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Etiquetas:   Literatura   Libros   -   Sección:   Entrevistas

“Gabriela, la protagonista, ha adquirido tanta fuerza que es como si ella sola llenase toda la novela”

Entrevista a la periodista y escritora Elisa Beni
Herme Cerezo
jueves, 10 de julio de 2014, 23:23 h (CET)



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Elisa Beni (Logroño), licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad de Navarra, tras cursar el Máster en Seguridad y Defensa por la UNED, se especializó en comunicación política y judicial. Fue directora de prensa del Tribunal Superior de Justicia de Madrid y ha participado en programas como ‘El gran debate’ (Tele 5), ‘Las mañanas de Cuatro’, ‘Al rojo vivo’ (La Sexta) y ‘El debate’ (CNN+). Actualmente colabora en ‘Más vale tarde’ y ‘La Sexta Noche (La Sexta), ‘Julia en la onda’ (Onda Cero), y ‘Más claro agua’ (13TV), ‘Sin ir más lejos’ (ETB) y ‘De buena ley’ (T5). Ha sido también columnista en ‘La Razón’ y ‘Tiempo’ y actualmente lo es en ‘eldiario.es’

Transgresora y ultrasofisticada, la jueza Gabriela Aldama es una rara avis en los juzgados de plaza de Castilla. De familia acaudalada, Gabriela destaca entre sus colegas por su independencia y por hacer las cosas a su manera, precisamente las mismas razones que le han convertido en uno de los miembros más inclasificables y envidiados de la clase judicial. Permanentemente criticada, se enfrenta ahora a un caso complicado: el asesinato de una pareja de desconocidos. Durante la investigación, Gaby habrá de exponerse al límite y no solo profesionalmente. Estos son los parámetros en los que se mueve la novela ‘Peaje de libertad,’ escrita por Elisa Beni y editada por Escasa, sobre la que tuve la oportunidad de conversar durante unos minutos con la escritora riojana, sentados alrededor de una mesa en el Hotel Astoria de Valencia a primera hora de la tarde. En una pantalla gigante, al fondo, el murmullo enlatado y estridente de los goles de los partidos de fútbol del Mundial de Brasil.

Elisa, habituada a los medios de comunicación, a participar en tertulias y programas informativos, ¿qué te ha llevado a escribir ficción?
En mi caso, cuando tenía ocho años me preguntó mi madre qué quería ser de mayor. Y yo le respondí que novelista famosa. Ella me dijo que eso no era una profesión y que tendría que estudiar una carrera. Cuando estudiaba periodismo yo me preguntaba cómo se podía ganar la vida una persona escribiendo. Pero, mira, el periodismo me envenenó y en ese momento el folio en blanco pasó a ser como un santuario en el que solo podía escribir la verdad. Por esa costumbre, hacer clic, cambiar y escribir ficción me cuesta mucho. Pero al final, supongo que por la madurez profesional, al fin de cuentas los periodistas también contamos historias aunque reales, me puse a escribir. Comencé esta novela en el año 2009 y la guardé. Fueron mis editoras las que me animaron a terminarla y ahora que la he publicado me siendo como si entroncase con aquella niña que quería ser escritora.

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Decía Onetti que la principal obligación del escritor es mentir. Supongo que como periodista en algún momento también te habrá tocado hacerlo, ¿dónde cuesta más mentir: en la realidad o en la ficción?
No soy consciente de haber mentido nunca ni en el periodismo ni en la ficción. Como periodista hay un peaje que pagar por la libertad y la independencia y yo lo he pegado. Y me ha costado dinero. Hay medios de los que yo he salido porque lo que digo no les gusta y no pienso cambiar de opinión porque a ellos no les parezca bien. A fin de cuentas, cuando me contrataron ya sabían lo que yo pensaba. En periodismo, conscientemente, no he mentido nunca y en la ficción ha procurado desarrollar una literatura honesta. Soy muy lectora de novela negra y cuando un escritor engaña al lector, le plantea un problema y lo resuelve de modo un poco tramposo, me molesta mucho.
Entre los “escritores puros”, no parece ser demasiado bien recibida la gente que, procedente de la tele, escribe y publica novelas, ¿qué opinión te merece a ti esa postura?
Me parece absurda porque escribir, lo hagas mejor o peor, es una forma de exteriorizarte. Es verdad que yo tengo un cierto prurito y que la gente puede pensar que escribo y vendo la novela porque salgo en la televisión. Eso me conturba porque creo que mi novela está bien escrita, no es una obra de encargo y mi vocación escritora no tiene nada que ver con trabajar en un medio u otro. Pero es cierto que existe una tendencia a pensar que, si no vas a escribir el ‘Ulyses’ de Joyce, es mejor que no te pongas. En líneas generales, creo que la literatura es una forma de narrar historias y que los periodistas tenemos una magnífica base para hacerlo. Eso sin olvidar que ahora mismo los grandes escritores antes fueron periodistas y se reivindican como tales.

Gabriela no es la primera juez femenina que protagoniza una novela en nuestro país, ¿por qué has elegido precisamente esa profesión para ella?
Sencillamente porque conozco muy bien el mundo judicial. Fui directora de comunicación de los ochocientos jueces que hay en Madrid y estuve casada con uno de ellos. El mundo judicial me parece un terreno decisivo para el sostenimiento de la democracia y es lo suficientemente hermético como para sumergir al lector en un ambiente desconocido, especialmente si lo haces a través del género negro, que tiene ese componente de denuncia social que viene muy bien para escribir sobre estos temas, para coger al lector por la solapa y llevarlo a donde tú quieres.

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¿Tenemos una serie a la vista con Gabriela de protagonista o se trata tan solo de un episodio aislado?
El personaje de la jueza, de Gabriela, es tan potente que la concebí como protagonista de la novela, pero adquirió tal dimensión que, de repente, dio sentido al libro. Es como si su presencia lo llenase todo. Nadie me pregunta por los demás personajes, sino solo por ella. El otro día, un lector me pedía su número de teléfono, como si fuera de carne y hueso. Tengo el presentimiento de que Gaby todavía guarda cosas que contar y yo estoy dispuesta a permitir que lo haga.

O sea que se te ha escapado un poco el personaje
Se ha engrandecido mucho, es verdad. Esto en el periodismo no te ocurre, pero cuando creas, las cosas crecen tanto que no te das cuenta y ves con sorpresa que los personajes han cobrado vida propia, se han enriquecido, se han hecho redondos… Todo eso forma parte de la belleza que conlleva el oficio de creador.

¿Uno de los objetivos de la novela es describir cómo es un juez fuera de los juzgados?
A lo largo de la novela, Gabriela habla varias veces con amigos suyos, que también son jueces, y en esas conversaciones se desgranan un poco las dudas y las soledades del oficio de juzgador porque la profesión de juez es muy dura y exigente. Por supuesto que he vertido en la obra la visión que tengo de lo que es y significa ser juez. No puedes escribir una novela sin que tenga relación contigo mismo.

¿’Peaje de libertad’ está basado en un caso real, debidamente disfrazado?
No, la novela es verosímil y no está basada en ningún caso real.

Gaby es una mujer joven, atractiva, moderna, liberada y autosuficiente gracias a su trabajo de jueza, ¿conoces a muchas de su especie?
No, no conozco ningún personaje como Gaby, es una figura puramente literaria.

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Con el riesgo que siempre entraña generalizar, en la realidad, ¿existe buen rollo entre los jueces?
Creo que como en todas partes, en la carrera judicial hay relaciones entre personas. La relación entre un juez con experiencia y una jueza más joven es perfectamente posible. Dentro de la judicatura hay personas que tienen una gran entidad humana y el hecho de pasar la vida en contacto con el mal y con los individuos les conforma como grandes conocedores del ser humano. También es verdad que la profesión de juez conlleva un componente narcisista muy importante en algunos casos, porque están acostumbrados a ser omnipotentes desde muy jóvenes. Desde luego es una profesión peculiar y que imprime carácter.

¿Una investigación policial depende de la iniciativa de un juez o es fruto de un trabajo en equipo?
No, es un trabajo muy individual, muy personalista. Están acostumbrados a trabajar en soledad. Los jueces, incluso cuando están en tribunales de tres, no forman un equipo sino que son tres entidades jurídicas en lucha y deliberación, dispuestos a escuchar, enjuiciar y votar.

‘Peaje de libertad’ habla también del asunto de las filtraciones a la prensa. Cuando fuiste directora de comunicación del Tribunal Superior de Madrid, ¿te resultaba sencillo mantener a raya a tus colegas y suministrarle la información justa para evitar “interferencias”?
Creo que tuve una relación buena en aquel tiempo con mis colegas. De hecho, cuando me cesaron recibí muchos correos de periodistas interesándose por mí. Fui la primera directora de comunicación que conseguí que se pagase un sistema de televisión para retransmitir los juicios más importantes. Por mi cargo, estaba al servicio de los jueces y de su imagen, ahora creo que los gabinetes de comunicación de los tribunales se han convertido en una especie de adláteres para conseguir más rápidamente la información para los periodistas.

En la novela también aparece un forense que es una mujer, ¿hay un intento reivindicador de la figura femenina en ‘Peaje de libertad’?
Yo soy feminista y creo que dentro del peaje de libertad que la sociedad nos exige a todos, porque en la sociedad todo conspira contra nosotros, las mujeres hemos de pagar un peaje todavía peor. De hecho hago aparecer una magistrada en la Sala Segunda del Tribunal Supremo que, cuando escribí la novela, no existía. Ahora hay una pero todo tiene que cambiar  porque no podemos olvidar que el cincuenta y cuatro por ciento de jueces en este país son mujeres.

La última por hoy: hemos hablado de jueces y de juezas, ¿dónde queda Elisa Beni en ‘Peaje de libertad?
Le he pasado a Gabriela algunas manías propias, como la de escuchar a Enrique Bunbury mientras conduzco y también un kimono de seda como el mío. Esta novela no es autobiográfica y creo que es producto de que en la vida existe un momento, después de que la realidad y el periodismo te han madurado, en que destilas algo que tiene mucha fuerza y usas un lenguaje muy ágil y visual porque has acumulado una experiencia que no tenías a los veinte años.
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