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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Una Catalunya independiente en manos de la izquierda?

Las últimas votaciones, en Catalunya, han dejado claro que, entre independentistas, catalanistas y partidos de izquierdas suman una muy sustancial mayoría
Miguel Massanet
miércoles, 30 de julio de 2014, 07:20 h (CET)
Es un hecho incontestable que es, en Catalunya, donde se puede decir que la clase trabajadora y la llamada burguesía industrial, tradicionalmente, han venido manteniendo fuertes enfrentamientos que, en determinadas épocas de la Historia, llegaron a adquirir carices que superaban las límites de relaciones laborales entre patronos y obreros dentro de las empresas, para trascender a las calles en las que, unos y otros, pretendían solventar sus diferencias con algo más que enfrentamientos dialécticos, recurriendo a la violencia física y, en muchas ocasiones, al asesinato , ya fuere de forma directa o mediante sicarios pagados para ejecutarlos.

En las dos primeras décadas del siglo XX los sindicatos catalanes, aunque fueron muchos, sin embargo, no fueron capaces de vencer sus singularidades para agruparse y formar una agrupación que los hiciera más poderosos. Aunque el anarquismo era, sin duda, el que parecía tener más poder, no representaba más que una parte de la masa obrera catalana dividida en distintos sindicatos, pero incapaz de organizarse de forma unitaria, sólida y bajo unos ideales coincidentes, al menos en lo básico. En todo caso se puede decir que, la preponderancia de los libertarios, especialmente en la Barcelona de la época anterior a 1.918, fue evidente. Es cierto que existían una serie de sensibilidades dentro del llamado “movimiento obrero catalán”, que impedía que los distintos sindicatos fueran capaces de coaligarse entre sí, lo que los debilitaba.

Desde 1.913 hasta el 1.918 fueron muchos los anarquistas que se empeñaron en conseguir esta deseada unidad, desplazándose a todas las ciudades para pedir que todos los obreros y sindicatos locales se afiliaran a la Confederación Regional de Trabajo (CRT). Personajes de anarquismo como Miranda, Loredo, Buenacasa, Carbón, Pestaña etc. contribuyeron, junto a su publicación “Solidaridad Obrera”, de forma efectiva a la captación de afiliados, en los momentos de inseguridad y efervescencia social que supuso la I Guerra europea. El Congreso de Sants, de junio de 1.918, fue el hito de la famosa propuesta organizativa del movimiento obrero catalán, que tanto se había buscado conseguir: la unificación en forma de “sindicato único”, capaz de enfrentarse a la burguesía catalana. La República de 1.931, contrariamente a lo que se hubiera podido elucubrar, no significó una acercamiento al anarquismo como se deduce de la carga policial en la Plaza de Sant Jaume de Barcelona contra obreros que se manifestaban en el 1 de Mayo del mismo año. Los intentos de corrupción del Alt Llobregat y barriadas periféricas contribuyeron a que los anarquistas no fueran especialmente gratos a la II República. Alguien escribió “El anarquismo fet diferencial catalá”.

Lo cierto es que permanecieron en Catalunya, en sus facetas de la CNT y la FAI, durante la contienda Civil hasta, que en mayo de 1.937, en plena guerra, se produjo el enfrentamiento con los comunistas del PSUC y los miembros del POUM, del que salieron perdedores y fueron sometidos al mismo trato que se les aplicaba a los católicos, religiosos y partidarios de Franco: las checas y los fusilamientos. En la transición fueron rehabilitados, se les devolvieron sus propiedades y consiguieron renacer de sus cenizas, llegando a conseguir una afiliación de más de 300.000 efectivos.

Hemos querido acudir a la Historia para tratar de analizar, a la vista de los antecedentes políticos de lo que han sido las izquierdas sindicales en Catalunya y considerando los partidos políticos que, actualmente, forman el grueso del Parlament Catalá, una mayoría de separatistas, encabezada por ERC, seguida de CIU, a poca distancia de los nuevos izquierdistas de Podemos y de los comunistas de ICV; con una escasa representación de la derecha, integrada por el PP y por un partido no independentista, formado por los Cs. del señor Albert Rivera.

Las últimas votaciones, en Catalunya, han dejado claro que, entre independentistas, catalanistas y partidos de izquierdas suman una muy sustancial mayoría. Lo que nos lleva a una reflexión que quisiéramos que compartieran todos estos catalanes conservadores, industriales, banqueros, comerciantes, terratenientes etc. que durante estos años parece que se han inclinado por el separatismo, hasta el punto de que en la CEOE, muchos grandes empresarios catalanes, no sabemos si incluir en ellos a su propio presidente, el señor Rosell; están presionando, juntamente con no pocos representantes pudientes de las distintas profesiones liberales y burgueses acomodados, en pro de una Catalunya libre y a favor de la famosa consulta por el “derecho a decidir”. ¿Es que hay en este país alguien lo suficientemente ingenuo que pueda pensar que, en una utópica Catalunya independiente, los que iban a gobernarla serían los señores de derechas del CIU?

Si analizamos la situación, y ya no hay que decir después de lo que ha ocurrido con el padre del independentismo catalán, señor Jordi Pujol y sus finanzas, vemos con claridad que los partidos que han ido incrementando su poder en toda Catalunya, de una manera evidentemente extraordinaria, han sido la ERC del señor Junqueras y en una parte menor los comunistas y Ciutadans; en cambio CIU sigue en declive ( ahora ya no sabemos si podrá resistir la última tarascada) el PP parece que no tiene nada que hacer y los socialistas siguen en este mar de indefinición que los ha venido caracterizando y, a la vista del camino que parece querer emprender Pedro Sánchez, con su viraje a la izquierda, lo más probable es que el PSC del señor Iceta se alíe al bloque de los que quieren la consulta del 9N. Todo ello es demostrativo de que si, utópicamente, puesto que no ocurrirá, Catalunya consiguiese su separación de España, además de sus problemas para poder financiarse, el primer gobierno que se haría cargo de la nueva nación, no cabe duda que tendría todas las posibilidades, si no certezas, de estar constituido por elementos de la izquierda.

Y un gobierno de izquierdas en una nación pequeña, necesitada de afrontar el pago de pensiones, de la sanidad pública, de los transportes, de la infraestructuras, de las deudas que le van a quedar pendientes, de su autofinanciación ( es muy probable que le fuera muy difícil conseguir financiación proveniente del extranjero y, menos, de España) de los servicios públicos; lo primero a lo que va a recurrir será al aumento de impuestos, el recorte de prestaciones y a establecer impuestos especiales para las grandes fortunas. Esto, en cuanto hace referencia a las grandes multinacionales, si no se las excluye de ellos, puede dar lugar a que se trasladen a otro país, con los efectos que ello tendría en el desempleo del país (actualmente ya estamos por encima de los 400.000). Las pequeñas empresas muy probablemente no podrían resistirlo si no se las exime del pago, lo que supondría que, para compensar, el resto de ciudadanos deberían asumir la parte proporcional que aquellos dejaran de pagar.

Si, es posible que se hartaran de ver la estelada por todas partes, los rótulos y los periódicos enteramente en catalán y a la Generalitat convertida en el gobierno del país. Pero ¿qué clase de país? Un país con fronteras, excluido de Europa, obligado a pagar aranceles para exportar sus productos, con una población empobrecida y obligada a buscarse salidas fuera de la UE y, así y todo, en virtud de la legislación internacional, obligada a pagar las tarifas más altas en sus transacciones comerciales internacionales. Puede que alguien piense que exageramos, pero Dios quiera que no tengan que darnos la razón. O así es como, desde la óptica de un ciudadano de a pie, contemplamos el negro futuro de una Catalunya independiente.
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