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Etiquetas:   Cartas al director   -   Sección:   Opinión

Vivir en un mundo superficial

Carlota Sedeño, Málaga
Lectores
@DiarioSigloXXI
jueves, 10 de julio de 2014, 09:02 h (CET)
En este mundo globalizado en el que vivimos, se está “construyendo” un tipo de ciudadano dominado por la información continua y superficial que valora más el conocimiento de datos al momento que los valores éticos. Los cambios vertiginosos en la tecnología se producen, también, en un gran número de personas que van desembocando, finalmente, en el vacío existencial. El escritor José Morales, en su libro “Fidelidad”, dice lo siguiente: “Subyace en el mundo del pensamiento una idea pervertida del hombre y de la mujer como seres que se agotan en un haz de instintos y que no están ordenados a ningún tipo de trascendencia. Es un resultado híbrido de la psicología de Freud, la novelística del Ulises y los postulados del existencialismo nihilista.”

Por otro lado los “mass media” representan una civilización que huye de lo que es esencial de la vida humana y fomentan la superficialidad. A veces, no reflejan la realidad sino que, más bien, la “construyen”. Cito un pequeño ejemplo a continuación. Hace unos días, una periodista expresaba su idea de lo que sucedía en las iglesias actualmente: apenas se veían hombres, sólo mujeres. Quedé sorprendida y pensé que ella, hacía mucho tiempo, que no pisaba una iglesia. A los dos o tres días, entré en una iglesia del centro de Málaga y me situé en un lugar en el que se fue formando una fila de hombres que esperaban para confesar y en la que sólo había dos mujeres. Inmediatamente recordé a la periodista y consideré la superficialidad de sus afirmaciones. Por cierto, en las iglesias no se “dan” misas sino que se celebran. Esta inculta expresión la he oído en telediarios.

Y ya que he mencionado la incultura en los términos, no me resisto a expresar mi sorpresa, al oír hablar en medios audiovisuales y escritos de catástrofe “humanitaria”. ¿Desde cuando una catástrofe es “humanitaria”? será más bien una catástrofe humana. La ayuda sí es humanitaria. Por cierto, la primera vez que alguien se despidió diciendo “hasta luego”, cuando yo no lo iba a ver hasta dentro de unos días o semanas, consideré que se había confundido. Pero esta expresión se ha generalizado de tal manera que la podemos decir inconscientemente cualquiera de nosotros. Lo correcto es decir “adiós” en la mayoría de los casos. Pero, claro, en su origen esta palabra significaba desear a las personas que fueran “a Dios” y esto no se podía tolerar en un mundo laicista. ¿Y qué se puede decir de la palabra “hostia” usada como exclamación y, a veces, con un tono agresivo? Los latinos que llegan a España y oyen este lenguaje se quedan asombrados.

Hoy puede hablarse de la abundancia de personalidades débiles, de seres humanos que van a la deriva, influidos por corrientes de opinión que están dirigiendo sus vidas a través de la televisión, el cine, Internet, la radio, la prensa y la publicidad. El hombre y la mujer contemporáneos, creyéndose independientes, se dejan arrastrar por las ideas y las modas más peregrinas. Muchas personas, en el momento en que interrumpen sus múltiples actividades, se topan con el vacío, pueden llegar a darse cuenta de que están siendo dirigidas a no-se-sabe-dónde ni para-qué. Pueden llegar a darse cuenta de que se hallan inmersas en un relativismo sin contenido, se trata de una carencia de convicciones que lleva a adoptar conductas regidas por los códigos y reglas que el medio les impone pero que ellos no eligieron consciente y libremente. Son como borregos de una manada.

Creo que resulta lógico admitir, si se dedica un poco de tiempo a pensar como un ser humano, que los principios morales fundamentales son los mismos para todos. Por ejemplo: suprimir deliberadamente una vida inocente, dormir con la mujer del vecino, burlarse de Dios, y robar son malos para cualquiera, independientemente de las creencias de cada uno ya que suponen, realmente, un sustrato moral común. Y, sin embargo, expresiones como “mi moral” y “tu moral” están en boca de muchos y el tópico reinante es “no debes imponer tu moral a nadie”.

Nuestro problema colectivo podría ser el siguiente: nos hemos colocado al margen, fuera de la racionalidad. Nos cuesta admitir, entre otras cosas, que la ley natural es el “manual de instrucciones” para que el ser humano funcione y llegue a buen fin. No viene mal considerar estas palabras de George Orwell: “Nos hemos sumergido hasta una profundidad en que el replanteamiento de lo obvio es el primer deber de los hombres inteligentes”. Creo que la función de pensar, reflexionar y elegir libremente es un derecho y un deber del ser humano.
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