Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Animales   Derechos   -   Sección:   Opinión

Alguien mató en Júzcar. Todos callan en Júzcar

Lo barato de torturar y matar perros en España
Julio Ortega Fraile
@JOrtegaFr
miércoles, 9 de julio de 2014, 07:27 h (CET)
Hola, me llamo Atila y era un rotweiller, ahora soy el cadáver de un perro en proceso de descomposición. El 5 de julio, después de una semana luchando por vivir, dejé de hacerlo y me marché a hacer compañía a Ronnie, Regina, Schnauzi y muchos, muchos más. A todos nos une haber sido perros torturados, sólo variaba la duración de la tortura. A todos nos iguala acabar asesinados. Y todos nos parecemos, más allá de esa agonía y muerte, en que nuestros torturadores y asesinos no perderán su libertad por lo que nos hicieron.

Mis compañeros y yo tuvimos la inmensa fortuna de haber nacido en España, así que nunca nos sacaron de una jaula con un gancho, no nos hirvieron vivos, no nos despellejaron y no nos pusieron a la venta en un mercado divididos en paletillas, cuartos traseros y costillar. Pero tuvimos la gran desgracia de haber nacido en España, eso quiere decir que quemarnos, apalearnos, tirotearnos, mutilarnos, dejarnos morir de hambre y sed o ahorcarnos, le saldrá más barato a quien lo hizo que comprar nuestro peso en filetes.

Me llamo Atila y el 27 de junio alguien me asesinó en un pueblo de Málaga llamado Júzcar, lo hizo golpeándome una y otra vez en al cabeza y disparándome con una escopeta de postas. Me mató ese viernes aunque yo tardase tanto en morir. Estaba lleno de tristeza pero lo hice para no dejaros olvidar, para ser noticia ocho días en vuestros estómagos y no ocho segundos en vuestros ojos. Tenía mucho miedo pero lo hice porque no era la primera vez que maltrataban y porque ninguna criatura puede ser molida a palos y recibir un tiro a bocajarro sin que nadie se entere de nada. A ratos no podía soportar el dolor de mis heridas, pero lo hice porque alguien en Júzcar sabe quién me mató con tanta saña y permanece callado. Lo hice hasta mi último aliento y mi última lágrima. Lo hice hasta que ya no pude ni un minuto más.

Me llamaba Atila y me asesinaron. Vi el rostro de quien lo hizo aunque haya sido incapaz de deciros cómo se llama. Por favor, seguid vosotros, seguid por mí, encontradlo y gritad su nombre, gritadlo bien alto. Seguro que en ese instante me escucharéis ladrar, y aunque no me podáis ver estaré moviendo mi rabo.
Comentarios
Escribe tu opinión
Comentario (máx. 1.000 caracteres)*
   (*) Obligatorio
Noticias relacionadas

Cataluña

Con lo que me gusta Cataluña y he llegado a sentir “vergüenza ajena” de los catalanes

Opus Dei: Comentario crítico a una carta (LXVII)

La dirección espiritual, y la corrección fraterna son los dos pilares de control de la secta Opus Dei, invadiendo el interior de las personas

Una revolución contra natura

Resulta perverso pretender la supremacía de un género sobre otro o la desnaturalización de la persona para “moldearla”

Opus Dei: Comentario crítico a una carta (LXVI)

El Opus Dei sigue siendo un instituto secular vinculado indisolublemente a la prelatura personal de la Santa Cruz

Un poco de respeto, por favor

El master de Casado, el “postureo” de Sánchez las declaraciones de Corina, la venta de armas que asesinan a niños , las provocaciones del emérito y “El Pais”
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris