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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Alguien voló sobre el nido de los buitres

José Luis Palomera
Redacción
lunes, 13 de noviembre de 2006, 23:47 h (CET)
Nula Justicia: “La nula justicia de pésima otorga, autonomía para volar y aire para pensar”.

Una sombra de oscura noche, precipitaba lluvia copiosa en “La tierra de los buitres” llamada así por ser hábitat de numerosas nidadas de estas carroñeras aves. En la montaña más alta de la cordillera, oculta entre granito, se hallaba la gruta de Lajus, rey de toda la banda buitrera, el cual esa misma noche, había requerido la presencia de toda la comunidad buitrera.

La gruta se quedaba estrecha ante tanto buitre junto, los cuales posados junto a la mesa de los despojos presidida por Lajus, bebían sangre sin cesar a la vez que observaban a la víctima Nu, ávidos por devorarle.

De la familia de las sisellas de la paz, Nu era un palomo el cual había padecido la muerte de sus familiares en manos de los buitres terroristas. A partir de ese día su vida se convirtió en un volar sin sentido por los parajes más áridos, donde se funde el crisol, sin más vida que la propia suya, sin más muertes que la del sol...

Graznando improperios de ira, y de hambre sobre todo, los buitres no cabían en sus ansias ante el juicio sumarísimo en el cual se debía de juzgar a Nu, acusado de traidor a la causa buitrera. Mientras éste, malherido por los tratos dispensados por sus terroristas carceleros, templaba la sangre que de sus heridas manaban, su plumaje, desgreñado y calado, por las goteras traviesas de la gruta, exhalaba inocente vaho ante el calor insoportable del ambiente.

En esto entró en la escena gruta Ticia y el gorrión de ojos verdes, el cual había llegado volando para interceder, entre la víctima y los buitres verdugos, sin que la víctima deseara que intercediera.

-¡Silencio, silencio! No quiero oír más cuchicheos-, exclamó Lajus en el alboroto buitrero.
-¡Silencio, silencio!. He aquí que estamos reunidos para juzgar al reo, usurpador de nuestro pueblo y vil traicionero-.
-¿De qué se le acusa?-, preguntó Ticia ( fiscal de causas perdidas)- De traición y alevosía -, exclamó Lajus, -Al no querer cooperar en la pacificación de nuestros estómagos buitreros-.
- Un momento, un momento-, irrumpió el gorrión, -estamos en un proceso difícil, pero proceso, y el proceso es preciso que no precise de violencia precisada, por eso yo abogo, abogo por el diálogo entre las partes... -

-En eso estamos, pero hay que dar los pasos para que el conflicto no se estanque, y en este caso la víctima no coopera, incluso se atreve a decir, que no es lícito que matemos, alegando por razón, que matamos por comer, alimentándonos así de pasión por matar inocentes- respondió Lajus.
- El caso no me parece grave, hay que tener en cuenta que las víctimas siempre perecen por encontrarse en el lugar de conflicto, sin saber si se encontraban y mucho menos que hubiera conflicto alguno sobre sus personas-, argumentó Ticia.

-¿Tú qué dices?-, le preguntó Lajus a Nu.
-Yo digo -, respondió éste, a la vez que despereza su plumaje -que la vida es del Cielo y si los buitres desean alimentarse que se coman entre ellos...-
- Si la vida es del cielo ¿qué presas nos quedan..., a los buitres carroñeros? -le reprimió Lajus, -Y si como dicen nos comemos los unos a los otros acabaremos exterminándonos sin haber conseguido nuestro lícito adjetivo-

- Se come para vivir, cierto es, sin embargo no se vive para comer, se vive para vivir, se come para colmar, se mata por diferir y se juzga para saciar- le respondió Nu.

-Ciertas, tal vez, tus reflexiones..., pero inertes de supervivencia, nosotros vivimos de la carroña, necesitamos ir de la mano de la muerte..., si no... dime, ¿si no hay carroña quién nuestra lucha divierte..., quizás tú, quizás tu suerte, quizás tu vida o mejor aún... tal vez tu muerte? -, le recriminó furioso Lajus.

Nu, esta vez no dijo nada, dejó correr el silencio que apenas se inmutaba...

-Bueno, bueno, señores, dialoguemos, dialoguemos, hay que sentarse, y hablar sin precios pactados, pero sentarse tranquilos, señores, tranquilos- terminó por decir el gorrión.

Luego el silencio se extendió más allá de tres años sin muertes...

Fue Ticia con la voz quebrada quien dijo: -No alego ni apelo más cuestión, el caso de la víctima Nu está visto y no encuentro más razón; Ni inocente, ni culpable, ni asesino, ni ladrón, es tan sólo la conciencia quien da y quita razón... Por lo tanto yo me abstengo de dar otro dictamen, y que por doquier salga el sol... -

Un murmullo buitrero se hizo de los presentes, mientras Lajus reflexionaba... A continuación, haciendo de su reflexión abstinencia, se incorporó, cual juez sin licencia, y dirigiéndose a Nu le dijo: - Yo, rey de los buitres, otorgo justicia que hago constar, para que quede escrito en todo el País de los buitres, y digo, a la víctima bien se le puede considerar como traidor a la causa, por ser parte de una raza que no es precisamente la nuestra, luego en honor del buen talante del Gorrión y del mío propio, por esta vez no le voy a condenar a morir... -

-¡Dejadle libre y echarle a volar!-, exclamó Lajus a la vez que se picoteaba el pescuezo.

-Así, así, talante, talante... - comentó el gorrión de ojos azules.
Seguidamente los buitres le llevaron hacia el hueco de la montaña donde pendía el abismo, oscuro barranco de noche mojada, y le lanzaron a la libertad del vacío...

Nu le rogó al cielo el último hálito de fuerza para poder volar...,
sin embargo, sus malheridas alas jamás llegaron a abrirse...

Y así fue, como esa noche, de nuevo los buitres tenían en Nu otra presa fácil que llevarse al pico...

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