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Etiquetas:   Cultura   Filosofía   -   Sección:   Opinión

Liderazgo y democracia deliberativa

Las diferencias económicas entre los ciudadanos pueden deberse a numerosas causas, y no dependen exclusivamente de los méritos
José Manuel López García
miércoles, 2 de julio de 2014, 07:14 h (CET)
La realidad económica actual requiere decisiones rotundas, y la asunción de un liderazgo que beneficie sobre todo a los ciudadanos con más dificultades. La rebaja de impuestos es absolutamente necesaria, a mi juicio, para la reactivación del consumo y de la actividad. Además, como es lógico, las personas deben disponer de más medios monetarios para afrontar la crisis con más fuerza. El concepto de clase media me parece que es relativizable y discutible siendo un simple dato de estimación cuantitativa. Porque lo realmente esencial es el capital de conocimiento y de energía y tenacidad que aplica cada individuo en su vida en sociedad. Por tanto, las distinciones de clase social no me parecen decisivas al pensar en una realidad social que debe ser cada vez más igualitaria. El sujeto posee plenitud de derechos y capacidades, independientemente de su renta personal. Y es que las diferencias económicas entre los ciudadanos pueden deberse a numerosas causas, y no dependen exclusivamente de los méritos, y de la mayor y más amplia formación. El que se entienda que la acción de un partido político vaya dirigida a determinadas capas de la población, en vez de a otras con menos posibilidades económicas no me parece justo y correcto.

Se necesita en este país que surjan líderes políticos ilusionantes que escuchen los intereses, y las opiniones de los ciudadanos. Como escribe Daniel Goleman: «Los grandes líderes nos hacen avanzar. Encienden la pasión y despiertan lo mejor que llevamos dentro». Y esto que es aplicable en el ámbito laboral y empresarial considero que es extrapolable al campo de la política. Porque la regeneración de la sociedad pasa por la potenciación de todas las aptitudes y actitudes de todos promoviendo la armonía, y la solidaridad general de toda la población. Se pueden encontrar formas racionales y creativas de resolución de los problemas causados por la crisis económica.

El asesoramiento de expertos, y el aumento de la capacidad práctica por parte de los políticos, para el logro de la superación de los impedimentos que dificultan la creación de empleo digno es una tarea indispensable. En este sentido, una democracia participativa más deliberativa creo que sería beneficiosa aportando críticas y comentarios constructivos e ideas útiles, desde el punto de vista de una sociedad que exige un bienestar material irrenunciable, por razón de derecho y de principios. El líder político se reconoce porque influye en las emociones de sus seguidores y votantes de una manera especial. Además, es cierto que las emociones son un factor esencial en las decisiones políticas democráticas, y deben ser bien utilizadas por un líder carismático.

En relación con la función deliberativa de los procedimientos democráticos ya escribió Aristóteles: «La falta de expertos fiables para tomar decisiones que afectan a todos los ciudadanos hace imprescindible una amplia y extensa deliberación». Ya que los intereses individuales y los de la comunidad deben ser objeto de análisis y control, y los administradores públicos también tienen que rendir cuentas a la ciudadanía acerca de su comportamiento. El filósofo John Dewey desde una actitud pragmática destacaba la importancia de la moral en la sociedad, ya que es una empresa comunitaria. A mi juicio, no se puede elegir el bien de unos pocos a costa del bien de los demás. Lo más prioritario, sin duda, es la búsqueda del bienestar de los desfavorecidos, y esto posee una dimensión comunitaria innegable, ya que no es algo exclusivamente individual y subjetivo.

Todos los ciudadanos se merecen una cierta calidad de vida, y la actividad política deliberativa debe dirigirse hacia su consecución. Y es que como también dice Victoria Camps: «Vivir democráticamente es pensar en el otro, y desarrollar una manera de ser que se la más idónea para conseguir eso que Spinoza llamó «perserverar en el ser», entendiendo que «ser» sólo puede significar «ser social». Partiendo de la pluralidad de la sociedad que es algo enriquecedor y positivo, la afirmación del bien común es la base sobre la que se deben fundamentar las decisiones auténticamente racionales, deliberativas y democráticas, sobre los asuntos relativos a la protección de la salud, y al reparto justo del trabajo.
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