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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Asesinando a la infancia

Octavi Pereña
Octavi Pereña
jueves, 16 de noviembre de 2006, 00:08 h (CET)
Una carta al The Daily Telegraph firmada por 110 maestros, sicólogos, académicos y autores de libros infantiles, presenta dos denuncias muy serias. A los niños británicos “se les empuja a ser adultos antes de hora” y, “ un cóctel siniestro de alimentos basura, marketing de la sexualidad, juegos electrónicos y, una obsesión por los premios más que por el aprendizaje en las escuelas les está envenenado la vida”.

Los firmantes de la carta están preocupados por el crecimiento de la depresión infantil, los problemas de conducta y las enfermedades del desarrollo. El hecho de que los cerebros infantiles se encuentren en fase de crecimiento no pueden adaptarse con tanta facilidad como lo hacen los adultos a los rápidos cambios tecnológicos. Necesitan tiempo. Las presiones escolares los afectan desde primaria. Las fuerzas del mercado les enseñan a actuar como si fuesen pequeños adultos. La electrónica los expone a contenidos que hasta hace poco se consideraban inaceptables.

La carta de los “110” es la reacción del resultado del estudio del profesor Michael Shayer que revela que el promedio de los niños de 11 años por más que hablen y vistan como adolescentes, tienen un nivel cognoscitivo entre dos y tres años inferior al esperado. “Este dato me horrorizó”, ha dicho Sue Palmer, ex directora de primaria, “lejos de hacerlos maduros, la obsesión de nuestra sociedad por quemar etapas está retrasando el desarrollo intelectual de nuestros niños”.

Michael Morpurgo, considera que la ausencia de creatividad intelectual es un síntoma más de una sociedad atrapada por el miedo. “ En el mundo desarrollado estamos pasando por una de las etapas más seguras para la infancia. La mortalidad infantil es relativamente baja. Son pocos los casos de muerte accidental. Sin embargo, seguimos estando angustiados por su seguridad. Es por ello que preferimos verlos sentados delante de un ordenador en la sala de estar que construyendo castillos en el parque vecino”.

Paradójicamente, la ausencia de actividades al aire libre reduce la capacidad de los niños para medir los riesgos, tomar decisiones y evitar los peligros. El sedentarismo también afecta a sus capacidades de hacer amigos y de actuar en grupo. La Asociación Médica Británica, el pasado 10 de junio de 2006 dijo que uno de cada diez británicos menores de 16 años sufre depresión, anorexia, hiperactividad, enojo excesivo y han dado muestras de tendencias suicidas.

Child Line, una asociación dedicada a la protección infantil recibe diariamente centenares de llamadas telefónicas de niños con problemas. Gracias a lo que ven en la publicidad y la televisión, niños de hasta 12 años dicen que se sienten presionados a iniciarse en experiencias sexuales. Anne Huston, directora de la asociación hace esta dramática declaración: “Cuando no pueden hacerlo porque no están maduros biológica o emocionalmente, algunos acuden al alcohol y a las drogas para animarse. Es así como terminan con enfermedades venéreas y embarazos no deseados”.

Otro dato que sirve para confirmar el “asesinato de la infancia” es que Gran Bretaña es el país con el índice más alto de madres adolescentes del mundo occidental. Uno de cada 10 nacidos es hijo de una madre menor de 16 años, en la mayoría de los casos, soltera. Esto no hace distinción de clases sociales en un país en donde está legalizado el aborto y la “píldora del día después” se vende libremente en las farmacias.

Toni Blair, el primer ministro inglés tan controvertido debido a la guerra de Irak, ha dicho que “este drama nacional le cuesta al Estado un promedio de 100.000 dólares por cada embarazo”. El político admitió sentirse impotente para cambiar la tendencia porque el problema “va más allá de una cuestión de presupuestos y discursos políticos para despertar el compromiso de toda la sociedad”.

Sólo una educación que sea capaz de dar equilibrio a la persona podrá dar el vuelco a esta tendencia que amenaza destruir moralmente a nuestra sociedad. La instrucción que debe darse a nuestros niños y adolescentes no ha de estar basada exclusivamente en preceptos y prohibiciones. Ha de ir acompañada del ejemplo de los adultos, principalmente los padres, que les muestra que se puede ser feliz sin tantas cosas materiales, cuyo exceso produce todo lo contrario de los que se espera.

La razón que impide encontrar sustituto a la educación materialista que tantos estragos produce en los niños y adolescentes es el vacío existencial que se da en los educadores, sean estos los maestros o los padres, debido a la carencia de auténticos valores espirituales merecedores de dicho nombre. El Evangelio ha aportado a nuestra sociedad dichos valores. Hoy el mensaje evangélico ha sido condenado al destierro. El vuelco a la educación “progresista” que está asesinando a la infancia no se dará en tanto el mensaje de Cristo siga siendo rechazado.

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