegio, al que le cae bien para de esta forma comenzar a forjar su selección, imitando también en el deporte a cualquier seleccionador nacional, y aprendiendo a seleccionar a los mejores hacedores en los distintos ámbitos de la vida, porque todo en los chicos es imitación, es darles un modelo de conducta que ellos ya se encargarán de imitar.
Igual que el adulto elige a sus representantes para que gestionen las instituciones, los niños eligen a los representantes de entre el alumnado de su cole, es éste su primer voto oficial y efectivo, su primer voto democrático, su primera experiencia electoral seria para sus once años, muy distinta del pinto, pinto, gorgorito, o del papel doblado en picos coloreado en el que desde infancias lejanas los críos meten los dedos pulgar e índice y sortean riendo divertidos adjetivos, o de aquella vieja canción del Jardín de la Alegría adonde hipotéticamente nos mandaban nuestras madres y allí íbamos a buscar un novio pero que en realidad lo que hacíamos era tomar de la mano y elegir a nuestra compañera o amiga favorita.
Pero hoy todo ha cambiado, hasta los juegos, para los pequeños de hoy las elecciones a Consejos Escolares ya no son juegos, son cosa seria, porque ahí están representados todos los miembros de la comunidad educativa. Alumnos y alumnas, madres y padres, también personal no docente, y por supuesto profesoras y profesores. Un Consejo de ese tipo impone, hace sólo unos días interrumpí más que asistí a una de sus reuniones y pude constatar la solemnidad y soberanía de este órgano representativo.
Lástima que haya tan bajos índices de participación sobre todo entre los padres y madres, total una votación bienal no cuesta tanto, recuerdo hace dos años cuando acudí a votar con otra madre su curioso comentario: “Votas y hasta te sientes bien contigo misma”.
Es un derecho por el que cada uno elige a sus iguales, el alumno al alumno, el padre a otro padre y el profesor a otro profesor. Todos votan para estar representados y para mejorar la enseñanza y solucionar juntos los problemas asociados a la educación, que, a juzgar por los medios de comunicación, no son pocos. Votemos y enseñemos a votar libremente.
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