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Etiquetas:   Con permiso   -   Sección:   Opinión

Este proceso de paz no es un proceso de paz

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
martes, 14 de noviembre de 2006, 23:14 h (CET)
Porque todo proceso de paz... ha de pertenecer a alguna guerra, caso que no se da en Euskadi. La política de comunicación de los partidos nacionalistas vascos siempre les ha funcionado bastante bien, algo de lo que deberían tomar nota el resto de partidos si quieren tener el mismo éxito a la hora de trasmitir sus mensajes eficazmente a los ciudadanos. El proceso de paz, la tregua, “este país” “el Estado”... uno ha perdido la cuenta de todas las expresiones castellanas que de manera tan hábil han utilizado interesada, procaz y codiciosamente quienes reniegan del castellano. Y cuántas veces la prensa les sigue el juego, a veces con inocencia, a veces de modo consciente, haciéndose su portavoz involuntario pero eficaz.

La batalla del léxico es importante, porque es la batalla de la propaganda, porque la propaganda está pensada para la manipulación. El que tiene el lenguaje tiene la verdad... o puede hacerlo creer, seamos serios con él: en España no hay ningún proceso de paz porque no hay ninguna guerra, sólo hay un grupo terrorista que asesina por la espalda, que pone bombas-trampa, que secuestra y extorsiona. Por lo tanto no puede haber un proceso de paz, empecemos por ser serios y exigir que el lenguaje diga lo que tiene que decir, no lo que quieren que diga.

Y este proceso para la desaparición del terrorismo, expresión que ofrezco gratis et amore en el caso improbable de que haya dado yo el primero con la frasecita, ha sido un empeño particular de Rodríguez Zapatero, que corre un serio riesgo en el caso cada vez más probable de que le salga mal y acabemos otra vez donde estábamos, en la bomba y en el tiro en la nuca. Llegado ese caso será probable que Zapatero pierda las próximas elecciones pero la pregunta será qué ha perdido España además de varios años y una oportunidad e acabar con el último grupo terrorista de Europa.

Uno tiene tendencia también al “buenismo”, no en los importantes niveles de Zapatero, conste, pero también. Hombre, la vida me ha dado ya suficientes cachetes como para no confiar demasiado en nadie, pero mi tendencia inicial siempre es a fiarme y a dejarme timar por el primero que llega con cara de buena persona. Quizá por eso no soy presidente del gobierno, eso que salimos ganando ustedes y yo. Por eso y porque siempre he tenido un especial empeño en vivir tranquilo y relajado. Muy consciente que es uno, supongo.

Pero ni en los peores momentos de mi inocencia social me hubiera fiado de alguien que ha robado 300 pistolas, que me quema reiteradamente, mis casas y que me habla con chulería, altanería y cinismo. O que está a punto de quemar vivos a dos policías municipales. A Zapatero le queda cada vez menos tiempo y no se ven avances, antes al contrario ahora mismo la situación está bloqueada y todo apunta a un fatal desenlace. La pregunta que me hago reiteradamente es cuánto va a aguantar Zapatero, cuándo va a decir “hasta aquí hemos llegado”, jugándose tanto como electoralmente se juega. ¿Será consciente de lo que también se juega España? Porque ETA estaba prácticamente derrotada cuando él emprendió esta aventura que empieza a ser demasiado penosa, larga y aburrida. ¿Cuándo se cansará Zapatero de ser como aquel E.T. que tan mansamente decía: “Sed buenos...” Porque Arnaldo Otegui no tiene pinta de darse por aludido.

Debo señalar que algunos, que habíamos depositado esperanzas en un presidente bienintencionado y que tenía los mismos derechos que otros presidentes pasados a intentar el desarme de ETA, seguimos esperando a que la banda terrorista dé pruebas reales, verdaderas y fehacientes de su deseo de paz. ¿No habíamos quedado en eso? ¿Alguien las ve por algún sitio?

Que éste no es un proceso de “paz” sino de desarme de ETA y su ¿recuperación? del estalinismo a la democracia. Difícil, sí, difícil. Cada día más.

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