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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El estatuto andaluz

José Jurado Saldaña
Redacción
martes, 7 de noviembre de 2006, 23:12 h (CET)
No comprendo el entusiasmo y las alharacas de que hicieron gala los diputados, “gestores de la Patria”, al aprobarse hace unos días el proyecto del Estatuto andaluz.

Porque el citado proyecto no es otra cosa que una copia servil y vergonzante del catalán. Y, además, deliberadamente ambiguo y confuso para complacer al Partido Popular y engañar al pueblo sencillo. El P.P. se fijó mucho en el Preámbulo y poco en el contenido y es precisamente por ahí por donde le han metido los goles.

En el estatuto catalán se dice sin ambages que Cataluña es una Nación, pero como en Andalucía nos sentimos sencillamente españoles y andaluces, los padres del Estatuto no se han atrevido a decir que Andalucía es una Nación. Hubiera sido demasiado.

Por eso han recurrido al viejo truco de nadar entre dos aguas, de mentir, manipular y alambicar los conceptos. Y, al final, no se sabe si los andaluces somos una Nación (camuflada bajo el término “realidad nacional”) o una “nacionalidad histórica,” o una “realidad nacional” reconocida expresamente en el art 2 de la Constitución ((lo que es manifiestamente mentira)

Innecesario es decir que todo este lío deriva de aquella malvada redacción que algún “Padre de la Constitución” logró introducir en el art 2 de la Constitución española, para satisfacer en el futuro (ahora presente) el desgajamiento de la Madre Patria.

¿A qué viene hablar de “nacionalidades” sin decir cuáles son? Porque el término “nacionalidad” en el art citado está usado indebidamente como sustantivo, -como equiparable a Nación,- olvidando que la “nacionalidad”, en su verdadera acepción, no es otra cosa que el vínculo que une a un individuo con la Nación a que pertenece; como vecindad es la pertenencia de una persona a su Municipio.

El Preámbulo del proyecto es una bella pieza literaria del arte de decir lo que se quiere ocultar, de insinuar lo que se quiere afirmar, de amagar y no dar, de nadar entre dos aguas. Como diría Pemán: “Para poco cante, mu largo el jipío”.

Desacertado, por otra parte, me parece mencionar a D, Blas Infante como “Padre de la Patria andaluza” porque Infante fue un desconocido antes y ahora.

Fue un soñador de cuya memoria muchos aprovechados han medrado. D. Blas Infante fué un hombre de muy buena intención y muy sensible a la miseria de los jornaleros andaluces a la quiso poner remedio reivindicando pare ellos “tierra y libertad” y haciéndolo en términos innecesariamente demagógicos como el grito de “!Andaluces, levantaos”!

Hubiera sido un magnífico misionero pero le sedujo la política y esa fué su perdición hasta llegar a su inícuo e infame fusilamiento.

Ni D. Blas Infante merecía ese malvado final, ni que por su muerte se convirtiera en “padre de la Patria Andaluza”.Fueron muchos, antes y después de D. Blas Infante,y cito a Don Miguel Primo de Rivera, a su hijo José Antonio y al mismo Franco quienes quisieron acabar con aquella España “zaragatera y triste donde el caciquismo cabalgaba a sus anchas y el jornalero, muerto de hambre, no era sino el acervo de votos que se vendían ¡por un pan y un duro” (Soy testigo de ello)

D. Blas Infante puede ser perfectamente el “Padre de la Patria Andaluza” para quienes se sientan liberales, republicanos, separatistas y federalistas. Aunque justo es decir que quedó defraudado de aquella República que no respondía a sus anhelos.

Espigo a continuación algunas frases de su Ideario Andaluz y de sus discursos en las Asambleas de Ronda y Córdoba:

1.-“Declarémonos separatistas de este Estado y acabemos con la vieja España”.

2.-“Al llegar la República, nosotros hubiéramos deseado un sistema de hechos revolucionarios y cancelar los antiguos vicios del régimen muerto”.

3.-“Separación inmediata de la Iglesia y del Estado. No se puede tolerar que, con la máscara de la Religión, se quiera imponer la política absorbente de Roma”.

4.-“Si las Cortes no responden a nuestros anhelos, Andalucía proclamaría su República”.

5.-“Nosotros aspiramos a ser expresión de los anhelos revolucionarios de Andalucía”.

6.-“Pretendemos la reforma agraria radical”.

7.-“Queremos la sindicación forzosa de los campesinos”.

8.-“Un Estado político contribuiría a recuperar el espíritu de Andalucía”

9.-“Lo que yo quiero es libertad regulada por los mejores”.

10.- “Para nosotros la masa es despreciable”.

11.-“Afirmamos rotundamente el Estado federal”.

Este era Blas Infante. Ustedes juzgarán.

Sus seguidores, unidos a un Partido Popular, inexplicablemente acomplejado, no han vacilado en aprobar un proyecto de Estatuto, en muchos puntos inaceptable a mi juicio, por contener preceptos que son copia del estatuto catalán y que son claramente inconstitucionales.

1.-Incluye la muerte digna (¡UF! ¡La Eutanasia!).

2.-Reconocimiento de derechos matrimoniales y familiares a “otras” uniones de hecho.(¿Poligamia? ¿Matrimonios a prueba? ¿Comuna matrimonial? ¿Amor libre?)

3.-Restricciones a la enseñanza privada y fomento de la laicidad en la enseñanza pública. (¡En un estado que no es confesional!)

4.-Promoción de políticas encaminadas a la orientación sexual de los ciudadanos.(Esto es, intromisión en la función de los padres)

5.-Orientación ideológica en la escuela y en la vida social.(¿Dónde queda la libertad de la persona?)

6.- Rompe la unidad jurisdiccional con la creación de un Consejo de Justicia y eliminando las competencias del Tribunal Supremo.

7.- Configura las relaciones Estado-Comunidad andaluza en un plano de igualdad con lo que la soberanía de la Nación española desaparece.

En fin, como se ve, el estatuto andaluz es copia servil del catalán.

¿Puede satisfacer este Estatuto? A mí, por descontado, no. Y así lo haré patente con mi voto el día del Referéndum.

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