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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Intenta Podemos minar la democracia española?

Miguel Massanet
sábado, 12 de julio de 2014, 05:38 h (CET)

El señor Pablo Iglesias ha enseñado de nuevo la oreja. El señor Pablo Iglesias, adalid del progresismo español, ha dicho que hay quienes dicen barbaridades y que hay periodistas a los que no se les ha de dejar hablar, refiriéndose precisamente a aquellos que, curiosamente, son los que ponen al descubierto sus intenciones y estrategias, destapando sus engaños al pueblo español. Los que no se dejan amilanar por las fanfarronadas de uno de estos agitadores de masas, defensores de poner mordaza a la prensa, como es el caso del señor Maduro de Venezuela que, para evitar que la oposición critique sus medios totalitarios de gobernar su rico país, utiliza el expeditivo sistema de encerrar en las cárceles a sus enemigos políticos y obligar a cerrar aquellos medios de prensa que no se avienen a aceptar como dogma de fe la doctrina oficial del Gobierno.



Es por eso que nos sorprende el poco aguante, la excesiva sensibilidad, las reacciones airadas y las amenazas de llevar a los tribunales a todos los que no coinciden con los planteamientos, de este señor, Pablo Iglesias, del que pensábamos que, quien está dispuesto a enfrentarse a las instituciones del Estado, al sistema establecido y al propio Parlamento de la nación, tendría más resistencia ante las andanadas que le pudieran venir de parte de quienes consideran que, sus propuestas, no son más que brindis al Sol, completamente ilusorias, sin posibilidad alguna de ser implantadas y contrarias a lo que es el espíritu de la Comunidad Europea. No sé si pretende emular a su amigo, el señor Maduro, enviando a la trena o denunciando a cualquiera que se decida a hurgar en su pasado para averiguar sus antecedentes y lo que pueda haber en ellos que pueda interesar a quienes pretende convencernos de su convicción democrática.



Yo le recomendaría que, lo primero que le debiera hacer, para presentárselo a los españoles, es un programa de lo que sería su gobierno, de los medios con los que contaría para llevar a cabo sus proyectos sociales; de cómo conseguiría los fondos para financiarlos; de los impuestos que sería necesario aumentar y de los nuevos que se requerirían para sostener mejoras como, por ejemplo, la de implantar un salario mínimo de 1.200 euros para todos los españoles o cómo se las arreglaría para retener a los técnicos, médicos, ingenieros, investigadores y demás personal cualificado, a los que, según sus propias manifestaciones, les impondría un techo salarial para que no pudiesen, como ocurría en la Unión Soviética, pasar de una determinada escala igual para todos. Tampoco nos ha aclarado todavía, cómo sostendría y aumentaría las pensiones de los jubilados e incapacitados, cómo podría mantener la gratuidad de los medicamentos y los desmesurados costes hospitalarios a los que se ve obligada a sostener el actual régimen de la Seguridad Social y los Servicios de Salud pública.



Los españoles, señor Iglesias, estamos ya hasta las narices de que vengan políticos a explicarnos lo que sería bueno que sucediese para que todos fuéramos felices, tuviésemos unas buenas retribuciones, pudiéramos disfrutar de unas pensiones elevadas y recuperábamos el nivel de vida que hace cinco años empezamos a perder sin ánimo de poderlo recuperar. Todos somos capaces de prometer lo mejor, de convencer a la gente de que poseemos la piedra filosofal que nos permite realizar milagros económicos y erradicar la pobreza, no sólo de España sino de todo el mundo. Lo que ya no resulta tan fácil es explicarlo con números, con argumentos razonados, con estudios pormenorizados, etc. Establecer los cálculos y las previsiones de qué medios se va a valer para llevar a cabo sus propuestas; cómo los va a obtener; con qué financiación va a contar; qué va a hacer con la Deuda Pública y con el déficit público; si va a estatalizar la economía o poner límites a los beneficios de las empresas privadas; si va a suprimir los Sindicatos o va a socializar la propiedad privada. También nos interesaría que nos hablase de lo que haría usted con la Constitución; o de si es partidario de que cada autonomía, si lo decide, pueda independizarse de España o, por el contrario, suprimiría todas las actuales, para formar un nuevo estado comunista totalitario sujeto, en todos sus aspectos, a una especia de Gran Soviet que tuviera potestad sobre todos los españoles.



No se quede usted en la epidermis del problema español, deje que los españoles podamos conocer su proyecto de España, que podamos valorar cómo va usted a conseguir hacer lo que promete y de los medios con los que piensa conseguirlo. Poco nos ha dicho, aparte de que parece que su intención es dejar de pagar a nuestros acreedores foráneos y que no piensa preocuparse demasiado del déficit público; díganos ¿cuáles van a ser las relaciones que pretende tener con el resto de Europa? Y como va a conseguir que con sus planteamientos no nos envíen fuera de la UE. A no ser, y parece que ya lo ha insinuado, que lo que usted intenta es convencer a toda la Comunidad Europea de la “bondad” de su sistema y decidan adoptarlo.



Todos sabemos que este espabilado señor ha ido buscando, como los alemanes nazis lo hicieron en su búsqueda del Santo Grial, la notoriedad, el darse a conocer y el adquirir presencia en cuanta tertulia tuviera lugar en algún medio, preferiblemente en las TV, en las que, con su presencia pudiera, valiéndose de su aspecto intelectual, rebelde y su cara de niño bueno, conseguir meterse en el bolsillo a muchos ciudadanos que, hartos de los engaños de los partidos políticos, buscan desesperados el clavo ardiente del que colgarse, para intentar encontrar una alternativa que los convenza para descabalgar a la “vilipendiada”, “explotadora”, “fraudulenta” y “egoísta” clase capitalista del poder, que hasta ahora han mantenido en la CE.



El mismo lo viene diciendo, porque sabe que la propaganda es imprescindible para conseguir impactar en los ciudadanos descontentos con el régimen actual que, por otra parte, vienen renegando del PSOE a causa de su fracaso económico y las veces en que ha mentido augurando una mejoría que, mientras ellos gobernaron, nunca llegaba. Y hasta cierto punto tiene toda la razón, porque el tipo no es tonto. Sin embargo, todavía queda tiempo para que esta misma propaganda, de la que pretende sacar beneficio, se le pudiera volver en su contra, si sus discursos se limitan a buscarles los defectos a quienes nos gobiernan, pero sus propuestas para sustituirlos se limitan a meros enunciados de otros sistemas que, en el pasado, ya demostraron sus grandes cadencias y sus resultados fallidos. Los globos de la popularidad, cuando los que quieren valerse de ellos para deslumbrar a un público imaginario, si no se los alimenta, suelen deshincharse con la misma facilidad con la que, quien pretende explotar en su beneficio la fama conseguida, no cumple con las expectativas que quienes lo auparon pusieron en él. Este puede ser el talón de Aquiles de quien se las promete tan felices ofreciendo una ilusión, un espejismo, que él sabe perfectamente que es imposible de conseguir. El tiempo que tarde en suceder este derrumbe va a depender de quienes, detrás de las bambalinas, alimentan esta ilusión, y de su aguante para mantener el órdago a la actual democracia y, también, de lo que tarden en darse cuenta los actuales partidos democráticos de la necesidad de desacreditar, con información y argumentos, estos sueños igualitarios, totalitarios y espurios, basados en las más trasnochadas y obsoletas teorías frente populistas.


Harían mal los partidos constitucionalistas en despreciar los posibles efectos de esta reciente formación, Podemos, que ya ha dado muestras de su peligrosidad cuando ha conseguido 5 escaños en el Parlamento Europeo y 1.200.000 votos, superando a muchos otros partidos con muchos años de enraizamiento en la sociedad española. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadanos de a pie, vemos con desconfianza este brote de insurrección política.

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