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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Comentarios de un profano sobre el Mundial

Nos alegramos de que sea la primera vez en la que, un equipo europeo, haya conseguido traerse la Copa del Mundo para casa
Miguel Massanet
martes, 15 de julio de 2014, 07:03 h (CET)
“El deporte es el esperanto de todas las razas”
J. Giraudoux

Debo confesar que mis conocimientos sobre un deporte, que despierta tantas pasiones, como es el fútbol, son muy limitados; lo que no quita que me guste presenciar determinados eventos que por su trascendencia deportiva, por lo que implican de orgullo nacional y por la vistosidad con la que se presentan, ya representan en sí un espectáculo entretenido y grato de ver. Ayer, como tantos millones de espectadores que se asomaron a la TV, contemple el partido final de esta Copa del Mundo de fútbol, convenientemente arrellanado en mi butaca favorita, libre de los nervios y la presión que, seguramente, atenazaron durante los ciento y pico de minutos que duró el evento a aquellos seguidores incondicionales y patriotas que siguieron con el alma en vilo las vicisitudes del partido entre los alemanes y los argentinos.

Pero, precisamente por el desapasionamiento con el que presencié el encuentro quizá tenga más posibilidades de emitir un juicio, si no técnico, al menos deportivo, de lo que me parecieron aquellos 113 minutos de juego, porque los que siguieron al gol alemán fueron simplemente de relleno, debido a que las fuerzas ya no respondían en ninguno de los dos equipos. Un partido entretenido hasta para los no aficionados, en el que hubo momentos en los que parecía que unos llevaban la batuta y otros en los que la llevaba el contrario. En todo caso nos pareció que en el juego argentino, especialmente en la zaga, los centrales se mostraron más “contundentes” con sus rivales y, un excelente jugador como es Mascherano, no dudó en emplear la dureza en sus marcajes a los alemanes; algo que ya le valió una amarilla y que sólo la pasividad del “trencilla”, señor Rissoli, a mi entender bastante inclinado hacia el lado argentino, y su falta de vista impidió que, en las dos ocasiones en las que el futbolista repitió sus entradas, recibiera lo que hubiera representado la roja que lo expulsara del terreno de juego. No se atrevió el colegiado a tanto y, por tanto, erró consciente de que lo hacía.

Un comentario sobre la forma en la que los locutores de TV5, cadena desde la que vimos la retrasmisión de tan trascendental partido. No sé ni sus nombres ni tengo interés alguno en conocerlos, pero cuando se trata de una retrasmisión de tanta responsabilidad huelgan los favoritismos personales, los comentarios presuntamente técnicos y las exclamaciones exageradas, siempre a favor del equipo argentino y las descalificaciones, también exageradas, con las que restaban méritos al equipo alemán. En estas ocasiones y, todavía más cuando se trata de dos equipos foráneos los que se juegan el título; huelga todo lo que no sea la objetividad, la prudencia, la imparcialidad y la contención por parte de aquellos a los que se les ha encomendado informar a través de las imágenes, de los distintos acontecimientos que se producen en el campo de juego. La adoración por Messí demostrada por los locutores, aparte de desproporcionada, inoportuna y tendenciosa, no estuvo en ningún momento justificada ya que el “pibe” durante este campeonato no ha estado a la altura de lo que se le suele exigir y, en el partido de ayer, pronto se le notó que no estaba en la forma que requería un enfrentamiento de tanta exigencia física. Puede que la fama del argentino le preceda pero tenemos la impresión de que no está en su mejor momento de forma.

Por supuesto que la concesión del “balón de oro” como mejor jugador del mundial, al señor Messí demostró, una vez más, la necesidad de que se meta mano a fondo en esta organización, la FIFA, un tanto trasnochada y dominada por un lobby que, desde hace años, teje y desteje en el mundo del fútbol a su antojo. En todo caso uno tiene la impresión de que, la decisión de conceder al galardón al mejor jugador del Mundial del Brasil, estaba tomada desde antes de que se iniciara el campeonato a favor del argentino porque, si no es así, parece increíble que dicho galardón no cayera en jugadores que habían contraído muchos más méritos para hacerse con él.

Y es que, señores, este campeonato mundial de fútbol, ha estado salpicado, desde el principio, de graves problemas tanto de orden sociológico ( muchos brasileños no estaban conformes con los enormes gastos que suponía su preparación), laborales y políticos; así como desde el aspecto económico y técnico de las obras que fue preciso llevar a cabo para el evento, que sufrieron diversos retrasos en interrupciones no previstas que pusieron en peligro el que estuvieran a punto para la fecha de iniciación del torneo. Es evidente que, a la presidenta señora Dilma Rousseff, la organización del acontecimiento le ha supuesto más quebraderos de cabeza y muchos más dispendios de los que, seguramente, tenía previstos en un principio, cuando se hicieron cargo de la organización de lo que el gobierno brasileño debió considerar como un modo de dar a conocer el país y una mina de oro para las ciudades en las que se celebrarían los partidos del campeonato. Mucho nos tememos que se haya arrepentido de ello en más de una ocasión.

Nos alegramos de que sea la primera vez en la que, un equipo europeo, haya conseguido traerse la Copa del Mundo para casa y, como españoles y europeos, debemos considerar que, aunque la selección española no dio la talla, una pequeña parte del éxito alemán podemos considerar que nos pertenece como miembros de la UE. En esta ocasión, el bloque disciplinado y bien organizado formado por los futbolistas alemanes, ha sido capaz de dar al traste con la tradicional facilidad con la que los futbolistas americanos se desenvuelven con la pelota en sus botas, la proverbial habilidad demostrada en su juego y las genialidades individuales de algunos fuera de serie que han sido capaces de ser la admiración del mundo futbolístico. Pero, alguna vez debía ocurrir que, el trabajo concienzudo, la tradicional disciplina de los alemanes, la capacidad de su entrenador de conjuntar perfectamente su equipo, de modo que cada jugador sabía perfectamente el lugar que le correspondía en el campo, los riesgo que debía asumir y las interconexiones que debía mantener con sus compañeros para garantizar la posesión de la pelota el mayor tiempo posible.


Argentina ha sabido jugarle cara a cara a los alemanes y también dispuso de ocasiones para adelantarse en el partido. Pero, si bien el mediocampista Macherano cumplió con creces con el trabajo que se le encomendó, la falta de Di María y la poca colaboración de un Messí, con destellos geniales pero sin puntería a la hora de enfocar la portería adversaria, junto a una menor resistencia física que se notó en las dos prórrogas, especialmente en la segunda, en la que los jugadores argentinos apenas podían con su cuerpo, lo que les impidió evitar el magnífico gol del recién incorporado Mario Götze, con el que, prácticamente, quedó sentenciado el partido. El entrenador alemán, Loew, también tuvo que ajustar su formación por la lesión de Khedira, un efectivo fundamental para su estrategia, dando entrada a Kramer.

Un partido emocionante, con alternativas, que se resolvió en el último momento a favor del equipo que más méritos había hecho para llevarse el trofeo: el alemán. O así es como, desde el punto de vista de un espectador ocasional, hemos visto este entretenido acontecimiento deportivo.
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09/feb/15    21:03 h.
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