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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Política   Pablo Iglesias  

La metamorfosis kafkiana de P.Iglesias y otras rarezas políticas

“Gallardón es un marxista, pero en el sentido de Groucho Marx: ‘Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros’” Pablo Iglesias.
Miguel Massanet
jueves, 20 de febrero de 2020, 09:45 h (CET)

Lo primero que debe exigírsele a un político es que sea consecuente con sus ideas, sus creencias, sus propuestas a los ciudadanos, su forma de vida y sus palabras. ¡Ay, las palabras! que disgustos más grandes han proporcionado a quienes no saben mantener la boca cerrada, a quienes no miden lo que dicen y a aquellos que tienen flaca la memoria y piensan que, como el resto de los ciudadanos van pronto a olvidar lo que han dicho, no van a tener que pagar por haberlos engañado. Lo malo es que, cuando alguien va por la vida de sobrado y se siente elevado a la categoría de persona importante, se tiene la faltriquera bien forrada, presume de sus ideas proletarias y no duda en criticar, sin medida y muchas veces injustamente, a aquellos que se han sabido ganar bien la vida trabajando, con su profesión o mediante la explotación de una industria o un comercio, simplemente porque han intentado sacar beneficio de su trabajo, sin tener en cuenta que, otros muchos como ellos, ejerciendo de artistas, actores, escritores, comediantes, cantantes, presentadores de TV etc. también han conseguido lucrativos emolumentos, sin que nadie les haya echado en cara el que se los gasten como les dé la gana.


Para señores como Iglesias y su compañera ( no sé si está bien llamarla así), la señora Inés Montero, si un empresario que crea puestos de trabajo exponiendo su capital, que asume compromisos que, en muchas ocasiones, se le vuelven en contra si llegara a pasar por momentos de dificultades económicas y que se vea obligado a enfrentarse con los sindicatos para evitar que, con sus reclamaciones, sus intenciones políticas y su incapacidad, a diferencia de lo que sucede con los sindicatos de otros países ( Alemania etc.), que se han ,modernizado, se han puesto al día y han adquirido los suficientes conocimientos y experiencia para saber que sólo acogotando, asfixiando o pretendiendo exprimir a los dueños y accionistas de las empresas, lo único que se consigue es quedarse sin trabajo y perjudicar la economía de la nación; a dichos señores, automáticamente, ya se le aplica el calificativo de “fascista”, venga a cuento o no, sea un empresario justo con su personal o simplemente quiere atenerse a la legislación vigente, para que su negocio siga floreciendo y no verse obligado a adoptar medidas extraordinarias ( despidos, congelación de salarios o expedientes de regulación de empleo) que, en definitiva, sólo contribuyen a perjudicar a los más débiles que son, precisamente, los que piden aquello que las empresas no pueden darles, incitados frecuentemente por los sindicalistas que son los que han aprendido a vivir sin dar golpe gracias a hacer que los trabajadores se enfrenten a sus patronos. Podríamos hablar largo y tendido de las finanzas de los sindicatos y de los casos en los que han acabado respondiendo ante los tribunales, por estafar a los trabajadores.


Pero observen la sinrazón, el desparpajo con el que actúan estos señores, su absoluta falta de coherencia y, en casos determinados, su cara dura e hipocresía cuando predican aquello que no creen o piden que los empresarios hagan aquello que ellos mismos no han querido hacer, en su caso particular. El señor Pablo Iglesias apareció, por generación espontánea, en la política española como fruto de aquellas concentraciones de estudiantes descontentos del 15M del 2011, que consiguieron poner en jaque al gobierno, durante un periodo lo suficientemente largo para conseguir colocar en dificultades a los gobernantes de entonces. De aquellos polvos revolucionarios, en los que el señor Iglesias y sus compañeros de partido tuvieron un papel importante, han surgido “estos lodos” que ya fueron empezando a tomar forma partidos como el de Podemos y su subsiguiente presentación a las elecciones europeas del 2014, en las que ya consiguieron arañar varios escaños. Recordamos una anécdota muy curiosa que se le atribuye a un librepensador que, en pleno discurso de exaltación de sus ideas, lanzó la siguiente diatriba: “Defensor soy del libre pensamiento y ¡muera todo aquel que no piense cual yo pienso!”. Pues, por ahí van las cosas.


Y es que este comunista rematado, este señor que clamaba contra la vigente Constitución y ahora, apenas hace unos meses, se desdijo y prometió respetarla; este frente populista enviado y financiado por el exterminador del pueblo de Venezuela, el señor Maduro, que vestía de paria, presentaba un aspecto lamentable y se expresaba con palabras de odio, venganza, falta de respeto por los gobernantes del momento y fue crítico, tanto con el PP como con el PSOE, de los que estuvo despotricando durante años hasta que, ¡Sí, señores, el señor Sánchez le dio un abrazo y un beso (luego que había adjurado de que, con Iglesias y su partido en el Gobierno, no podría dormir tranquilo), nombrándole vicepresidente del actual gobierno y, por si no fuera suficiente, les dio cuatro ministerios para que, desde ellos, pudieran empezar a maquinar la manera de bolchevizar España.! Algo que, por cierto, no han tardado en intentar hacer.

Pero hay algo a lo que los comunistas, los que son especialistas en sojuzgar al pueblo llano, que no han tenido inconveniente en crear policías exterminadoras como la KGB en Moscú o la Stasi en Alemania oriental, no son capaces de resistirse y que quedó, graciosamente representado, en una película cómica americana de los años treinta del pasado siglo, titulada “Ninotska” (1939), de Ernst Lubitsch e interpretada por una magnífica Greta Garbo y el galán Melvin Douglas, en la que se dejaba al descubierto la fragilidad de la raza humana, incluso la adoctrinada de la Unión Soviética, para dejarse ganar por la buena vida, la libertad y la independencia. Y, como el señor Pablo Iglesias y su mujer, no podían ser la excepción a la regla, no han podido evitar su ramalazo de burgueses comprando un magnífico casoplón, para mansión habitual de los dos, en un lugar privilegiado de la sierra madrileña, en Galapagar, del que, evidentemente, no se puede decir que sea un ejemplo de austeridad ni tampoco que esté ubicado en una barriada de los extrarradios madrileños donde, con toda seguridad, vivirán muchas de las personas que nunca podrán llegar a ocupar una vivienda digna y, vean ustedes el contrasentido, probablemente habrán sido los que le han votado para que hoy se siente en la poltrona de la vicepresidencia del gobierno.


Muchas veces nos preguntamos cómo, estos comunistas de boquilla, que viven como los ricos, que tienen todas las comodidades, que son los que más atacan a los ricos y capitalistas, que disponen de sueldos sustanciosos y que no creen en Dios ni en otra vida y que, por tanto, limitan su existencia y a los años que les quedan de vida, sin ninguna otro tipo de creencia o esperanza metafísica ¿Cómo es que pueden pedir, a los demás, que renuncien a sus riquezas o que se sacrifiquen para los desvalidos si ellos, en lo que consideran su única meta, los años de su existencia y, si viven con todas las comodidades y gabelas que saben, positivamente, que aquellos a los que, aparentemente, defienden no tendrán la misma suerte que ellos. Es un misterio que sólo se puede atribuir a la falta de interés de muchos ciudadanos por analizar los hechos y, en consecuencia, les cuesta ver como sujetos, como Iglesias y compañía, no son más que unos caraduras que viven de rentas, engañando a aquellos infelices que no ven que se les está tomando el pelo, engañados por la verborrea de los activistas políticos y por sus propias carencias intelectuales que los hacen caer, inocentemente, en la trampa de tipo saducea que les han tendido para conseguir sus votos.


¿Se imaginan, a este dandy reconvertido, al que ahora no le importa abroncar a los campesinos que protestan, calificándolos de “terratenientes”, en una forma repugnante de tergiversar la realidad del campo español en la actualidad; que tacha de “fascistas” al resto de diputados de la oposición, olvidándose de su condición de comunista, adepto a un régimen dictatorial de Venezuela; que se niega a pedir explicaciones a Ávalos y defiende que no se investigue adecuadamente lo que sucedió con motivo de la visita, completamente prohibida por la UE de la primera ministra del régimen bolivariano de Maduro, la señora Delcy Rodriguez, infringiendo la obligación que tenían las autoridades españolas de detenerla tan pronto como pisó el suelo español. Claro que, pese a los intentos de quitarle importancia a un hecho tan grave que, la señora Carmen Calvo, en su habitual misión de mentir, sin darle importancia a tan desagradable costumbre, cometiendo otra de las estupideces propias, solamente, de personas fanáticas incapaces de aceptar que las cosas no se desarrollan siempre como se han planeado y que, las chapuzas de esta Administración también salen a la luz, a pesar de intentan malévolamente ocultarlas a la ciudadanía. No señora Calvo, no es cierto que, para quitarse de encima el dar una respuesta que la incomodaba, no dudó en afirmar que: “Lo de Venezuela no importa a nadie en España”. Se equivoca la vicepresidenta porque, en todo caso, lo intenta el gobierno y su enviado especial, el impresentable Rodríguez Zapatero, máximo responsable de la nefasta política que, en estos momentos, está poniendo en práctica España no solamente en su política interior, sino que, desgraciadamente, en su política exterior (que, incomprensiblemente ha ido a parar en manos de una ministra incapaz de asumir una carga tan pesada con un mínimo de solvencia) es tirar pelotas fuera tachándonos a todos los ciudadanos poco menos que de disminuidos intelectualmente.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, empezamos a sentir como si en España, con este nuevo gobierno filocomunista, hubiéramos empezado a entrar en una etapa en la que el Gobierno va a intentar hacerse con todos los resortes del poder limitando, cada vez más, las libertades de las que hemos venido gozando hasta ahora; aumentando los impuestos de una forma desproporcionada que raya con una incautación de la propiedad privada; entrando en el peligroso terreno de vaciar de su contenido la actual Constitución, a la vez que, para conseguir mantenerse en el poder, van a seguir cediendo a lo que le vienen exigiendo los catalanes, entre lo que se encuentra la petición de la reforma del CP, de modo que se les facilite cambios legales que faciliten la puesta en inmediata libertad de todos aquellos reos de sedición que pretendieron, sin arrepentirse de ello, conseguir la independencia de Cataluña. No pierdan de vista lo que nos tememos que pronto va a llegar: una censura que impida que nos expresemos libremente para poder dar nuestra opinión sobre lo que estos nuevos gobernantes se disponga a poner en marcha aunque ello signifique acabar con la España que todos conocemos y las libertades de los ciudadanos. Mientras tanto, siguen en babia aquellos que deberían ya haber manifestado, enérgicamente, su oposición a semejante estado de cosas. Ellos sabrán a quienes nos estamos refiriendo.

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