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Justicia, o venganza

Pascual Falces
Pascual Falces
miércoles, 8 de noviembre de 2006, 23:57 h (CET)
Este titular hubiera sido atrayente para Dostoyewski, el inmenso novelista ruso que con “Crimen y castigo” merodeó por las cercanía de este apasionante dilema. La cuestión está en el aire de actualidad por la sentencia del tribunal que ha juzgado los horrendos crímenes atribuidos a Sadam. Un “sátrapa” del viejo estilo de los gobernadores regionales del Imperio Persa, a quienes se otorgaba todo poder -como lo ostentaron los señores medievales de “horca y cuchillo”-, a cambio de que recaudasen los tributos para el Emperador. Es decir, nada nuevo en la historia de la humanidad. Lo único nuevo es que en su territorio, además de ser un vergel entre dos ríos, la Mesopotamia, surgió el petróleo, y eso cambió el panorama iraquí.

Desde que el “oro negro” reemplazó a las tradicionales riquezas de esa parte del medio oriente, su historia se volvió todavía más tormentosa. Así es cómo, el sátrapa de turno, esta vez Sadam Hussein, se encontró con mayor poderío que sus antecesores, y resulto ser objeto de turbias apetencias entre cruzados intereses mundiales. En esa refriega el “dueño y señor”, sostenido y admirado por una importante parte de Iraq que sigue en pie, cayó en desgracia de quien tiene el ejército más poderoso del mundo, y su poder se derrumbó, como todas y cada una de las estatuas que se había erigido. De modo penoso fue detenido en un agujero en tierra, con una pistola a mano –que no usó contra sí-, y un maletín repleto de dólares. Como cualquier vulgar malhechor. No se supo si se hizo sus necesidades encima en ese momento, como el etarra detenido con armas en la mano en Sevilla por la Guardia Civil y que un oportuno cámara registró para los telediarios.

Según la ley que le ha juzgado, la pena capital la merece, del mismo modo las mujeres sorprendidas en adulterio, o la horca para los homosexuales, pero su código penal de inspiración coránica es así. Hasta aquí todo se puede comprender dado el primitivismo de esa legislación de la Justicia; pero, lo que viene a establecer la polémica desatada es, que, la famosa “Coalición” de la que el “Comandante en jefe del ejército más poderoso del mundo” se sirvió como “acólitos” para derribar al sátrapa, estaba formada por algunos soldados representantes de lo que se llama Occidente, asentado en la civilización cristiana, y, donde la pena de muerte, con los siglos, ha sido abolida. A excepción de Estados Unidos, que sus razones tendrán –¿pervivencia del “espíritu de frontera”?- para mantener esa “barbaridad”, de bárbaros, los pueblos que asolaron el Imperio Romano, que, junto al Cristianismo y el legado griego, forman al día de hoy el alma de Occidente.

Así, la gente occidental no ve el final de la era Sadam necesariamente con éste colgando de una soga, aunque bien merecida la tenga. Con los siglos, Europa ha experimentado incontables injusticias, y ha derramado mucha sangre para alcanzar su evidente grado de civilización y unidad, y es del sentir general en ella que ninguna persona, física o jurídica, tiene poder para quitar la vida a otra. Hasta los criminales saben que su pellejo está a salvo; condición que no otorgaron a sus víctimas. Si el verdugo esperase detrás del encristalado recinto contra el que algunos etarras han lanzado sus coces, o hecho señales con la mano de disparar a los magistrados, otra escena se hubiera dado, y las fotos de sus ropas empapadas de necesidades fisiológicas -dilatados los esfínteres por efecto del miedo-, serían frecuentes.

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