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Opinión
Etiquetas:   Cartas a un ex guerrillero  

Orientación de la opinión pública

Sor Clara Tricio
Sor Clara Tricio
lunes, 13 de noviembre de 2006, 07:34 h (CET)
Querido Efraín:

Los hombres no han de limitarse a confiar sólo en el esfuerzo de unos pocos descuidando su propia actitud. Los gobernantes, como gerentes que son del bien común de su propia nación y promotores al mismo tiempo del bien universal, están muy influidos por la opinión pública y por los sentimientos que emanan del propio ambiente. Nada puede hacerse en favor de la paz si los sentimientos de hostilidad, desprecio, desconfianza, odios raciales y tercas ideologías, dividen y enfrentan entre sí a los hombres. De ahí la necesidad de una reeducación y de una nueva orientación de la opinión pública.

Los que se dedican a la educación, sobre todo de los jóvenes, o tienen misión de orientar a la opinión pública, han de inculcar en las mentes a su alcance sentimientos que lleven a la paz. Es necesario que todos conviertan su corazón y abran los ojos al mundo entero pensando en lo que se podría realizar en favor del progreso del género humano.

No podemos engañarnos con falsas esperanzas. Mientras no desaparezcan enemistades y odios, y no se establezcan sólidos y leales pactos para el futuro de una paz universal, la humanidad, a pesar de su admirable progreso científico, puede llegar a vivir una hora funesta en la que ya no se experimentará otra paz que la paz horrenda de la muerte (la paz de los cementerios). Idea muy alejada de la auténtica paz del alma propia de los hombres de buena voluntad. Ahora, todavía, se está a tiempo para que se opere un cambio en los corazones; hoy, y no mañana, es el día para la salvación.

Para construir la paz es preciso que se soslayen las causas de discordia entre los hombres, que son las que engendran las guerras; y, entre estas causas, deben desaparecer en especial las injusticias. No pocas de estas tienen su origen en las desigualdades económicas, y, también, en la lentitud con que se aplican los remedios necesarios para corregirlas. Otras injusticias provienen de la ambición de dominio, del desprecio a las personas, o, si queremos buscar causas más profundas, las encontraremos en la envidia, la desconfianza, el orgullo y los egoísmos. Como la naturaleza del hombre no puede soportar tanto desorden, de ahí se sigue que, aun cuando no se llegue a la guerra total, el mundo se ve envuelto en permanentes contiendas y violencias.

Estos mismos males se encuentran también en las relaciones entre las diversas naciones. Por ello, se hace imprescindible que, para superar o prevenir esas discordias y acabar con las violencias, se busque, como mejor remedio, la cooperación y coordinación entre las instituciones internacionales, estimulando sin cesar la creación de organismos que promuevan la paz.

Os envío los mejores deseos, y con la esperanza de que sigáis todos bien, recibir un cariñoso saludo, CTA.

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