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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

J. Carrillo emula a don Santiago y se alía con P. Iglesias

Pablo Iglesias ha suscitado de inmediato las simpatías del señor Carrillo
Miguel Massanet
viernes, 18 de julio de 2014, 07:14 h (CET)
Estamos, evidentemente, en otros tiempos o, al menos, para cierto número de ciudadanos se piensa que vivimos en una democracia aunque, para otros, dista mucho de serlo; pero, en todo caso, no se puede decir que la actual España se encuentre en las mismas condiciones en las que se desenvolvía nuestra nación en aquellos turbulentos años treinta del siglo pasado. Existen muchas familias de derechas y católicas que han tenido descendientes que les han salido comunistas y ateos mientras otras han padecido el fenómeno contrario; pero en el caso del hijo de Santiago Carrillo, José Carrillo, el hijo ha salido de la misma casta que su padre y es posible que, incluso, le sobrepase en cuanto al reconcomio que alberga su corazón comunista en contra de aquellos que, curiosamente, permitieron que regresara su padre desde el exilio y se beneficiara de una ley de Amnistía, que le permitió esquivar la acción de la justicia.

Lo cierto es que, sobre el antiguo jefe de las Juventudes Socialistas, Santiago Carrillo (aquel que tanto influyó y participó en la revolución de Asturias de octubre del año 1.934, en contra de la República); pesaban graves cargos por su, más que demostrada, implicación en las “sacas” de las cárceles de Madrid, a principio de la Guerra Civil, que acabaron con la famosa masacre de supuestos defensores de la derecha, en lo que fue el escándalo de los asesinatos en masa ocurridos en Paracuellos del Jarama, que tuvieron lugar el 7 de noviembre de 1.936, cuando S.Carrillo era Consejero de Orden Público de Madrid. Numerosos historiadores han constatado la responsabilidad que tuvo en aquellos horribles crímenes, cuya cifra total, según Gibson, supera las 2.000 personas y para otros alcanzaron los 2.400. Sin embargo, pudo regresar a España gracias a Adolfo Suárez y a la generosidad de los que todavía hubieran podido hacer valer la herencia de Franco, en aras a una reconciliación nacional.

Quizá uno de los errores cometidos por Suárez fue que no tuvo en cuenta que la generosidad de la derecha iba a ser traicionada, a la primera ocasión que se les presentó, por aquellos que fueron incapaces de aceptar que España, lo que de verdad necesitaba, era que se olvidaran las heridas de la guerra, que afectaban por igual a ambos bandos, y emprender la reconstrucción nacional en un país democrático y bajo una Constitución que obligaba por igual a todos los españoles. La realidad, por desgracia, nos ha enseñado que las izquierdas nada más admiten la democracia cuando están en el poder y favorece a sus intereses pero, como sucedió en el año 1.934, cuando las derechas gobiernan, se ven en el derecho de saltarse las leyes, apoderarse de las calles, olvidarse del veredicto de las urnas y utilizar todos los medios, de los que están tan bien surtidos, para atacar el Estado de Derecho y derrocar a aquellos que legítimamente ostentan el poder.

El paso del señor J.Carrillo por la UCM, de la que fue nombrado rector, ignoro como lo pudo conseguir pero es evidente que el, a veces absurdo, fair play tan propio de las derechas ( las izquierdas cuando están en el poder, como se ha demostrado en Andalucía, no tienen empacho alguno en olvidarse de las normas para colocar a quienes les interesa apoyar en los puestos que desean, aunque no sean de funcionarios); se ha caracterizado por convertir aquella universidad en el Kominform de las universidades españolas, ejemplo de la rebelión contra el orden establecido y del más fanático espíritu totalitario ya que, en dicho recinto universitario, es imposible que cualquier político que no sea de izquierdas pueda dar una charla, una conferencia o expresar libremente sus ideas; tal fue el caso de Rosa Diez y lo mismo ocurrió cuando, el entonces ministro de Industria, Josep Piqué, quiso celebrar una conferencia. No ha habido altercado estudiantil en Madrid en el que los alumnos de la UCM no hayan participado activamente, siempre con la complacencia, pocas veces disimulada de su rector, señor Carrillo.

Como no podía ser menos, la aparición en escena de este nuevo agitador de masas, el señor Pablo Iglesias, ha suscitado de inmediato las simpatías del señor Carrillo, que ha visto en él un elemento capaz de colaborar eficazmente en la tarea de adoctrinar, a los españoles, en las empolvadas doctrinas del más rancio comunismo, al estilo del que propugnaba, con algo más que palabras, el señor Carrillo padre. No podía dejar pasar la ocasión de congraciarse con el asesor del señor Maduro de Venezuela y, por ello, ha querido premiar al antiguo profesor interino de la facultad (no es de extrañar que el señor Iglesias hubiera formado parte de los profesores, aunque no catedrático, de la UCM, verdadero semillero de activistas revolucionarios) y, por ello, le ha faltado tiempo para ofrecer nombrar a don Pablo “profesor honorífico de dicha institución académica”. El profesor Carrillo “espera que Pablo Iglesias lo acepte y así pueda seguir vinculado…” por aquello de que cualquier propaganda gratis para el comunismo universitario siempre es recibida con agrado por don José Carrillo.

Lo cierto es que, a este señor, parece que le gusta ocupar los titulares de la prensa y como: comunismo, intransigencia, falta de respeto por las ideas contrarias, absolutismo y anticlericalismo son todo la misma cosa y, como parece que no tiene algo mejor en lo que ocupar su “valioso tiempo”, el profesor Carrillo, digno sucesor de su padre, don Santiago, ha decidido poner su granito de arena en esto de dinamitar todo vestigio de la Iglesia católica, por lo que no ha tenido el más mínimo reparo, con la absurda y descerebrada excusa de que quieren construir una nueva aula en el lugar que ocupa la capilla de la facultad de Geografía, ha sacado, poco menos que a cajas destempladas, de su antigua ubicación la capilla, el sacerdote oficiante y los feligreses que habitualmente acudían a ella para buscar la paz y, a cambio, los ha enviado, como en un intento de aumentar la humillación para los antiguos usuarios, a un local de apenas 10m2 en el que o se ponen los bancos o se permite entrar a los fieles, porque allí es imposible meterse como no sea que el altar y el oficiante se queden fuera del local.

Ahora, a la vista del revuelo que se ha armado con tal decisión, parece que quiere salvar la situación con un pretendido remedio, consistente en habilitar un local en el que, todas las comunidades religiosas, puedan celebrar sus ritos. Un proyecto que tiene todos los visos de quedar en la carpeta que siempre se queda abajo del montón, cuando hay otros proyectos en los que el profesorado puede estar interesado, que tienen preferencia. Una muestra más del concepto que tienen de las libertades individuales, de los derechos religiosos de cada uno y de los prerrogativas consuetudinarios de los alumnos católicos, que todavía hay en la universidad, de poder acudir a exponer sus problemas a quien tiene más mando en plaza que el propio señor Carrillo, Dios.

Una muestra más de la situación verdaderamente abracadabrante en la que se encuentra nuestro país. Falta de moral, falta de ética, falta de principios, falta de patriotismo, falta de seguridad, falta de sensatez y, finalmente, falta de unidad y solidaridad. No se puede decir que España se encuentre en el mejor momento de su Historia. Puede que estemos equivocados en nuestro razonamiento, pero mucho nos tememos que ya empieza a ser tarde para remediar tanto destrozo. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, contemplamos este panorama tan desolador.
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