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Etiquetas:   Cultura   Filosofía   -   Sección:   Opinión

Pico y el renacimiento

El planteamiento piquiano es el logro de formas de existencia más sublimes para los sujetos
José Manuel López García
martes, 29 de julio de 2014, 07:05 h (CET)
Juan Pico de la Mirandola es, indudablemente, uno de los filósofos que ha contribuido de modo más profundo a la regeneración del ser humano. El que muriera envenenado a los 31 años en el año 1494 no reduce la magnitud y la repercusión de su obra y pensamiento. Su formidable erudición y pasión investigadora, y sus conocimientos enciclopédicos junto con su dominio del griego y del hebreo le colocan en la primera línea de la especulación filosófica y teológica de su tiempo. En su discurso acerca de la dignidad del hombre parte de un enfoque cristiano, pero reafirma la capacidad transformadora de los seres humanos que pueden convertirse en lo que quieran. Su planteamiento acerca del valor de la razón es moderno, aunque posea matices cristianos y platónicos. Dice Pico: «Si ves a un filósofo que discierne todas las cosas con razones apropiadas, a éste puedes venerarlo; es un animal celeste, no terrenal». Considero que el microcosmos que representan el hombre y la mujer es el inicio de un nuevo modo de entender la enorme potencialidad humana para afrontar el presente y el futuro. La confianza en las posibilidades de cambio es inmensa en el renacimiento a finales del siglo XIV. A mi juicio, la interpretación de los escritos de Pico de la Mirandola es clara si partimos de su propio ambiente teológico y filosófico, ya que estaba influido por el círculo de Ficino. El interés por todo tipo de saberes y la curiosidad de Pico le acercaron a las ciencias de su tiempo. Con su talante crítico y especulativo, si hubiera vivido unos siglos más tarde, creo que hubiera aceptado la nueva ciencia representada por Newton y otros grandes científicos.

Pico piensa que la realidad es una unidad. Lo que facilita una comprensión de las cosas y del mundo empírico que se basa en la captación o aprehensión de los nexos existentes, en los diversos niveles de lo real. Su valoración del amor y de la bondad parece que se expresan en la negación de la realidad del infierno, algo muy osado para la época, en la que las autoridades eclesiásticas controlan los dogmas, y la doctrina cristiana de un modo férreo. El planteamiento piquiano es el logro de formas de existencia más sublimes para los sujetos. A diferencia de lo que pensaba Pico, actualmente, no adquiere una importancia decisiva el control de la naturaleza para una vida más satisfactoria o más plena. Probablemente, porque la civilización occidental se ha pasado al extremo contrario, con una excesiva intervención en los recursos naturales del planeta.


En lo relativo al lenguaje este erudito italiano prima la transmisión del pensamiento sobre la simple claridad expositiva. No es de extrañar, por tanto, que se posicionase claramente a favor de la filosofía escolástica-aristotélica en comparación con los discursos retóricos de los humanistas. Porque en filosofía y teología, y en otros múltiples saberes, lo principal es no caer en la deformación de nuestras ideas, simplemente, por ajustarlas a unos ideales de elocuencia. Pico llega aún más lejos, e indica que las normas de la gramática no deben limitar artificialmente nuestra creación de ideas.

Ciertamente, Pico de la Mirandola fue un ser humano que destacó en Florencia en el último tercio del siglo XIV. En un periodo de crisis política, religiosa, civil, social, etc. El teocentrismo está siendo sustituido por una mentalidad y cosmovisión antropocentrista. Si bien en el caso de Pico el lenguaje religioso posee todavía una relevancia de primer orden. Aunque, ya se percibe en las páginas de las obras del conde de Concordia una mayor integración de lo sagrado y lo humano en sentidos nuevos, plenificadores de la esencia del ser humano. La calidad del carácter de Pico y su gran saber e inteligencia le convirtieron en un observador privilegiado de la convulsa situación de la sociedad de su tiempo, en la que existían luchas políticas y religiosas encarnizadas. La crisis económica y de valores actual no le hubiera sorprendido y la corrupción política menos aún, porque estaba muy presente a sus ojos cotidianamente.

Los hombres a diferencia de las otras criaturas de la naturaleza disfrutan de una libertad que les permite autoconstruirse de forma creativa con un sin fin de posibilidades que, únicamente, terminan con la muerte en este mundo. Y esta libertad es la mejor expresión de la dignidad, porque supone que el hombre puede llegar a ser lo que quiera, y no tiene una disposición esencial fija. Ahora bien, esta libertad, a juicio de Pico, debe ser para lo bueno y lo mejor, no para el mal o lo perjudicial. El deseo de perfección y el afán de autosuperación son bien vistos y alabados por este sabio florentino. Porque si nos conformamos con lo mediocre no nos perfeccionaremos de forma adecuada, y no nos realizaremos de un modo apasionado y vibrante siendo conscientes de nuestra finitud. La intensidad de la vida es, quizás, el antídoto de la brevedad de la existencia. Reencontrar nuevas y más amplias dimensiones de la libertad o dignidad humanas es una de las grandes tareas pendientes en el tiempo presente, al igual que ya lo fue en vida de Pico. Por tanto, existe un cierto margen de esperanza respecto al progreso posible de la sociedad, y de la convivencia pacífica, solidaria y cooperadora, a pesar de la abundancia de conflictos bélicos, y de las distintas formas de violencia, injusticia y desigualdad.

Evidentemente, su cultivo de la Cabala se basa en el deseo de integrar aspectos mágicos del judaísmo con el cristianismo, desde un enfoque místico. De todos modos, Pico se muestra contrario al determinismo de los astrólogos, con unos planteamientos que preservan la libertad humana desde una cosmovisión cristiana, que puede ser compartida o no, pero que en cualquier caso reafirman la racionalidad imperante en su obra. La regeneración o la degradación de la naturaleza humana están en manos del propio ser humano. Lo que no significa que la elevación suponga necesariamente convertirse en Dios, según las ideas de Pico de la Mirandola. Si bien, parece que el renacer de la sociedad está indisolublemente unido a la regeneración de las conductas humanas para que no estén basadas en mentiras, robos, engaños, corrupción, y falsedades de todo género.
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victoria secrets uk 17/sep/14    02:33 h.
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