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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El enfrentamiento político y el viraje a la izquierda ¿la solución del problema?

Si don Alfredo se mostraba educado e incisivo, la sustituta actual no se molesta en querer aparentar buena educación
Miguel Massanet
jueves, 10 de julio de 2014, 08:17 h (CET)
Pero, señores, ¿a qué se están dedicando nuestros políticos en el Congreso de Diputados? A fuer de lo que estamos viendo cada día parece que, en esta nación, todo se reduce a un enfrentamiento tenaz, a cara de perro, infructuoso y, como diría algún conocido cómico,”cansino”, entre los tradicionales partidos que, durante los últimos años se han venido turnando en el gobierno de la nación. Si con el señor Rubalcaba (¿Quién hubiera pensado que al final acabaríamos por añorarlo?) ya se perdieron infinidad de horas de improductivo debate sobre a quién le correspondía la responsabilidad del mal momento por el que ha venido pasando España; en estos momento de interinidad en el PSOE, en el que los tres candidatos parece que se están enfrentando para dilucidar cuál de ellos se va a llevar el gato al agua y se quedará con la secretaría general del partido; no parece que haya nadie dispuesto a acabar con la indefinición que lo caracteriza.

Parece que la consigna que tiene la señora Soraya Rodríguez no es otra que mantener la tensión entre las dos formaciones, insistir en temas que ya debieran de estar archivados, que no conducen más que a agudizar las diferencias entre las dos formaciones que, si bien se mira, debieran andarse con más cuidado al acusarse, ya que si el PP tiene el caso Gürtel que le está royendo las entrañas; tampoco los socialistas pueden presumir de honradez, si es que queremos fijarnos en el frente judicial que tienen abierto en Andalucía, donde el caso de los ERE’s está afectando, cada día que pasa, a más socialistas de la Junta y lo de las facturas retocadas de la UGT, el sindicato aliado del PSOE, se ha convertido en un escándalo que amenaza con afectar a la propia cúpula del sindicato. Si don Alfredo se mostraba educado e incisivo, la sustituta actual no se molesta en querer aparentar buena educación y se limita a vomitar cuantos improperios se le ocurren; seguramente pensando que adoptando esta actitud agresiva y desconsiderada, se va a meter en el bolsillo a los que han votado al nuevo líder de la izquierda, el señor Pablo Iglesias de Podemos.


Entre tanto, mientras nos miramos el ombligo y la izquierda se dedica, con insólita persistencia, a ir rechazando cualquier iniciativa del Gobierno, por útil, necesaria, oportuna y razonable que sea, manteniéndose en su línea de ir torpedeando todo lo que hace el Ejecutivo; observamos que, el resto de instituciones, han entrado en una crisis, tanto de credibilidad, como de efectividad y honorabilidad, que se va notando en las encuestas de los institutos de opinión en los que se refleja la poca fiabilidad que la Administración de Justicia se ha labrado entre todos los españoles que, junto a los políticos y el paro, se han convertido en las mayores preocupaciones del pueblo español.

Choca, por ejemplo, que la Iglesia católica se plantee cambiar la orientación de La COPE y de TV13, seguramente debido al relevo en la presidencia de la Conferencia Episcopal del cardenal Rouco Valera sustituido por el cardenal Blázquez Pérez, una buena persona, culto, que ya fue presidente de dicha Conferencia en tiempo de los socialistas, pero que nos da la sensación de que en su afán de reconciliación se deja llevar por esta tendencia actual a arrimarse a las izquierdas, como si quisieran hacerse perdonar haber sido defendidos por la derecha durante tantos años, incluida la Guerra Civil y los tiempos previos de la II República. Y es que, señores, tenemos la desagradable sensación de que España está siendo conducida por la pendiente del izquierdismo laico, hacia un intento de cambio de las actuales instituciones, una nueva filosofía de lo que debe ser la sociedad y una renovación de los principios básicos por los que nos hemos venido rigiendo durante siglos, que no sabemos, ciertamente, hacia donde nos van a conducir; pero que tenemos la premonición de que, bajo estas nuevas teorías de la redistribución, de la igualdad, de la justicia social y de la lucha contra el capitalismo, sólo subyacen las viejas teorías marxistas y anarquistas de Trotsky, que tuvieron su razón de ser a principios del pasado siglo, pero que hoy, en el mundo en el que vivimos, no tienen el más mínimo porvenir.

En este mundo moderno, el de los grandes inventos y adelantos tecnológicos, el mundo globalizado, de las grandes coaliciones de naciones y del ocaso de los nacionalismos; el pretender retroceder, el suprimir, como intentan algunos, la libertad de pensamiento, las opciones a satisfacer las ambiciones; el estímulo a conseguir grandes empresas y el poner límites a la carrera de cada uno, significa tanto como volver a lo que fue el bolchevismo estatalizado que mantuvo la URRS a partir de la Revolución de 1917, hasta la caída del muro de Berlín, momento en el que se derrumbó todo aquel imperio sostenido por el terror de la KGB; una industria estatalizada en la que, salvo los predilectos del PC, todos los ciudadanos quedaban reducidos a ser meros números sujetos a las órdenes de los miembros destacados del partido.

Desgraciadamente, ya han pasado demasiados años desde que se produjeron aquellos acontecimientos, los suficientes para que las últimas generaciones los consideren como meros cuentos del pasado y se dejen llevar, nuevamente, por los profetas de la igualdad, los ilusos de la supresión de las clases ( no de las clases basadas en el domino de los unos sobre los otros, sino de los mejor dotados, los que más se esfuerzan y sacrifican para conseguir sus objetivos, los más inteligentes y los más hábiles) que, lejos de proporcionar un estado de bienestar para todos, significa sólo conducir a la humanidad a la pobreza, a la abulia y la indiferencia, al retroceso de la civilización y la renuncia a las mejoras que nos ofrece el futuro, de manos de la investigación y el progreso.

No vemos, en nuestros actuales políticos, a las personas preparadas, independientes, desprendidas y patriotas, que sean capaces de llevar a cabo la ingente labor de reestructurar las instituciones, de restablecer el orden, remozar la Justicia y de levantar la moral del pueblo español. No vemos, en el PP, al que sea capaz de recoger el testigo de quienes supieron convertirlo en el partido de los buenos españoles y, tampoco, en el PSOE, a quienes se los vea preparados, conscientes de su responsabilidad ante los españoles y dispuestos a liderar un partido de centro izquierda, que sirva de contrapeso a la derecha y no, como parece que son las intenciones de los tres candidatos que se disputan la secretaría del partido, anunciar un viraje a la izquierda para disputarles a IU, ICV, UP y demás partidos de izquierdas extremas y nacionalistas, la supremacía.

Lo más preocupante de todo ello es que parece que todos estos salvadores de la patria, todos estos de las brillantes ideas para conseguir la vuelta al “estado del bienestar” a base de subvenciones, leyes sociales, salarios mínimos garantizados, viviendas sociales, ley de dependencia etc.; son incapaces de aportar un estudio en el que se indique la forma en la que España pueda conseguir los recursos económicos que le permita atender a tantos gastos. ¿Subiendo impuestos?, ¿Gravando más a los ricos, a las grandes fortunas o a las grandes empresas?, ¿Nacionalizando la economía?, ¿Aumentando nuestro endeudamiento y nuestro déficit? Todo ello no es posible. Primero porque los impuestos en España ya no pueden aumentarse más porque la presión fiscal es insoportable. Si se intentara gravar a los ricos y las grandes empresas lo primero que harían sería dejar España para instalarse en otro país que los trataran mejor, con el consabido aumento del paro. Los ejemplos de las nacionalizaciones de la economía y sus efectos han demostrado su inviabilidad. Europa no consentiría que nuestra deuda se disparase y nuestro déficit público se saliera de sus normas; el resultado: abandonar la UE y afrontar las consecuencias. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadanos de a pie, vemos el intento de la izquierda de llegar al poder.
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