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Etiquetas:   Cesta de Dulcinea   -   Sección:   Opinión

Cromos de vida

Nieves Fernández
Nieves Fernández
domingo, 12 de noviembre de 2006, 07:17 h (CET)
Es inevitable, en cuanto nos llega el otoño y se inicia el colegio aparecen los cromos para coleccionarnos, porque son ellos los que nos coleccionan a nosotros y a nuestros niños, no se crean que es al contrario, son los cromos los que necesitan grandes colecciones de niños a la salida del colegio para intercambiar papelitos de la vida o recuerdos de escuela, o una verdadera amistad, o grandes colecciones de papás que ayudan a sus vástagos para coleccionar juntos vivencias; los cromos parecen estar ahí dormidos y escondidos en el verano y en cuanto cambia el tiempo van y se cuelan en las tiendas de chucherías, en los kioscos, como chuchería numerada de papel que engullimos en tacos o dejamos que ella misma nos engulla en nuestra fantasía.

Sin pensármelo demasiado, recuerdo de niña unos cromos chillones de gran colorido, invadidos por animales de una fauna salvaje, loros, leones, camaleones, animalitos que todos queríamos domesticar de pequeños; después como madre, una colección de graciosos dinosaurios de una serie de televisión que necesitaba ser explotada al máximo y cuyo título no recuerdo ahora pero que nos hizo pasar muy buenos ratos por sus costumbres casi humanas.

Y por supuesto, no son de olvidar la estrella de todos los cromos, los cromos futbolísticos de la Liga de cada año, son como los novios de las quinielas, o los primos de la radio en los programas deportivos, o los amigos de cualquier Plaza Mayor en la mañana del domingo de zapatos nuevos. Si se dan cuenta, no han cambiado demasiado. La receta es fácil y clásica: Un álbum con grapas, con recuadros que hay que rellenar igual que se van rellenando las etapas de la vida, éste no lo tengo, éste sí, luego nos damos cuenta que no todos los cromos los conseguiremos, tampoco los cromos o estampitas de la vida son fáciles de coleccionar, pero todos lo intentamos, ya desde niños admiramos, o mejor envidiamos, a quien no tarda en conseguir completar su álbum o su felicidad completa.

Dejándonos de símiles, destacaríamos el nuevo invento de la ventanilla, el álbum tiene un número determinado de cromos por página o equipo de fútbol y como no caben todos te dan opción del cromo doble, es decir, en un mismo lugar se puede colocar a uno u otro jugador, así cada colección sale diferente, los niños avispados hacen la ventanita, y si antes se pegaban con engrudo para ahorrar o con pegamento, hoy los cromos son autoadhesivos y en el caso del cromo en ventanilla se utiliza el cello, de esta forma el álbum queda de lo más completo. Pero no deja de ser un librito que en cada jornada de la Liga hay que actualizar, si un entrenador se marcha o dimite, como Bakero pues se puede optar por ponerle la ventanilla correspondiente tapándolo, si un jugador se lesiona, como Ronaldo pues se le da la información precisa a la colección o un vendaje, como un belén movible, vamos, que actualiza su fecha en vacaciones de Navidad, pero aplicado a los clubs y a los jugadores. En cualquier caso Raúl siempre será Raúl y sale poco, y Generelo no sale casi nunca, éste es de los más cotizados, esto está claro se corresponde y va en función de la valía del jugador.

La última novedad en cromos de fútbol es incorporar una nueva categoría, que puede ir en paginas centrales, son los últimos fichajes. Luego están los crack, cromos redondos y especiales que puedes conseguir en la crema con avellanas televisivamente anunciada, intuimos que ambas empresas gustan de coleccionar negocios y favores. Pero en esto de aprovechar el rectangulito de papel se riza el rizo, se coloca en los dorsos de los cromos, esos que nada valen las letras de una palabra larga, que como fútbol y Liga son muy cortas, lógicamente se opta por la palabra de nueve letras f-u-t-b-o-l-e-r-o, palabra que califica al coleccionista y si se manda a la sede de la empresa te llegará un balón que a veces se retrasa.

Son las colecciones de todos los años, aunque sean distintas, nunca cambian. No importa que estemos en la era de las nuevas tecnologías, son de papel y enganchan. Y de colección en colección se juntan tardes, vivencias, juegos, palabras y nostalgias. Vivos cromos de otoño.

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