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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

La trampa saducea de las elecciones en el PSOE

Echamos de menos una mayor diversidad en los planteamientos
Miguel Massanet
lunes, 14 de julio de 2014, 06:56 h (CET)
Escribimos mientras en las urnas habilitadas por el PSOE y el PSC se están recibiendo las votaciones de los casi 200.000 mil afiliados del partido, que hoy tienen la difícil misión de escoger como secretario general a uno de los tres aspirantes que se han presentado para el puesto. No sabemos si la afluencia a votar va a ser mucha ni si el entusiasmo de los convocados va a colmar las aspiraciones del partido que, con esta elección tan “democrática” sin duda está intentando resucitar, después de los sonados fracasos que ha ido cosechando durante los últimos años. Para los que no somos socialistas y vemos el espectáculo desde fuera, nos llama la atención el gran despliegue mediático que esta elecciones internas ha conseguido despertar cuando, si uno se fija detenidamente en los aspirantes, no puede menos que advertir la gran diferencia de talla entre personas como Felipe González y el mismo Rubalcaba, con todos sus defectos, y este trío que pretende sucederles en el cargo, de los cuales la mayoría de ciudadanos no tenía conocimiento de su existencia hasta hace unos pocos meses.

En todo caso, echamos de menos, en esta candidatura, una mayor diversidad en sus planteamientos, alguno que se desmarque del resto y haga propuestas más propias de lo que hoy en día son los partidos social demócratas del resto de Europa. Dejando aparte al señor Iceta, candidato único del PSC, que se mueve en aguas distintas al resto de los del PSOE y que va a tener que apechugar con la rebelión de una parte de los militantes más nacionalistas de su formación, que siguen pretendiendo escorar más a los socialistas catalanes hacia la baza independentista, cortando amarras, si fuera preciso con el resto de socialistas de España; los tres candidatos, Madina, Sánchez y Pérez Tapias, parecen cortados por el mismo patrón y, en todos ellos, se advierte una clara tendencia a llevar su partido más a la izquierda de lo que lo han mantenido hasta ahora sus anteriores secretarios generales.

Hablan de cambio sin que sepamos hacia donde nos iba a conducir la mudanza que proponen; critican, como no podía ser de otra manera, las medidas adoptadas por el PP para intentar sacar a los españoles de la crisis y se ofrecen para un regeneración de la política, sin que sepamos en qué va a consistir ni a qué consecuencias nos iba a llevar ni, por supuesto, en qué se diferenciaría la nueva dirección económica y social que nos quieren proponer, de aquella que su antecesor, el señor Rodríguez Zapatero, puso en práctica durante sus dos legislaturas y que ha sido la que se ha reconocido, por propios y extraños, como la más absurda y desastrosa de cuantas formas de actuar un gobernante sensato hubiera podido llevar a cabo.

Lo que sucede es que, España, no se encuentra en estos momentos en disposición de que hagamos un corrimiento significativo más hacia la izquierda. El hecho de que, una parte de la población, este disgustada por causa de una crisis que nos ha conducido a un desempleo nunca conocido y que ya llevemos, desde el año 2008, enfrentados a una serie de recortes de lo que fue el llamado “estado del bienestar”, no significa que tengamos opciones para enfrentarnos a esta disminución del nivel de vida y limitación de nuestras posibilidades a mantener el anterior estatus de bienestar; cambiando de opciones políticas, para volver a caer de nuevo en brazos de aquellos que, precisamente, fueron los causantes directos del derrumbe de nuestra economía, de que cientos de miles de empresas desparecieran y de que todavía tengamos más de 4´5 millones de personas inscritas en el INE.

No hemos podido escuchar de ninguno de estos aspirante a la silla del señor Rubalcaba, cuál va a ser su programa económico ni cómo conseguiría mantener el déficit público dentro de los parámetros que se nos han fijado desde Europa o cómo iba a motivar a los inversores extranjeros si, como alguno ya ha advertido, España dejara de pagar sus deudas. Muchas declaraciones sobre lo mal que lo hacen los del PP; muchas acusaciones de corrupción lanzadas contra sus adversarios políticos, pero poco reconocimiento, arrepentimiento y medidas encaminadas a sanear toda la corrupción que existe en sus filas que, en nada, ni por cantidad ni por calidad ni por número de personas encausadas, se distingue gran cosa de las supuestas irregularidades fraudulentas de los otros partidos a los que acusan.

Por supuesto que cualquier experimento filocomunista que se pretendiera llevar a cabo por este bloque de izquierdas que, poco a poco, se va barruntando como un potencial peligro, a medida que van surgiendo nuevos grupos organizados en los que las coincidencias parece que se centran en la destrucción del actual sistema democrático; en la implantación de un régimen autoritario y en la estatalización de la economía y las finanzas; aparte de ser letal para nuestra ciudadanía y un retroceso en todo lo que se ha conseguido adelantar en estos 5 años de lucha contra la crisis; supondría enfrentarnos al resto de la UE y, con toda seguridad, a contribuir a nuestra exclusión de ella.

No sabemos cual de los tres propuestos para secretario general del PSOE va a lograr alcanzar su objetivo pero, a mi modesto entender, poco creo que se diferencien el uno del otro y poco parece que vayan a diferir, si persisten en cumplir lo que han venido anunciando que harían, en cuanto a la nueva deriva que, al parecer, pretenden imprimir al partido de Pablo Iglesias (no por supuesto el de su sosia de Podemos), como no sea acercarlo a las tesis revolucionarias del señor Largo Caballero o a las golpistas del señor Prieto.

Lo que si sabemos y lamentamos, es que toda esta movida a la que la prensa española le está dando tanto realce y que se sigue de cerca desde las estancias europeas, es muy probable que no tarde en afectar a nuestra prima de riesgo o a la confianza que los inversores extranjeros puedan poner en la estabilidad del país y en la continuidad de su política económica y financiera, cuando apenas estamos a unos meses de las elecciones municipales y a un año de las legislativas en las que, según el panorama que se vislumbra, es muy posible que salga de ellas una nación dividida, debido a que la previsible atomización y redistribución de los votos, repartidos entre distintas opciones políticas, no haga más que conducir a coaliciones incapaces de asegurar la unidad, la gobernabilidad, el mantenimiento del orden y de la independencia de la Justicia; sin que todo ello conduzca a otro resultado que a una falta de eficacia en la conducción del país, supeditado a las distintas exigencias e intereses de los coaligados.

Es posible que, por añadidura, el nuevo PSOE, al mando de su nuevo secretario general, insista (como parece que es intención de los candidatos) en el tema de cambiar la Constitución para convertir a España en un estado federal, una modificación que pudiera satisfacer a los independentistas catalanes, aunque, todo hay que decirlo, hasta ahora todos ellos han insistido en que no se van a conformar con ello. En todo caso, seguimos sin ver la esperada reacción de la dirección del PP que, si no estamos equivocados, como la retarde más puede que llegue tarde. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos en peligro nuestra recuperación.
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