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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Choque de trenes, referendum separatista… ¡tiembla España, la pulga ataca!

En un momento determinado puede prender un fuego que se extienda por todo el territorio nacional
Miguel Massanet
lunes, 28 de julio de 2014, 07:08 h (CET)
“La amenaza es el arma del amenazado”
Leonardo da Vinci

¿Está España en un clima pre bélico, estamos los españoles acudiendo a los refugios o sentimos amenazadas nuestras familias ante una posible contienda entre dos poderes temibles? Francamente, señores, no creo que la amenaza, si es que puede calificarse de tal, llegue a este punto en el que el sonido de los sables es capaz de impedir que se escuche la voz de la razón. Sí, efectivamente, tenemos un problema que hace ya tiempo que debía haberse tomado en cuenta, cortando por lo sano lo que entonces eran meras pavesas de separatismo sin dejar que prendieran en la carbonilla del suelo y, más tarde, en los leños secos del victimismo popular prestos a incendiarse con facilidad. El problema catalán y el vasco siguen estando de actualidad, porque los sucesivos gobiernos de España no han tenido el valor, la energía y la decisión de acabar de una vez con ellos. Las equivocadas políticas de apaciguamiento, las cesiones ante las presiones y el constante pasteleo con los nacionalistas, han acabado, como no podía ser de otra manera, por convertir un grano de arena en una roca, un sillar de arenisca que, aún siendo poco consistente, tiene posibilidades de convertirse en una casa, una casa de la Troya capaz de crear confusión, armar jaleo y distanciar a unos españoles de los otros.

Sin embargo, ello no deja de constituir un peligroso indicio, una posible yesca que, en un momento determinado puede prender un fuego que se extienda por todo el territorio nacional. Si el Gobierno y las fuerzas vivas de la nación no toman la precaución de impedir que se propague, cercándolo, y luego arbitrar las medidas adecuadas para apagarlo, utilizando los medios que el Estado de derecho tiene previstos para mantener el orden, la unidad, la paz y la seguridad de todos los ciudadanos españoles, es posible que todo acabe de una forma violenta. La pasividad, la creencia de que el tiempo acaba por solucionar las situaciones conflictivas y que, lo que conviene es dejar que los incendios se apaguen por si solos, entraña el peligro de que los que confían en ello acaben por quemarse en la hoguera al permitir que los alcance.


No estamos en condiciones de dar un espectáculo parecido al que tiene lugar en Ukrania, por mucha que sea la superioridad de una parte sobre la otra. No es de recibo que los políticos separatistas catalanes vayan avanzando en su camino hacia la independencia, creando instituciones paralelas para la formación de un gobierno a la sombra; mientras España sigue enviando ayudas económicas para que puedan pagar a sus proveedores; no es admisible que las distintas sentencias emanadas de los tribunales, entre ellos del TC y de la Audiencia de Barcelona, respecto a la enseñanza del castellano y de las posibilidades de los padres de pedir que se les enseñe en la lengua vehicular ( el español), sean obviadas por las autoridades de la Generalitat; incumpliéndolas sistemáticamente y negándose, sin ningún disimulo, a poner en práctica lo que en las mismas se ordena.

El Gobierno y los nacionalistas llevan años en este juego de tira y afloja, que todos sabemos que, salvo un milagro, no tiene otra salida que la que nos marcan las leyes y, especialmente, nuestra Carta Magna, que es la que contempla las medidas oportunas para solucionar estas cuestiones cuando las autonomías se rebelan contra el orden establecido. En todo caso, no vale lamentarse de lo que pasó y sí es el momento de que valoremos la situación actual. Es innegable el deterioro que se viene produciendo entre los propios españoles residentes en Catalunya y aquellos que pretenden dejar de serlo apoyados por los políticos separatistas; algo que también sucede en el resto de España. Un tema que, por su complejidad política, no deja de entrañar serios riesgos que, incluso, nos pudieran llevar a momentos de tirantez que, a algunos, nos recuerdan épocas remotas, felizmente superadas, que nunca pensamos pudieran repetirse.

En la contraportada del periódico catalán La Vanguardia, (lugar que reservan con especial cuidado a recoger opiniones de personajes de la izquierda) del día 25 de este mes; aparece una entrevista realizada a un señor, Ramón Arau, de 94 años, perteneciente a la famosa quinta “del biberón”, que se declara como librepensador. Una interesante opinión de un veterano de la Guerra Civil que, pone los puntos sobre las íes sobre determinadas cuestiones que, por raro que parezca, estos historiadores apócrifos que intentan cambiar la Historia de lo que fue aquel evento, deberían leer con atención para darse cuenta del mal que están haciendo a nuestra juventud, engañándola sobre lo que verdaderamente sucedió en aquella contingencia. Unos hechos, que convendría que conociese todo el mundo y que recomendaría que leyesen todos aquellos que creen que los más viejos les estamos engañando.

Vamos a reproducir algunos párrafos de las declaraciones del señor Arau que consideramos aclaratorias y descriptivas de una situación que no se corresponde con la información que hoy se da de ella. Por ejemplo, cuando el entrevistador le pregunta si era comunista en tiempos de la Guerra Civil él contesta: “Traté a algunos y vi que querían todos el poder, entregar a España a la URSS, repartirse cargos…, y esto no me gustó”; cuando el entrevistador pregunta ¿Qué vio en las calles de Barcelona?, responde: “Tiroteos, saqueos, quemas de iglesias… Lo vi de muy cerca y aprendí que si abres la Caja de Pandora… ya no se puede cerrar: se desbordan las salvajadas del alma humana”; “Para algunos el reconocer el éxito del rival les duele tanto como admitir su propio fracaso” finalmente cuando, para concluir se le pregunta “Desde su experiencia, ¿cómo ve hoy la apuesta soberanista de Catalunya? Contesta con aplomo: “Soy catalanista…, pero no separatista. No creo en el independentismo como solución. Admiro al historiador Vicens Vives, a quien conocí, que escribió: ‘Les rauxes de Catalunya acostumen a acabar molt malament’, (en castellano: los arrebatos de Cataluña acostumbran a acabar muy mal).

Conviene recordar a los desmemoriados, que Catalunya contribuyó de forma destacada a la victoria del general Franco sobre el ejército rojo. Siempre la Generalitat fue remisa a enviar tropas catalanas a los frentes del resto de España, alegando que las precisaban para defenderse ellos pero, por añadidura, se dio la circunstancia de que en unos de los momentos de la guerra en la que estaba en cuestión el triunfo de una de las partes, en mayo de 1,937, en Barcelona se produjeron unos enfrentamientos entre el PSUC con el apoyo de ERC y los sindicatos anarquistas la CNT y la FAI, juntamente con el sindicato agrario el POUM, con violentos enfrentamientos a tiros desde las barricadas, sin que los intentos de los socialistas de parar la refriega tuvieran ningún efecto. Los de la CNT reclamaron que los miembros del sindicato que estaban en el frente de batalla, regresaran a Barcelona para apoyarles lo que, como era de esperar, dejó desguarnecidas algunos sectores del frente. Estos sucesos duraron desde el 3 de mayo al 6 del mismo mes. El número de muertos, según Federica Montseny, alcanzó los 400 y los heridos fueron 1.000.

Dicen los expertos que no fue Franco quien ganó la guerra, sino que fue la República, por su desorden, sus facciones, sus divisiones y sus errores la que la perdió. Puede que tuvieran razón. O así es como, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos como, una vez más, los catalanes se equivocan en su estrategia.
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