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Opinión

Etiquetas:   Pensatientos de un hombre o medio   -   Sección:   Opinión

Cosa de todos

Sandra García Nieto

miércoles, 8 de noviembre de 2006, 23:57 h (CET)
No sé si será por la edad, ya saben la famosa crisis de los cuarenta o qué pero últimamente me siento invadido por un gran sentido de culpabilidad en general. Siento que debo hacer algo y comprometerme más con mi entorno. Y es que desde que uno se levanta de la cama es como si todo lo que hace fuera perjudicial. Desde que suena el despertador, por aquello de la contaminación acústica ,que es un gran problema, hasta el final del día, la cosa va empeorando. Porque uno se levanta y lo primero que piensa es, cómo no, en ir al baño. Hacer sus necesidades, darse una ducha, lavarse los dientes… pero inmediatamente le viene a la memoria frases como:… “ Madrid necesita agua…tirar de la cisterna puede llegar a gastar hasta 9 litros de agua…no dejes correr el grifo al lavarte los dientes… recuerda, ducharse en más de cinco minutos es un gasto diario de 3 litros de agua…” Y claro, no dudo de que eso sea así, está claro que debe haber AGUA PARA TODOS. Eso lo saben bien los Promotores de los campos de golf . Y tienen razón, es más importante el campo de golf que yo, así que opto por no ducharme hoy. Ya lo haré el sábado que he quedado con Ana. Bueno, los dientes también pueden pasar con un chicle de esos White. Y lo de las necesidades, pues… lo haré en cualquier esquina antes de entrar al trabajo. Porque el que no haya agua es cosa de “TODOS”. Por eso yo suelo fregar los suelos con el agua de fregar los platos. ¿O era al revés? Está bien, ya he superado la primera prueba de civismo y ética constructiva. Aunque aún queda lo peor. Quisiera tomarme un café, pero sé de buena tinta que el microondas despide unas ondas, que aunque sean micro (de ahí su propio nombre) son malísimas para la salud. Así que me tomaré el café en el bar. Y hoy no cogeré el coche, primero porque es insoportable la contaminación de humos que genera y segundo, porque no tengo. Y no porque no quiera, oigan…es que ya les he dicho que estoy sensible y cuando oigo cosas como: “…las imprudencias se pagan…” o …”Vive y deja vivir”, pues me vuelve la culpabilidad. Porque se que aunque yo vaya a 120 o lo que marque la “ley” y que me pase hasta la guardia civil poniéndome verde y mantenga la distancia de seguridad generando caravanas kilométricas y me chupe miles de carreteras secundarias peligrosísimas hasta llegar a mi pueblo, que no tiene autovía (no, no tiene), pues en el fondo yo soy el culpable de los accidentes de tráfico. Claro, los culpables somos “TODOS”. Así que vendí el coche.

Lo mismo me pasa con la comida, y es que es verdad… cómo se nota que la tenemos… con la de gente que no come… así que ayer me comí tres platos de cocido, y no por gula, no. Es que sé que tirar la comida es un pecado. Y ojo, tirar otras cosas, también. ¿Es que no han visto la campaña esa de la basura en la que sale una chica muy sonriente en una cocina del tamaño de mi casa en la que abre un armario y saca tres enormes cubos de tres colores distintos, todos para reciclar según qué cosas? Y entonces una voz te dice: “…Reciclar está en tus manos. Es cosa de TODOS”. Y tiene razón. Así que como evidentemente los cubos de colores no me caben en mi cocina los he ubicado en mi salón. Y la verdad es que no desprenden un olor muy bueno, pero yo…reciclo, que es lo importante. Y hasta que no encuentre los contenedores correspondientes, porque en mi barrio no hay ninguno, pues aquí se quedarán. Claro que entre el cocido y en fin, los cubos luego tuve una descomposición que se convirtió en una gastroenteritis de tres pares de narices, pero yo cumplí con mi obligación. Es más, podía haberme tomado algo para frenar mi malestar, pero me vino a la cabeza esa frase: …”los medicamentos sin tu ayuda pueden dejar de curar…” y otra vez la culpabilidad. Así que aguanté como un campeón. Me envolví en una manta y me puse a escuchar la radio.

Pero mi malestar se agrabó al oír ese anuncio que me mostraba que miles de perros eran apaleados y abandonados. Y decía…”sólo tú puedes ayudarlos…” ¡Otra vez la culpabilidad! Así que llamé y me traje una especie de pastor alemán pero sin pelo . Me han dicho que con cariño le volverá a crecer.

En fin… sigo viendo la tele. Con mi perro al lado. Y entre otras cosas oigo al político de turno decir que el que haya corrupción inmobiliaria es… también… “COSA DE TODOS…” y puede que tenga razón pero ahí sí que no sé que puedo hacer ya que pago 1200 euros de alquiler por el cuchitril de treinta metros donde habito.

Pues parece que aún puedo hacer algo más, ya que una chica muy mona vestida de Armani me propone en un programa público que aporte lo que pueda para salvar a miles de niños que mueren al día. ¿Cómo es el slogan?... “¿Dejarías morir a un niño que conoces…? y mostrándome una foto del todo patética… el slogan continúa…”pues a este ya le conoces…” Y entonces me vuelvo a sentir muy , pero que muy culpable. Porque las escenas son muy tristes…(no, no las de la presentadora, que parece que nos está mostrando la última colección de El Corte Inglés, sino las de esos niños con el vientre inflado…) Y es que lo que dice toda esa gente famosa, que cobra por salir en ese programa, y me consta que cobra mucho, me llega al corazón.. Así que llamo a ese número que aparece en pantalla y que además enriquece aún más a cierta empresa de comunicaciones que todos conocemos y aporto…sí, claro que aporto. Un total de 300 euros. El caso es que al llamar una chica muy simpática, que tiene el mismo tono que las de “TELE TIENDA” me ha convencido para que además apadrine a un niño. Son sólo 0,80 céntimos al día. Bueno, pues siendo así…póngame dos. También me convence de que vaya a la iglesia todos los Domingos… pues lo haré…aunque no sé en qué ayudo así a los necesitados…

Parece que ya me siento un poco mejor…digamos que soy menos malo… he cumplido con la iglesia, con la sociedad y etc, etc… aunque no todo lo bueno dura, ya que he recibido una llamada diciendo que me han despedido del trabajo. Parece ser que a mi empresa no le va muy bien y necesita una reducción de plantilla. Y han pensado precisamente en mí…¡Qué lástima! ¡Pobre gente! En el fondo me dan pena. Si pudiera hacer algo… pero claro, como ya estoy fuera… pues no sé…¡Otra vez la maldita culpabilidad…y además tengo que ir de nuevo al baño… maldita gastroenteritis…!

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