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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La muerte tenía un tercio...

José Luis Palomera
Redacción
viernes, 17 de noviembre de 2006, 08:21 h (CET)
La planeada muerte de Eduardo Madina únicamente tenía un tercio de la misma, las otras dos partes fueron dirigidas hacia sus padres: uno enfermo de por vida y la madre muerta a causa del mismo. No consiguieron asesinar a Maquina, pero a cambio asesinaron a su madre, es decir, a este chaval alto de hombría y corazón le han matado tres veces a pesar de estar vivo... Vivo para desgracia de ver cómo dos fanáticas hienas con forma humana contemplan entre chulescas posturas y muecas el narrado sufrimiento de su víctima, en este caso él. ¿Dónde está el corazón de España, cómo se permite que los asesinos se mofen de nuevo de la sangre por ellos exterminada?

Por mucha democracia que se quiera asumir, eso sí -siempre y cuando asesinen a los demás- no podemos permitir que los asesinos maten dos veces a sus víctimas: la primera con el tiro en la nuca o la bomba y la segunda teniendo que padecer, la fisonomía de los terroristas colmados de felicidad y chulería de la cual gozan, no en vano, son tratados en el confort penitenciario; comiendo y bebiendo como el dios Baco, mientras pasan unos años en celdas hosteleras.

“Somos unos sinvergüenzas”, esta España es un nido de sinvergüenzas, los cuales mientras los asesinados no sean sus propios hijos, toda democracia es poca, únicamente falta legislar que les tengamos que abonar la factura del sastre a los verdugos terroristas.

“No me jodan españoles”, por Dios, no podemos consentir un día más esta odiosa ilicitud, lo primero que hay que decirles a los garantes de ley, magistralmente protegidos por guardaespaldas, que se dejen de demagogias baratas, ya que los muertos los pone el pueblo. Y a los legisladores que cambien la ley, de tal manera que no contemple para el asesino fanático sin piedad, posibilidad alguna de resarcirse con la sociedad, al menos no permitirles vivir con ésta, ya que de permitírselo volverán a asesinar a la misma, una y un millón de veces más

¡España, España!, abre los ojos y acepta la realidad, “los terroristas de ETA no son asesinos” ya que nada tienen que ver con los asesinos comunes, son fanáticos, es decir Gozan haciendo daño a sus víctimas, no matando, no confundir, por eso cuando se enfrentan ante la ley, se retuercen y babean de placer al ver como éstas relatan las desgracias de las que fueron objeto.

El primordial enemigo del terrorista es su propio fanatismo.

El terrorista de ETA es el embrión del fanatismo trasmitido por los discípulos del mayor terrorista de la historia de España, en mi opinión. Nefasto personaje que osaba predicar, y manifestaba diferencias y valores entre seres humanos, ideales y convencimientos culpables de profanar el fanatismos más ignorante, el cual se apodera del ser vivo haciendo que pierda toda humanidad para convertirse en el mayor depredador de la Tierra.

Los fanáticos asesinan porque aún estando vivos, ellos se sienten asesinados todos los días, es decir, sufren una constante muerte mental, de la cual culpa al invasor de su venerada raza, trasmitida por la historia, la ignorancia, y capacidad de reflexión, es decir el pueblo español. Al cual imputan todo sufrimiento, es por eso que no sólo asesinan para matar, asesinan para hacer el mayor daño posible a sus víctimas, elegidas del extracto social más débil, evitando en lo máximo posibles riesgos propios. Sus objetivos se centran en asesinar al que mayor representación tenga de los españoles, ya que España representa el único opresor de sus desgracias, otra cosa es que los objetivos preferentes no se puedan alcanzar, sin dejarse la piel en el intento, por eso y sólo por eso, asesinan al débil pueblo con el objeto de que repercuta en el más fuerte.

Esta, y no otra es la razón inequívoca de su fanatismo ciego de toda reflexión de vida. Incluso la mayor serpiente terrorista debería saber que el pueblo es inocente por antonomasia ya que nada les debe al no poseer capacidad de usurpación alguna.

¡España, España! basta ya de lloros, manifestaciones y manos blancas, los fanatismos jamás dejarán de hacernos llorar, ya que se alimentan y viven únicamente para gozar con nuestros sufrimientos.

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