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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Clavileños

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
martes, 7 de noviembre de 2006, 00:28 h (CET)
Entre chungas y alborotos transcurren muchas de las escenas cervantinas. Dejan al libre juego del lector la elección del camino posterior. Bien un entretenimiento agradable, o por el contrario la provocación de una reflexión frente a las turbulencias y maldades, pasiones o entuertos, de las condiciones vitales del hombre. Simple esparcimiento o pensamientos más profundos. Variarán las formas, con móviles y pantallas, pero las argucias y las trampas se mantienen en pleno auge. Doble cariz, divertido en ocasiones y estimulante para conocernos mejor.

En los preámbulos de la estrafalaria aparición del Clavileño, el artefacto de madera da pie a una nueva manifestación de la graciosa simpleza de Sancho Panza. Escribe a su mujer con las inquietudes previas al nombramiento de gobernador. "Que andes en coche... porque otro andar es andar a gatas", o esta otra frase, "Voy con grandísimo deseo de hacer dineros... todos los gobernadores nuevos van con este mismo deseo". Pese a todo, no olvida algunas precauciones oportunas, "No dirás de esto nada a nadie, porque pon lo tuyo en concejo, y unos dirán que es blanco, y otros dirán que es negro". Con esta visión paleta, bonachona e inocentona, se introducen unas ambiciones no tan simples.

¿A quién no le apetecen los réditos que pudiera obtener de unas prebendas? No estamos ante una manifiesta incultura sin más. Estas tendencias son el PRIMER ESLABÓN para que puedan originarse futuros clavileños. A la chita callando y a Teresa escribiendo, con los melindres adecuados para el preparativo; el personaje se introduce solito en el túnel cuyo final está lleno de lamentaciones. Los males comienzan ya desde dentro de uno mismo, para convertirse en sufridor final.

¿Cuándo ejercemos de Sancho Panza? Seguramente cuando cedemos a los encantamientos, que no encantos, de los electoreros de turno. Nos creemos eso de ser gobernadores en la ínsula democrática. O cuando nos abandonamos en territorios muy alejados de las decisiones. La pasividad y la ignorancia se enseñorean, adornadas de las engañifas pertinentes. Inconvenientes de pleno ejercicio en este primer eslabón apuntado. La opción personal cede en el esfuerzo, para acabar en los victimismos.

Luego viene ese pensamiento débil llevado a la frándula y a las televisiones con el beneplácito universal. No se trata de una simple diversión esporádica, su carácter omnipresente acogota por todas partes. De tal manera que en este segundo eslabón se dedican cuantiosos dineros para elaborar auténticos leños voladores, al estilo del caballo cervantino; en estos CLAVILEÑOS es aún más significativa la clavija para dirigir el procedimiento. La clavija es manejada por los que traman y cavilan, haciendo ver que el tontorrón de turno es quien la lleva.

¿Todos vamos a divertirnos? No hay tal. Los beneficios de la tarta, sean económico o de graduación social, circulan por niveles independientes. Y a mucha distancia van los "Sanchos" mal informados, contentos, dicharacheros y aún presumidos. ¿Nos quedan dudas de estos desfases? Bastará con una mirada a las programaciones de televisión para cualquier tarde, o preguntarnos ¿Cuántas obras de buen teatro se promueven desde esas clavijas? ¿Asombroso nivel de las películas emitidas? Más bien se promueven grandes facilidades para gestar los muñecos, montajes ruidosos o silencios, capaces de convertirnos en ninots de falla.

Así, y con todas las circunstancias manipuladas, llega el momento de la verdad; cuando a uno le proponen componendas raras -Inversiones de oscura trama, seguidismos ciegos-, inevitablemente escuecen las dudas y alarmas. Pero nos explican todas las pretendidas ventajas en el caso de Clavileño, "Ni come, ni duerme, ni usa herraduras"; hoy en día nos envuelven con estadísticas, informaciones virtuales y otras zarandajas. Hasta se lleva eso de los caciques modernos, como Don Quijote dirán: "Sancho hará lo que yo le mandare". Ejemplos haylos, como en Andalucía Oriental.

De nada valdrán esos "Yo no subo porque ni tengo ánimo ni soy caballero", "Yo no soy brujo para gustar de andar por los aires", o "Si la señora se contentó de estas ancas... no debía ser muy tierna de carnes". La simpleza del buen Sancho refleja sus múltiples reparos ante el momento cumbre del encantamiento. Ahora bien, la codicia, la ignorancia, junto a un entorno veleidosos y pendenciero, ejercen una gran presión, es muy difícil resistirse a ellos.

En estos años tan modernos no faltan nuevos y más sofisticados artilugios, se supera con creces a ese leño de madera con forma aproximada de caballo. La esencia de la jugada será pergeñar algunos artefactos capaces de subyugar y mantenernos engañados. Si sacamos a relucir los aeropuertos, con las cuitas organizativas, las desconsideraciones, la política, sindicatos y los verdaderos violentos; la mezcla ofrece un espectáculo no siempre justificable. ¿No les suenan a perversos clavileños los montajes electoreros al uso? ¿Será eso la democracia? Si dirigimos la vista a ciertas urbanizaciones sin saneamientos, sin agua, o hasta ellas mismas puramente virtuales; pues haylas, sí señor. Suele olvidarse que las conductas nazis tuvieron fases plenamente democráticas, ¿Se han recuperado alguna de estas tendencias en entornos próximos? O bien, ¿Qué entienden ustedes por transparencia? ¿Significará esta palabra aquello que permanece oculto? ¡Quedó pequeñito Clavileño!

Recurriendo de nuevo a la aventura cervantina y despues de progresar entre sus "zonas atmosféricas", se va transformando el ambiente en un fogoso brasero. Tampoco nos resultan desconocidos esos calentamientos ambientales y sociales. Del frío se pasa al temor de truenos y relámpagos, pero no se rectifica ninguna de las posiciones previas; de forma tozuda y terca porfiamos sin fin. Los ignorantes o enajenados, por maleables; los perversos tergiversadores, por ambiciosos truhanes. Todo va quedando a punto para la gran traca final. Si fuera traca fallera, celebrémoslo. Tristemente, asoman las agresiones violentas, terrorismos ciegos y nefastos, disimulos sangrantes y olvidos de lesa humanidad.

¿Chamuscados y ofendidos? ¿Atónitos?

¡Qué va!, ni rebuscando. Pero esto no es una aventura leteraria, los desprecios a la cultura, la educación tendenciosa o la cerrazón mental conducirán inexorablemente a unos batacazos soberbios. ¡Explotó el Clavileño!

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