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​No siempre llueve a gusto de todos, señor Marius Carol

​Podemos entender que, cada día que pasa y, visto como el Gobierno del señor Sánchez está demostrando su pleitesía hacia el separatismo catalán
Miguel Massanet
viernes, 14 de febrero de 2020, 08:25 h (CET)

Si un periódico entra en lo que podría llamarse torbellino de desaciertos, empecinamiento en ridiculizarse, empeño en defender situaciones irregulares y descarado apoyo a aquellos que buscan, en contra de la Constitución, el sentido común y el más mínimo análisis de las consecuencias que, para Cataluña y los catalanes significaría embarcarse en la descabellada aventura de apartarse de la tutela de España; no es raro que su director cometa las mismas torpezas que permita perpetrar a sus subalternos; que se deje llevar por el mismo sectarismo de aquellos a los que apoya y que, cuando se refiere a sus adversarios políticos, a la derecha en general y al PP en particular, siempre lo haga desde el punto de vista de considerarse en condiciones de ejercer la crítica, no como alguien que simplemente expresa una opinión distinta o contraria respecto a aquella que está contrastando, sino desde la pretensión de estar en un plano superior, una instancia privilegiada, un pedestal sobresaliente desde el cual se dogmatiza, se juzga y se condena la opinión que le resulta desagradable, que va en contra de una idea preconcebida a la que ha decidido convertir en axiomática, indiscutible y, por supuesto, radicalizada. Hablamos, en este caso, del diario La Vanguardia y, cómo no, de su director el señor Marius Carol.

Podemos entender que, cada día que pasa y, visto como el Gobierno del señor Sánchez está demostrando su pleitesía hacia el separatismo catalán (seguramente para complacer a su socio de gobierno el señor Pablo Iglesias), se sienta fortalecido en su postura de apoyo a la causa soberanista, se considere en condiciones de utilizar la atalaya que le presta su cargo dentro de su periódico y, de paso le permita, ya sin tapujos, circunloquios, excusas o camuflajes, cargar contra aquellos partidos de derechas a los que él y sus cómplices de la Generalitat ( por cierto ¿cuánto reciben de subvenciones del gobern catalán, para que les ofrezca páginas enteras de La Vanguardia ( página 7 de la publicación del13 de febrero del 2020), con el solo objetivo de hacer propaganda de que, en España, el 30% de las exportaciones del Estado son catalanas”) les tienen declarada guerra a muerte. Claro les cuesta reconocer que Cataluña ya no es la autonomía más importante en cuanto a producción de toda España, superada por Madrid y, de alguna manera, hay que intentar desmerecer los éxitos de la comunidad madrileña.

Es evidente que, en todo caso, las posibilidades de que Cataluña llegue a tener un gobierno de derechas son mínimas, tal y como parece que se están situando las izquierdas y lo poco que van a poder hacer los antiguos miembros de la casta pujolista, para conseguir implantar una administración catalana de talante capitalista. Muy curioso, si tenemos en cuenta que se trata de una empresa del grupo Godó, de los condes de Godó, grandes de España o ¿acaso no tan grandes, si tomamos en consideración la poca defensa que hacen de la Corona y sus coqueteos con los partidos separatistas catalanes de los que, por cierto, reciben sustanciosas subvenciones y, seguramente, pingües y sustanciosos contratos publicitarios, concertados con el Gobern de la Generalitat catalana.

Le ha faltado tiempo, al señor Carol, para poner de chupa de dómine a un parlamentario del PP, porque en su discurso, oponiéndose al proyecto de Ley socialista de legalización de la eutanasia, había sacado a relucir un hecho que, conociendo el paño de comunistas y socialistas respecto al aborto, sabiendo que han entrado en una espiral de aumento sin control del gasto público y, a la vez de incremento desmesurado de la carga fiscal sobre la ciudadanía española ya, de por sí, suficientemente baqueteada y castigada, debido al insoportable pero de la fiscalidad catalana que está obligada a soportar; sin olvidarnos de que, estos impuestos con los que se nos amenaza, también van a gravar a las empresas a las que, para más INRI ya se les anuncia que no van a poder despedir ( reforma de la reforma laboral impulsada por el PP, previo requerimiento de la UE) junto a una serie de decisiones que pueden afectar directamente al consumo, al empleo, a la competitividad, a nuestra proyección internacional, con la amenaza de que nuestro enfrentamiento absurdo con el señor Trump, presidente de los EE.UU pueda dar lugar a que a las pegas que ya estamos padeciendo, que afectan a nuestras exportaciones de vinos, olivas etc. puedan irse añadiendo otras que contribuyan a que nuestra economía, ya de por si mediatizada por un estancamiento inoportuno, deba sufrir otro frenazo debido a la falta de una diplomacia adecuada de nuestro Gobierno.

Y es que cuando, el señor Carol, hace mención del CIS (este organismo convertido en una de las instituciones al servicio directo de la Moncloa) se olvida de que todo lo que sale de él ha sido supervisados por el señor Tezanos, un personaje que en las últimas estadísticas de intención de voto, después de la serie de errores y torpezas cometidas por el gobierno socialista de Sánchez, se atreve a pretender que creamos que el PSOE, en lugar de bajar en intención de voto como seria previsible, ha subido y que, los partidos de centro y derechas han bajado. ¿Ustedes pueden darle credibilidad alguna a esta afirmación del señor Carol de que: el 70% de los españoles son favorables a regular por Ley la eutanasia? Verá, cuando se hacen encuestas deberíamos conocer de qué forma se ha llevado a cabo el trabajo de campo. Nos encantaría saber qué porcentaje representan los consultados de edades superiores a los 60 0 70 años.

También sería muy útil saber si a los consultados se les ha presentado la alternativa de los cuidados paliativos de los que ya tenemos derecho y que son una parte importante para la garantía de un final sin dolor para aquellas personas que están viviendo la etapa final de su existencia o la de un procedimiento radical como es el de eutanasia.

Para usted, señor Carol, el que un diputado pueda pensar que los socialistas y comunistas impulsen una eutanasia para aligerar las cargas de la Seguridad social es algo aborrecible. Algo que califica usted de razonamiento soez, ¿no es cierto? Pues no esté tan seguro porque en lo que han venido legislando últimamente y los proyectos que quedan está la ampliación de la Ley del aborto, algo a lo que no hace mención pero que estadísticamente significa que en España se producen 100.000 abortos cada año. Para mí 100.000 asesinatos con alevosía. ¿Acaso el preservar la vida de un niño para usted no es tan importante como para calificar al aborto de algo soez?

No pretenda incluir datos parciales en sus argumentaciones. En primer lugar porque nos gustaría saber si es cierto que se ha consultado a todos los médicos de Madrid o se trata de una opinión de los miembros del Colegio de Médicos de la capital de España porque, como es evidente España no es sólo Madrid y dudamos muchos que todos los médicos de este país estén conformes, como parece ser que opinan los de Madrid, en romper su juramento Hipocrático? ¿Es o no soez el hacerlo, señor Carol?

Es usted dueño de opinar como le dé la gana, pero con el mismo respeto que usted pide para sus opiniones debe respetar las ajenas. Se expone, de no hacerlo, que alguien que no se deje impresionar por su cargo de director, le recuerde que también es soez, irresponsable, anticonstitucional, delito penal y de lesa patria, el que unos pocos españoles, que no merecen ser considerados como tales, se levanten en contra del Estado español; se constituyan en un frente en contra de las leyes y la Constitución a las que prometieron respetar y obedecer intentando, con su desobediencia y desacato a las leyes estatales, sus actuaciones, sus actos de rebeldía y su acción desestabilizadora, trasladada al extranjero, para agravar su responsabilidad y la de todos aquellos que vienen contribuyendo a que, esta situación de desacato, se siga prolongando. Sin olvidarnos de la que les corresponde a quienes nos gobiernan, para los que esperamos que, si no rectifican, deban responder ante la Justicia de sus intento de conseguir perpetuarse en el poder a costa de ir cediendo parcelas de soberanía nacional a los insurrectos catalanes y vascos.

Siempre el mismo sonsonete, siempre las mismas acusaciones, siempre la balanza a favor de las izquierdas, nunca reconocer sus propios errores, sus responsabilidades, sus actuaciones impropias y su falta de moral y ética, pese a que siempre se las han dado de tener esta superioridad ética que ellos mismos se han adjudicado pavoneándose de estar por encima, moralmente, del capitalismo. Y es que no hay más cera que la que arde. España antes de que llegara la crisis del 2008 fue una nación próspera, con poco paro, reconocida internacionalmente, sin enfrentamientos entre los españoles de uno u otra región, un paraíso para los extranjeros y sin problemas o sea nada que que permitiera pensar que sólo, en unos pocos años, incluso una vez superada en gran parte la crisis, gracias al PP, nos íbamos a encontrar divididos, en peligro la unidad de España, en manos de comunistas y socialistas, con la propiedad privada en peligro, con la amenaza de un nuevo estancamiento económico, con el peligro de que sea el Estado el que disponga quién ha de vivir y quién ha de morir y, formando parte de todo esta sinrazón y desorden, todos aquellos ingenuos que siguen creyendo que los niños vienen de Paris o, prefieren seguir pensando que los perros se atan con longanizas, sin tener en cuenta que el lugar hacia donde nos conducen ellos y los que piensan del mismo modo será, finalmente, a uno de estos paraísos comunistas como el que preside el señor Maduro de Venezuela. Algunos de nosotros tuvimos ocasión de conocer aquellos tiempos a los que estos intelectuales que se las dan de enterados, parece que intentan llevarnos de nuevo: no se lo recomiendo, créanme.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos quejamos de que hayamos entrado, como ya sucedió en vísperas de la Guerra Civil (afortunadamente, hasta ahora, sin asesinatos que lamentar) en una etapa de nuestra historia en la que, como en 1936, parece que se intenta tensar el elástico de la capacidad de aguante de un sector de la ciudadanía española, al que se pretende crucificar políticamente, ningunearlo, presionarlo y poner a prueba su resistencia a reaccionar. Una vez ocurrió algo semejante y el resultado fue tan violento que, todavía ahora, nos estamos lamentando.

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