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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Camarillas estúpidas

¿Cómo se le queda la cara cuando observa que se pierden las ayudas por el camino?
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 18 de julio de 2014, 07:05 h (CET)
Hacemos poco hincapié en los colaboradores de los eventos, mientras los espabilados acaparan los réditos de la fama, los caudales o cualquier beneficio accesible. El chasco de quienes colaboraron en empresas orientadas al bien común, su frustración, con reclamación o no de su protagonismo; contrasta con los encubrimientos de quienes formaron parte de maniobras intempestivas para aprovecharse del común de los sujetos confiados. Ni el conformismo ni la complicidad merecen el SILENCIO de la comunidad, por razones bien distintas.

El muestrario del papel deslucido que desarrollan muchas agrupaciones en torno a sus gestores principales es evidente y visible para todo quisque. ¿Se le hace caso? ¿Ni se tienen en cuenta esas muestras? Como decía, cuando uno ofrece colaboración a organizaciones benefactoras. ¿Cómo se le queda la cara cuando observa que se pierden las ayudas por el camino o comprueba montajes ajenos al propósito inicial, pero efectuados a expensas de los recursos aportados? El DESENGAÑO pudre las mismas estructuras organizativas. ¿Nadie lo intuía? ¿Será verdad que todos los intervinientes estaban alelados, sin percibir las turbias maquinaciones? ¿Podridos también?


Independientemente de lo que venga en determinar la justicia, demos un recorrido por las andanzas que van saliendo a la luz con respecto a la ONG relacionada con el afamado consejero valenciano BLASCO, dimitido ahora y experimentado en numerosos puestos administrativos de diferentes épocas. Para la recogida de recursos resultaron buenas todas las vías, contando con la generosidad de la administración, de la que formaba parte dicho consejero. Las cifras conseguidas eran millonarias. Con tanto capital, Nicaragua recibiría un buen impulso para su recuperación.

Pero, hete aquí, una becaria percibió con extrañeza las escasas realidades plasmadas en el país destinatario; muy pocas, a la vista del rimbombante caudal acumulado. Cada nueva comprobación ratificaba las primeras sospechas. Algo se quedó en el camino. ¡La mayor parte! Los primeros improperios emitidos desde el entorno de Blasco, no parecieron suficientes para apagar las alarmas. El DESFASE era de una magnitud, que las dudas empezaban a desmoronarse por su propio peso. La proporción del contingente llegado a su destino es minúscula. En cuentagotas vamos conociendo los datos, porque es comprensible, que desde los implicados no podemos esperar colaboraciones eficaces para el esclarecimiento de sus trapisondas.

Parecía una buena orientación de las donaciones del gobierno autonómico, con el consejero aludido entre bambalinas. Las TRAMOYAS impresentables estarían pergeñando sus estrategias. Después aparecen empresas colaboradoras, que no confirman el carácter gratuito de sus prestaciones, sus beneficios surgen de la labor empresarial; serían los beneficiados de aquí. ¿Cuántos familiares del señor Blasco o gente afin estaban implicados en esos contratos? Suponemos una gran cantidad de directivos en dichas negociaciones.

Pero al parecer hubo más, y peor, la adquisición con aquel dinero de bienes inmuebles y quién sabe que otros destinos sufriría el capital. Está meridianamente clara la presencia de ciertas cabezas pensantes en la cúspide; pero también de las numerosas personas, colaboradoras imprescindibles en las diferentes fases de las maniobras. Y no hubo denuncias ni interrupciones de la malversación en aquellos momentos. ¿Cuánta ESTUPIDEZ pululaba en tales entornos? El deshilache de la madeja no es tan sencillo a medida que pasaron los meses.

También en el caso Nóos, desde URDANGARÍN a sus socios, hubo mentes ejecutivas de alto rango para el establecimiento de una trama mágica. Su arte conseguía pagos de ingentes cantidades, difíciles de contar para la gente corriente; era una obra superlativa, algunos de esos cobros los recibían sin contraprestación alguna. Las buenas relaciones entre otras cosas tienen eso, consiguen lo impensable. Veremos en que queda la justicia ante estos individuos; es buena ocasión para que comprobemos si es igual para todos. ¿Lo pensamos así?

Las intervenciones en torno al caso Nóos arrastran cosigo la RESPONSABILIDAD de las camarillas, que unos las verán como cómplices y otros como gente estúpida. El dinero público de Ayuntamientos, corporaciones, clubs o empresas amarillas, acudió al requerimiento de las mágicas propuestas reseñadas. ¿Con inocencia por falta de asesores cualificados? ¿Tan ilustres y no percibían la trama? No es creíble la respuesta afirmativa. Los mismos diputados, como legisladores, no legislaron contra esos dispendios. La meticulosidad del entorno de la realeza para protocolos y diversas salsas, desapareció con el afamado yerno. Quizá tampoco extrañe el papel de la esposa, fuertes gastos, compra de palacete y firmas; pero sin responsabilidades en los trasiegos. Curiosas camarillas.

Mucho hay escrito sobre el lastre de gente adherida a determinadas componendas, con el carácter repulsivo de no dar la cara y nadar entre dos aguas; aparentan el desconocimiento de las maldades, pero extrayendo satisfacciones de la situación. A veces sólo trabajo, otras suplementos dinerarios, consideración en el grupo o servicios a su ideología; no es raro que justifiquen las peores actuaciones. Toda la recua de informadores, colaboradores o contemplativos cercanos a ETA, puestos intermedios en el Holocausto, inversionistas en empresas que esclavizan a sus trabajadores (India, África); son ejemplos despreciables de lo dicho.

Cuesta creer, es realmente increible, que la Junta de Andalucía, creadora de las normas y sus organismos de teórico control; con tantos intervinientes en cadena, no detectara las trampas de los ERES. O que los sindicatos no tuvieran claro como se distribuiría el montante de los cursos fraudulentos o del entorno de los parados. La lista, como sabemos de sobra, tiene prolongaciones inverosímiles.

Al fin, la denominación de las camarillas como las citadas admite casi todos los calificativos. Las hay con matices muy diferenciados y dependerá del sector social que las esté observando. Las colaboraciones suelen ser delatoras, demuestran el perfil y la catadura de los implicados. Escudados en los promotores y en aquello del menor grado de responsabilidades, las barbaridades cometidas alcanzan cotas terribles. Asombra la ligereza con que abordamos esta carga deshumanizada, asociada a las conductas impropias. Ejercen como una NEBULOSA, que empaña la visión y permite la continuidad de la perversión.

Digamos que estas formaciones constituyen una figura humana repetitiva, un ESTEREOTIPO, con cuya presencia hemos de convivir, a la vista de su imposible erradicación. Es cierto que nadie puede permanecer aislado, las conexiones sociales son penetrantes. El resquicio de la dignidad personal favorece el mantenimiento de la integridad, con decisiones propias maduradas. Cuando dicha dignidad flaquea, inclinamos la balanza hacia la complicidad o la estupidez, ambas de difícil retorno.
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