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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Ranking de las causas de muerte: escala ZP

Mariano Estrada (Alicante)
Redacción
martes, 7 de noviembre de 2006, 23:12 h (CET)
El Presidente del Gobierno, don José Luís Rodríguez Zapatero, en sus declaraciones en la reciente Cumbre Iberoamericana, ha venido a decir que el terrorismo no es la primera causa de muerte en el mundo, que por delante está la causa del hambre y también la del cambio climático, dando por supuesto que todas estas causas están totalmente inducidas por la mano del hombre, lo que no está claro del todo. De manera que podemos hacer una de estas dos cosas: esperar a que el terrorismo ascienda unos puestos en la escala ZP para enfrentarnos a él con seriedad, o hacer como se hace con el cáncer, que es tratar de extirparlo de raíz en cuanto éste se detecta, o sea: no por el lugar que ocupe en una u otra lista maldita, sino porque sabemos que es un pregonero exacto de la muerte.

(Por cierto, el cáncer ya no es el número uno en esa otra lista de mortalidad, la de las causas naturales, pero sigue ocupando aún un lugar preeminente. Tantos recursos invertidos, tanto tiempo sin resultado práctico alguno, tanta desesperación, tanto trabajo desaprovechado e inútil, tanta muerte sin poder atajar. Desde luego, lo más fácil hubiera sido tirar la toalla a cada fracaso. Pero no se ha hecho así y ahí está la ganancia, cada día más espectacular, cada día más extensa, cada día más esperanzadora. De hecho, ¡cuántas vidas llevamos ya salvadas, señor Presidente! ¿Sabe acaso por qué? Por el tesón, por el esfuerzo generoso, por la lucha continuada y honesta. Porque hasta ahora, afortunadamente, no hemos fijado como prioridad el puesto que ocupaba en un ranking. Nos ha bastado saber que era mortal de necesidad. Como el terrorismo, digamos, salvo en el detalle del número de muertos. Y es que el terrorismo, en puridad, no ha dejado de ser nunca una suerte de cáncer). Pero volvamos al asunto que nos ocupa.

El Presidente del Gobierno, en esa reunión Iberoamericana, en la que quiso colar a ETA de rondón y de paso meter al Rey en un serio compromiso, se olvidó de decir que el tráfico, en la escala de muertes aludida, está también por encima del terrorismo. De hecho, su Gobierno está tomando un buen número de medidas para intentar reducir esa cifra de muertes de carretera que, en la estimación del Presidente, sin duda es inaceptable y escandalosa. Y, en realidad, en España, que es un País azotado cruelmente por el terror, cualquier enfermedad de las originadas por la mano del hombre, en la mencionada lista de causas que llevan a la muerte, se sitúa por encima del terrorismo. De manera que el terrorismo no nos debiera preocupar, pero nos preocupa. Y hasta puede que la del terrorismo sea la causa más insoportable y temida, incluidas las causas naturales, lo que constituye realmente una paradoja. Tal vez porque el terrorismo llamado catastrófico, en el que pueden emplearse armas químicas o bacteriológicas, u otras de destrucción masiva, tiene un potencial demoledor y mete mucho miedo en el cuerpo. Por lo tanto, sus palabras, en las que yo veo sólo una razón coyuntural y política, deben ser repensadas y tal vez corregidas o expresadas de muy distinta manera. Porque, por graves que sean, que lo son, los problemas climáticos y ecológicos, deben tener un tratamiento específico. Y urgente. Pero bien se puede entender que ni España va a cumplir ni usted tiene costumbre de rectificar, quizás por no creerse sabio.

Señor Zapareto, a lo mejor no tenía usted que haber hablado en términos comparativos. A lo mejor ha vuelto a mezclar indebidamente las peras con las manzanas y las churras con las merinas. A lo mejor, incluso, ha intentado usted mezclar el aceite con el vinagre. Y eso sí que no. Ya sabe usted que estos dos productos de la tierra, tan necesarios ambos para nuestro bienestar, hay que tenerlos muy cerca, tanto de nosotros como entre sí: en la misma casa, en la misma despensa, en la misma cocina, pero no hay que juntarlos nunca hasta que no esté preparado el condumio que van a contribuir a condimentar, que suele ser tomate con lechuga o ensalada de muy diversas especies. Y entonces sí, entonces ya van juntos al cuerpo, por el derrumbadero de la garganta, para seguir alimentando a la humanidad, con independencia de la raza, del sexo, de la religión, del origen, de las creencias…

Pero volvamos al tema. Usted ha pretendido hablar de causas de muerte comparadas y ha hecho un imposible parangón entre las muertes producidas por el cambio climático, como hemos dicho ya, y las muertes ocasionadas por el terrorismo, ambas supuestamente debidas a esa mano del hombre ciertamente perversa. Y ha ido a decir esto en Uruguay, cerca de Colombia, en las mismísimas narices de Álvaro Uribe, su Presidente. Es decir, ha mentado la soga en la casa del ahorcado y ha juntado el hambre con las ganas de comer. A Uribe le ha sentado muy mal, como es lógico. Pero tampoco en España ha sido muy bien comprendido.

Y uno se pregunta: ¿por qué tanta disculpa, subterfugio, ventilador y muletilla? ¿Por qué no ha cogido usted al toro por los cuernos, diciendo llanamente que los terroristas pueden ser pacificados, reeducados, reconvertidos y reinsertados amigablemente en la Sociedad, ya que en España tenemos el ejemplo reciente de un tipo como De Juana Chaos, el de los 25 crímenes a cuestas, el de las patadas a troche-moche y las amenazas sin freno, ése por el que finalmente ha salido usted fiador? Sí, hombre, sí, en el fondo, esa capacidad suya de apaciguar a los terroristas más sanguinarios, es la razón última por la que usted puede haber reinventado la ONU, que ahora se llamaría Alianza de Civilizaciones, AC, que es Alianza Nueva y Eterna, como sabe. Y en parte tiene razón, ya que la ONU no sirve para nada. O para muy poco. O, en último término, para mantener sine die el statu quo, incluida su propia corrupción, favoreciendo descaradamente a los países más ricos. Por cierto, entre los países más ricos ¿estaría Arabia Saudí?

Finalmente, y con independencia de lo que usted haya querido significar, que uno sólo lo intuye, pero no acaba de saberlo nunca del todo, yo proclamo aquí, con el corazón y la cabeza al mismo tiempo, que el odio engendra violencia, que la venganza no conduce a paz, sino que ése es un atributo de la justicia; que la libertad es un bien conquistado con dolor y, por lo tanto, irrenunciable; y que la pena de muerte se escapa a la autoridad de los hombres. Pero, claro, ustedes, los que mandan, tienden a ver el terrorismo no ya como suceso sin proximidad a los sentimientos de las personas, sino como dato que engrosa una mera estadística. Es decir, como razón fría, tal vez como cálculo de un particular interés. Por el contrario, ésta que acabo de expresar es una visión integradora y raciovitalista, en la que, fíjese bien, no cuentan nada los votos ¿O los ha visto usted rondar por alguna parte?

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