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Etiquetas:   Internacional   Paraguay   -   Sección:   Opinión

Arnaldo Samaniego y la guerra de la basura

La imprevisión del municipio capitalino y la corrupción imperante han puesto a dos ciudades vecinas del Paraguay en pié de guerra
Luis Agüero Wagner
@Dreyfusard
martes, 8 de julio de 2014, 09:00 h (CET)
El famoso reportero polaco Ryszard Kapuściński bautizó como “la guerra del fútbol” a un insólito conflicto bélico entre Honduras y El Salvador. El principal detonante había sido la deportación masiva de granjeros y trabajadores salvadoreños de Honduras, para lo cual se alegaron altercados en un partido de fútbol entre ambas selecciones nacionales. Ambos países, que entonces disputaban una plaza para la Copa Mundial de Fútbol México 1970, se enfrentaron por las armas durante unos cuatro días dejando varios miles de muertos y heridos.

Tan insólita como aquella guerra parece ser la guerra de la basura que hoy enfrenta a dos municipios de Paraguay.

El intendente de Asunción, Arnaldo Samaniego, fue declarado persona no grata en la vecina ciudad de Villa Hayes, debido a la determinación de trasladar la basura de la capital a la localidad aledaña.

La declaración de persona no grata también alcanzö a los propietarios de las empresas El Farol y Empo, encargadas de los vertederos de Villa Hayes y Cateura, respectivamente.

La basura del precario vertedero del municipio asunceno había empezado a flotar en el río desbordado, horrorizando a la ciudadanía capitalina, de allí que Samaniego y los suyos hayan tomado la decisión de realizar el polémico traslado.

Según Samaniego, la Municipalidad de Asunción tuvo poca intervención con el traslado de las basuras de Cateura a Villa Hayes, ya que fue la derivación de negociaciones emprendidas entre dos empresas privadas, la empresa EMPO concesionaria de Cateura y la firma El Farol.

Es decir, la situación sería mucho más grave dado que empresas privadas estarían decidiendo nada más y nada menos que en temas de salubridad de dos importantes ciudades del Paraguay, a espaldas de sus autoridades, que serían totalmente impotentes.

Samaniego, en su afán de lavarse las manos, también afirmó que fueron los parlamentarios quienes aprobaron el proyecto de ley que declara en situación de emergencia ambiental el vertedero Cateura.

Como era previsible, la basura ha generado una guerra en varios ámbitos de la realidad paraguaya.

Un grupo, liderado por el intendente de Villa Hayes Ricardo Núñez, se hizo sentir en contra del traslado de residuos hasta la ciudad argumentando que el vertedero El Farol, el cual sigue operando gracias a la licencia ambiental de la SEAM y no por una aprobación municipal.

Vale decir, el organismo que regula estos temas ambientales estaría en contubernio con una empresa privada para manejar el tema a su antojo.

Se denunció además que la empresa privada que lucra con desfasados tratamientos de basura no permite el ingreso de funcionarios de salubridad del municipio de Villa Hayes para supervisar si el tratamiento de la basura se realice de forma correcta.

Paralelamente, la empresa movilizó a sus empleados para que se manifiesten a favor de la basura, alegando que podrían perder su trabajo si se inhabilita en polémico vertedero.

Representantes de Villa Hayes en el Parlamento, por otro lado, rechazan el depósito de basura de la capital en su territorio.

Se mencionó que es conocida la medida de declarar emergencia como una forma de usar de manera discrecional el presupuesto, y de tomar medidas arbitrarias e inconsultas. También se apuntó a la complicidad del Ministerio de Defensa Nacional en la utilización de un humedal saturado que desemboca en el río Paraguay para los contaminantes fines del traslado.

Debe acotarse además que no sólo hay déficit en materia de vertedero: Las quejas sobre el servicio de recolección de basura son permanentes, al punto que la ciudad capital se asemeja cada vez más a un inmenso basurero.

Escribió Jean Paul Sartre que cuando los ricos se hacen la guerra, son los pobres los que mueren. La guerra de la basura no es una excepción, dado que los habitantes de las zonas palúdicas de la capital paraguaya son en su inmensa mayoría excluidos que la buena conciencia de los barrios ricos ha tratado siempre de hacer invisibles.

“¿Qué hace el Norte del mundo con sus inmensidades de basura venenosa para la naturaleza y la gente?” Se pregunta Eduardo Galeano en sus crónicas y se responde a sí mismo lo obvio: Las envía a los grandes espacios del Sur y del Este, de la mano de sus banqueros, que exigen libertad para la basura a cambio de sus créditos, y de la mano de sus Gobiernos, que ofrecen sobornos.

Lo peor de todo es que a la hora de rendir cuentas, nadie es culpable. En casos todavía más patéticos como el de Arnaldo Samaniego, intentan eludir su responsabilidad con explicaciones que los comprometen todavía más: reconociendo su impotencia como autoridad electa ante simples empresas privadas que comen de la pobreza y la basura.
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