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El fumador pasivo

Francisco Arias Solís
Redacción
lunes, 13 de noviembre de 2006, 07:34 h (CET)
“Un día más ya es un milagro”

Gloria Fuertes.

Todo empezó hace algo más de cinco siglos con un amistoso regalo de los indios a los descubridores. Aunque nos conste que Rodrigo de Jerez fue quien trajo el tabaco a España. Los españoles pronto hicieron uso de esas “hojas mustias y secas”, como describiera Cristóbal Colón en su diario de a bordo a la Nicotiana tabacum, por la “especie de borrachera” que producía la inhalación de su humo.

Cinco siglos más tarde el consumo de tabaco es considerado como una de las mayores plagas sanitarias, causante directo de la muerte de millones de personas en todo el mundo. El tabaquismo es el factor más importante de muerte prematura a prevenir en los países occidentales, haciéndole responsable del 15 por ciento de las muertes prematuras.

Actualmente se considera que casi la tercera parte, un 30 por ciento de todas las muertes de cáncer son atribuibles en mayor o menor medida al tabaco e igualmente se le considera responsable del 75 por ciento de los casos de bronquitis crónica y del 25 por ciento de los de cardiopatías.

Si bien es verdad que los españoles llevamos pocos meses “dejando de fumar”, parece que ya se vislumbran los primeros frutos, observándose una tendencia descendente en el consumo del tabaco. No obstante, España sigue ocupando junto a Chipre y Grecia, un liderazgo entre los países de la Unión Europea con mayor número de fumadores dentro del ranking mundial que encabezan, por este orden, Chipre, Grecia, Cuba, Canadá y Estados Unidos y España con un consumo anual por persona entre 2.500 y 3.000 cigarrillos.

Entre los cerca de 4.000 compuestos conocidos que están presentes en el humo de tabaco, una gran parte de ellos posee potencial mutágeno y carcinógeno. Hoy está plenamente demostrado que ciertas sustancias, como la nicotina o el alquitrán y el monóxido de carbono son peligrosos para la salud. Los compuestos cancerígenos e irritantes del alquitrán son responsables de la patología respiratoria de los fumadores, mientras que la nicotina y el monóxido de carbono son responsables del aumento del riesgo cardiovascular.

Frente al consumo de otras drogas la drogodependencia del tabaco fumado presenta además un grave inconveniente, ya que, no sólo mina la salud de los usuarios, sino también, de las personas del entorno, que inhalan involuntariamente el humo del tabaco.

La mayor parte del humo que inhalan los fumadores pasivos procede de la llamada corriente secundaria que se origina cuando el cigarrillo, puro o pipa se consumen por sí sólo sin mediar aspiración del fumador. El análisis de la corriente secundaria ha puesto de manifiesto que la concentración de determinadas sustancias cancerígenas es muy superior a la hallada en la corriente principal o corriente de humo que se genera cuando el fumador aspira y que circula a través del cigarrillo hasta llegar a la boca.

Por otro lado, se ha podido precisar que un fumador pasivo que se halle expuesto al humo del tabaco durante una hora, puede llegar a inhalar la cantidad equivalente al consumo de 2 o 3 cigarrillos, dependiendo eso sí, de la cantidad de humo ambiental y de la ventilación del local. Todo ello significa que en determinados casos el fumador pasivo puede hallarse expuesto a la acción de cantidades superiores de componentes nocivos del tabaco a las que está expuesto el propio fumador activo. Se calcula que en España habría unos cinco millones de no fumadores que inhalan pasivamente una cantidad de humo equivalente como mínimo al consumo de 3 a 6 cigarrillos.

Centrándose en la relación tabaquismo pasivo y cáncer, algunos trabajos recientes han mostrado que los hijos de padres fumadores presentan un riesgo de padecer cáncer un 50 por ciento mayor que los niños de padres no fumadores. Indiscutiblemente, el fumador pasivo que más sufre el azote del tabaco es sin duda el niño que se está formando en el claustro materno.

Hace unos pocos meses han comenzado a soplar “nuevos aires” sin humo de tabaco, y, contra viento y marea, se ha puesto en marcha la aplicación de la Ley Antitabaco. Los fumadores pasivos esperan de esta Ley que llegue el “aire prometido”, tras cinco siglos de sometimiento al humo de tabaco, y, que se respete el derecho a respirar aire no contaminado con humo de tabaco en lugares públicos y en el ámbito laboral. Aunque, como dijo el poeta: “El final / no se sabe hasta el final”.

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