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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El malestar cunde en el PP ante el cara a cara Rajoy

“Hay un límite donde la tolerancia deja de ser virtud” B.Burke
Miguel Massanet
sábado, 19 de julio de 2014, 08:44 h (CET)
Algo no funciona en el partido del Gobierno y una de las cosas en que más se nota es en el paulatino distanciamiento del señor Rajoy y su ejecutivo de los afiliados y simpatizantes del partido que lideran. Es evidente que algunas de las decisiones que la cúpula del PP ha tomado últimamente, su evidente exceso de tolerancia ante las continuas y, cada vez, más temerarias amenazas de los separatistas catalanes, en su empedernido camino en busca de la independencia de Catalunya; no vienen sentando bien en aquellos sectores del partido que ven en ello una evidente omisión de las responsabilidades que le corresponden al Gobierno en cuanto a exigir, sin ningún tipo de concesiones, el cumplimiento de la Constitución a aquellos gobiernos autonómicos que parece que han decidido hacer caso omiso de ella y de lo que puedan opinar el resto de los españoles.

Ahora parece que el malestar ya no se reduce solamente a los cientos de miles de españoles que residimos en la comunidad catalana que observamos, pasmados, como el Gobierno permanece de brazos cruzados mientras los separatistas desprecian las sentencias de los tribunales; hacen caso omiso de las leyes que ellos creen que no les favorecen; desafían impunemente al Estado español y asumen funciones y responsabilidades que no les competen; creando órganos, comisiones y buscando asesoramientos jurídicos con el exclusivo fin de ir preparando un futuro gobierno independentista catalán. Y no es que haga unos pocos días que esto sucede, ni que todas estas actividades secesionistas las desarrollen en la clandestinidad ni que los políticos se escondan de sus claras intenciones de separar la autonomía catalana del resto de España porque, señores, todo ello sucede a la vista del Gobierno que permaneced ciego, sordo y mudo ante tan evidente desafío a la unidad territorial española y al mismo Estado de Derecho.

El señor Rajoy es cierto que, en sus declaraciones, se muestra firme en su postura de no negociar el tema de la consulta por el derecho a decir, en la que están empeñados el señor Mas y todos los partidos que le apoyan. Sin embargo, es de dominio público que se están usando intermediarios, se mantienen conversaciones off de record entre responsables del ejecutivo y de los partidos independentistas y que algo se está cociendo detrás de las bambalinas, de lo que sólo están enterados algunos privilegiados de ambos bandos. No ha pasado por alto el retraso en lo que debían ser las reformas previstas en la financiación de las autonomías, algo que sólo se puede interpretar como el evidente rechazo que muchas de las autonomías del PP han manifestado a un posible trato preferencial para Catalunya, que pudiera resultar como moneda de cambio para que renunciasen a sus aspiraciones soberanistas.

Pero los hay, entre los que me encuentro, que están convencidos de que, en estos momentos, el problema catalán no depende de la mayor o menor financiación que puedan recibir del Estado. Hace un tiempo seguramente que ésta hubiera sido la solución pero, una vez que Artur Mas lanzó su órdago, reclamando la soberanía y el señor Junqueras le tomó de la palabra obligándole, contra viento y marea, a mantener su promesa si es que quería el apoyo de ERC; CIU ha quedado atrapada por sus propias palabras y, una gran parte de la población catalana, está convencida de que lo que les conviene es separarse de España; aunque se les haya repetido por activa y por pasiva que, en tal caso, los problemas económicos que tendrían que afrontar serían tales que, con toda seguridad, en poco tiempo se verían abocados a la quiebra soberana. Se ha dejado transcurrir demasiado tiempo intentando reconciliarse con los políticos catalanes, pensando que, en un momento determinado, podrían cambiar de posición y, con ello, la del resto de los ciudadanos catalanes. Este tiempo puede pesar como el plomo a la hora de buscar solución al conflicto.

Lo que, en un principio, fueron meros recelos de unos cuantos; a medida que los separatistas se han ido envalentonando, avanzando en sus reclamaciones y endureciendo sus posturas, cada vez somos más los que empezamos a pensar que, lo que le ocurre al señor Rajoy y su grupo, es que no tienen clara cuál debe ser su postura y, en consecuencia, van intentando tapar agujeros y poner parches pensando, quizá, que con ello puedan acabar la legislatura para pasarles el “marrón” al gobierno que los suceda. Es posible que, por ello, un grupo de los más influyentes “barones” del PP, hayan empezado a mostrar su descontento por la forma en la que, el Gobierno, enfoca el desafío catalán y lo han hecho con claridad, sin ambages y en román paladino. No están dispuestos a cambiar independencia por mejoras especiales para los catalanes, tanto en cuanto a una financiación especial, como en tanto a otras cesiones, como pudiera ser el considerar el catalán como la única lengua oficial en Catalunya o el darles autonomía en materia de enseñanza o en cuestiones fiscales lo que, en definitiva, vendría a suponer el privilegiar a unas autonomías sobre las otras y dejar vacía de contenido la norma constitucional que avala la solidaridad entre todos los españoles.

No debería nuestro Presidente echar en saco roto las advertencias que la señora Luisa Fernanda Rudí, en el debate sobre el estado de la región (Aragón) ha formulado “No aprobaremos nunca una reforma que avale modelos que ofrezcan comodidad a Catalunya frente a otras regiones” o las declaraciones del presidente de Baleares, Jose´Ramón Bauzá cuando ha dicho que “si hay reforma debe ser a base de intereses generales y, en ningún caso, para atender a necesidades particulares”. En esta misma línea, personalidades del partido tan importantes como Núñez Feijoo se ha expresado, afirmando que la crisis “no se resuelve a banderazos” ni “ a media luz” o la política de “los reservados”.El extremeño Monago no se corta cuando afirma, con contundencia, que es preciso “blindar las competencias del Estado, fortalecer la nación, y garantizar la solidaridad de las regiones” y el presidente de la comunidad madrileña Ignacio González que, como ya ha manifestado repetidamente, deja claro que no está de acuerdo en “intercambiar independencia por dinero”. Ya no nos encontramos ante la opinión de un solitario díscolo sino que, a medida que pasa el tiempo y el inmovilismo del señor Rajoy se va acentuando, aparece con más fuerza la desconfianza, el temor y la inquietud de los propios colaboradores autonómicos del PP, que empiezan a compartir la idea, que hace tiempo se tiene en las bases del partido, de que no se tiene un plan preparado y una salida prevista para poner coto a la amenaza separatista de los catalanes.

Lo peor que le podría suceder en estos momentos al PP, ya suficientemente baqueteado por la necesidad de imponer recortes y reducir el famoso “ estado del bienestar” del que gozaban los españoles; sería mostrarse débil, tolerante, pactista y contemporizador ante las demandas de Mas y Junqueras. Cualquier cesión, por pequeña que parezca, será utilizada por el nacionalismo catalán como una muestra de flaqueza del Gobierno de la nación. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadanos de a pie, vemos compungidos como progresan los que buscan alejarse de España.
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