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Bush perdió el Congreso, pero no a Rusia

Vladímir Símonov
Redacción
sábado, 18 de noviembre de 2006, 01:10 h (CET)
El pasado miércoles, George Bush y Vladímir Putin se reunieron en el aeropuerto de Moscú, donde la aeronave del presidente de EE UU hizo una breve escala técnica para reabastecerse de combustible en ruta a seguir a Singapur, el primer país de su gira asiática de siete días. Putin expresó el deseo de aprovecharla para celebrar una entrevista a solas con su colega norteamericano que duró hora y media.

Pero no fue sólo un gesto de hospitalidad. Al fin y al cabo, este fin de semana los presidentes tendrán la excelente oportunidad de mantener contactos personales en Hanoi, sede del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico. Pues ¿a qué fines sirvió ese encuentro preliminar?

Podemos suponer con suficiente grado de seguridad que dos problemas entrelazados, por más que alguien quiera evitarlo: la conclusión de las negociaciones norteamericano-rusas sobre el ingreso de Rusia en la OMC y el alarma que arraiga en el seno de la comunidad internacional respecto al programa nuclear de Irán, representan un imán que en igual medida atrae a los dos líderes.

El Ministerio de Desarrollo Económico y Comercio acaba de publicar una noticia halagüeña para el Kremlin: las negociaciones que Rusia sostenía durante 13 años para abrirse paso a la OMC, se vieron coronadas con éxito. A juzgar por todo, el protocolo bilateral al respecto será suscrito en el Foro de Hanoi. Según todas las conjeturas, este factor podrá impulsar en gran medida el desarrollo económico de Rusia.

En más de una ocasión, el presidente Bush dio a entender que consideraba el asenso al ingreso de Rusia en la OMC, si no como regalo, al menos como ramo de oliva sui generis. Se tiene en cuenta la aproximación de las posiciones con Moscú respecto a la rígida resolución europea sobre el programa nuclear de Irán que los últimos días quedó en suspenso en el CS de la ONU. En el encuentro celebrado el miércoles en la terminal aérea de Moscú, Bush confirmó su intención de firmar el protocolo bilateral sobre la OMC en Hanoi.

Por su parte, Vladímir preparó su respuesta al amigo George. A finales de la semana pasada Putin se entrevistó con el principal negociador nuclear iraní, Ali Larijani, y, al parecer, la cita surtió efecto, como se desprende de las manifestaciones del jefe del departamento diplomático ruso, Sergei Lavrov, quien al comentar los resultados del diálogo con su interlocutor iraní, expresó la esperanza de que las negociaciones nucleares a seis bandas con Irán “pronto serán reanudadas”.

Induce en la tentación la idea de interpretar la citada declaración en el sentido de que Moscú logró, al parecer, ciertas concesiones de Larijani. En particular, Irán, que antes declinó la oferta de enriquecer uranio en el territorio ruso, podrá cambiar de opinión.

A pesar de que la cita tuvo lugar en la sala VIP del aeropuerto moscovita, transcurrió sobre el telón de fondo del Capitolio, donde después de la rotunda derrota sufrida por los republicanos en las elecciones legislativas entronizaron los demócratas.

La Administración es blanco de crecientes presiones en el sentido de reanimar, reconsiderar y hacer más eficiente su diplomacia. El presidente ya no podrá, como antes, decir en respuesta: “No sostenemos negociaciones con el eje del mal”. Habrá de tratar de entrar en contacto con tales perturbadores de la tranquilidad como Irán y Corea del Norte.

Tal vez, en esta situación Putin pueda servir de as de triunfo para Bush. Las entrevistas bilaterales en Moscú y las que tendrán lugar ahora en Hanoi, marcadas con los resultados tan impresionantes como la firma del protocolo sobre el ingreso de Rusia en la OMC y el progreso en el frente iraní, tendrían singular importancia para el mandatario norteamericano.

Y, además, es prematuro aún catalogarlo entre los “patos cojos” En efecto, George Bush jr. perdió el Congreso, pero no ha perdido a su valioso partenaire en persona de Putin y de Rusia.

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Vladímir Símonov, para RIA Novosti.


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