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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Sintonía generacional entre Felipe VI y P.Sánchez? y ¿la reina, qué pintaba allí?

En España, nos caracterizamos por formar piña cuando una familia sufre un percance
Miguel Massanet
jueves, 31 de julio de 2014, 07:10 h (CET)
"Las personas cambian cuando se dan cuenta del potencial que tienen para cambiar las cosas".
Coelho, Paulo.

A cualquier persona se le debe dar un tiempo para familiarizarse con el trabajo que se le ha encomendado. También es preciso tener cierta tolerancia con los primeros errores que pudiera cometer en el puesto en el que se le ha instalado y ser paciente con sus particularidades personales y sus pequeñas dependencias. Por ello, no hemos querido entrar a opinar sobre lo que han sido los primeros pasos del reinado de don Felipe VI, nuestro rey, hasta que hemos empezado a percibir en él una cierta tendencia que, quizá, se pudiera definir como una aspiración a democratizarse en demasía; pretender venderse con una cierta precipitación como un rey amable, populista, austero y, especialmente duro con su familia. No me refiero a su esposa, la reina y sus hijas las infantas; sino con sus propias hermanas y con el resto de la familia, como son sus tías y demás parientes que, hasta estos momentos, se venía considerando la realeza de esta nación.

Sin duda, ha querido alejar de él y su familia todo lo relacionado con los escándalos que han afectado a diversos miembros de su familia más cercana y, hasta me atrevería a decir, que ha pretendido que su relación con sus propios padres esté teñida de un cierto distanciamiento, desde que don Juan Carlos le trasfirió la corona. No nos parece mal que haya establecido unas reglas nuevas, que haya suprimido bicocas y privilegios y que haya querido desligar al resto de sus parientes de los actos públicos y de sus tareas de representación. Sin embargo, en todas estas medidas, no podemos evitar percibir la intervención de otra persona, advertir una cierta inquina contra aquellos de sus parientes que han sido causa de que la monarquía se haya desprestigiado ante los ciudadanos españoles y un evidente temor de que lo que les pueda ocurrir, como consecuencia de las malas artes de su cuñado Urdangarín, a pesar de los esfuerzos por distanciarse de él y de su hermana Cristina, pudieran llegar a salpicarles si, como es probable que suceda, la Justicia acaba por condenarlo.

No es crítica, porque es una reacción humana. No obstante, en España, nos caracterizamos por, en líneas generales, formar piña cuando una familia sufre un percance, sea de la clase que fuere; unirse para enfrentarse a la desgracia y apoyar, aunque la persona no se lo merezca, a aquel que ha tenido la desgracia de cometer un error. Pero ya hace tiempo que percibimos que la influencia sobre don Felipe, nuestro rey, de la reina Leticia, trasciende de lo meramente familiar, de lo que pudiera considerarse la intimidad de su familia, para extenderse a otras cuestiones que se pudieran considerar como más propias del rey, en las que la intervención de su esposa pudiera contemplarse por los ciudadanos como inadecuada o, por lo menos, desacertada. Si como princesa ya se advirtió una cierta tendencia a aprovechar su sentido de lo que eran sus libertades, para acudir en compañía de sus amigas a determinados lugares de ocio para divertirse y ya tuvo tendencia por mantener ciertas amistades de la farándula de ideas un poco progres; amistades que no dudó en compartir con su novio y, posteriormente, su marido, el actual rey; ahora, de casada, no parece que se quiera resignar a dejar de intervenir en lo que son las funciones privativas de su marido el Rey.


Nadie puede poner objeciones a que el Rey reciba al Secretario General del Partido Socialista, señor Pedro Sánchez, es más, era un acto protocolario que era necesario que se produjera, teniendo en cuenta que afectaba al primer partido de la oposición. Sin embargo, tenemos la impresión de que la recepción que su majestad le hizo al flamante nuevo dirigente del PSOE, el propio hecho de escuchar “atentamente” la propuesta de modificar la Constitución para convertir a España en una país federal lo que supone, de hecho, dividirlos en pequeños países con sus propias leyes independientes; ligados al Gobierno central por unos pocos lazos, como la defensa común, el TS o el TC, y otros pocos vínculos con lo que, la unidad de España, el control de las ansias separatistas de algunas autonomías y la recaudación de tributos para mantener la solidaridad nacional, en una nación en la que los nacionalismos se han exacerbado hasta cotas difícilmente soportables, seguramente acabaría en una ruptura que sólo favorecería, por un tiempo, a aquellos que andan demandando la independencia; aunque, finalmente, acabarían siendo dependientes de las grande naciones europeas.

Y es que una cosa es cumplir con una función protocolaria y otra convertir la visita en una tertulia de amiguetes en la que, muy probablemente ( el Rey y la Reina ya conocían de hacia años a Pedro Sánchez) las coincidencias fueron más de las que se han reconocido públicamente ya que, conociendo el carácter y el radicalismo del señor Sánchez, el hecho de que saliera satisfechísimo de la entrevista, probablemente se debe a que la sintonía con sus majestades había sido mayor de la que se esperaría. Y aquí señores, aparece una escueta noticia que, a mi entender, tiene más calado del que se le ha querido dar y que debiera de preocupar al Gobierno, por tratarse de algo que no debiera tolerarse. Cuando ya finalizaba la entrevista protocolaria, irrumpió en la estancia, bajo pretexto de felicitar al nuevo Secretario General del PSOE, la reina Leticia, que se quedó a departir, amigablemente, con el huésped, rememoraron tiempos pasados y falta saber si también cambiaron otro tipo de impresiones u opiniones respeto a cuestiones de índole política o reservada a la competencia exclusiva de SM el Rey.

Es algo que ya nos barruntábamos, que visto el carácter independiente y feminista de la nueva reina, ya se debía de haber tenido en cuenta y haberla advertido de la improcedencia de estas intromisiones en cuestiones que le son ajenas. No se debe, de ninguna manera, permitir que la reina Leticia se convierta en una acompañante del Rey en sus labores protocolarias que, salvo en recepciones en los que el mandatario visitante vaya acompañado de su esposa o acompañante, la presencia de la reina resulte improcedente e inapropiada. De seguir por este camino cuando Felipe VI se entreviste con el señor Rajoy deberá reservarse un puesto para la “asesora” reina Leticia. Es posible que a la reina Leticia le pueda parecer que si arrima a su marido hacia la izquierda, cuando lleguen al gobierno las izquierdas puedan reconvertirlo de Rey en Presidente de la República. Si es así, deberemos advertirle, por si lo desconoce, que en España cada vez quedan menos monárquicos, lo que no quiere decir que, hoy por hoy, la alternativa a la monarquía esté centrada en una República de izquierdas, algo que los que tenemos tendencias republicanas, pero somos de derechas, consideramos extremadamente peligroso, teniendo en cuenta lo que sucedió con la pasada II República.

Alguien debiera de comentar a doña Leticia que los poderes de la monarquía son, en este país, muy limitados y que, en la mayoría de casos, el Rey se circunscribe a refrendar lo que han acordado las Cortes Generales o el Gobierno. El pretender hacer política desde las bambalinas, nada más puede crearle a la monarquía más problemas de los que ha tenido hasta la fecha, que ya son suficientes, y existe el peligro de que se pueda considerar que el Rey se inclina públicamente hacia una determinada opción política, lo que se podría entender como excederse en sus atribuciones. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, contemplamos con preocupación este comportamiento de la reina.
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