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Etiquetas:   Un lugar llamado desarrollo   -   Sección:   Opinión

¿Podemos integrar el trabajo en nuestra vida?

¿Conciliación laboral?
César Piqueras
@cesarpiqueras
jueves, 24 de julio de 2014, 07:12 h (CET)
Como me ocurre en las últimas semanas, es temprano, son las 7:21 estoy acabando el post y en un par de horas estaré empezando el seminario “Cómo ser un Líder-Coach” con 20 intrépidas empresas y directivos que quieren mejorar su capacidad de desarrollar a otros. Hoy reflexiono sobre la conciliación…

La palabra conciliación está de moda, pero hace unos años más que ahora. Ahora si tienes trabajo tienes que considerarte muy afortunado/a, y no te quejes si no llegas a tiempo a casa, siempre hay alguien que recoge a los ñiños. Creo que tenemos que volver a hablar de conciliación laboral y familiar o acabaremos perdiendo muchos, demasiados valores.

Aunque quizás el problema sea que tenemos una forma de trabajar antivida, es decir poco sana y saludable. La prueba la tenemos en el alto número de enfermedades cardiovasculares derivadas del trabajo, depresiones y otras tantas. El trabajo puede ser algo muy disfuncional, y los datos nos muestran que lo está siendo, la insatisfacción laboral es un tema que debería ocupar nuestros consejos de dirección, que debería preocupar a gobiernos, accionistas y demás stakeholders.

¿Hablamos de conciliación laboral o de cambiar la forma de trabajar?
La cultura del trabajo ha entrado en nuestras vidas, le hemos permitido entrar y la consecuencia es que muchas personas acaban trabajando desde casa cuando los niños se han acostado, o los sábados aprovechan para contestar la pila de emails que no han conseguido quitarse de encima en toda la semana.

It´s all about business, parece que las malas costumbres de algunas culturas occidentales han calado en el resto de países.

Hacer al trabajo y la vida coexistir debería ser un objetivo del milenio (cuando se ponen objetivos para el milenio puedes adivinar que es porque nadie se ve capaz de cumplirlos). Ante todo una persona debería disfrutar de su vida, y además de su trabajo, y debería ser capaz de hacerlos coexistir, de forma sana, saludable. No se trata sólo de poner límites para acabar antes de trabajar. Se trata también de que el trabajo sea algo natural, deseado, que nos invite a ser nosotros mismos en lugar de alienarnos.

Todos sufrimos un poco de neurosis por el trabajo, unos más que otros. Me remito a la definición que escuché decir hace unos años a Jorge Bucay: “El psicótico se cree Napoleón, el neurótico sin embargo sabe que no lo es, pero le gustaría serlo”. Todos somos un poco neuróticos, todos hemos picado en el anzuelo de esta cultura tan centrada en valores productivos y no tanto positivos, queremos SER diferentes, más guapos, más importantes, más ricos, más…, sin caer en la cuenta de que ya SOMOS y que la felicidad que hemos “comprado” no era de tan buena calidad.

Parece que el espíritu maquinal de la revolución industrial sigue vigente, pero ahora las máquinas somos nosotros. Las máquinas cuando no producen no sirven, cuando van a otro ritmo no sirven… ¿nos pasará igual a las personas? Nos está pasando. Mira que ocurre con la gente mayor y tantos otros. ¿Podemos cambiar esta realidad? Estoy convencido.

En fin, que los viernes a uno le gusta reflexionar y hoy me levantaba con esta inquietud en mente y con una pregunta ¿Aman las empresas a las personas?
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