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Apremio de enmiendas

Pascual Falces
Pascual Falces
martes, 7 de noviembre de 2006, 00:28 h (CET)
No resulta fácil reflejar el panorama español en esta hora en que, en buena parte, domina la confusión. Si la vigente Constitución del año 1978, instituye la monarquía parlamentaria, también establece la igualdad de derechos entre el sexo femenino y masculino; de este modo, todavía no se sabe si la hija del Heredero vendrá a ser, o no, en la distancia, futura reina. De cualquier modo, siendo un sistema en que el Rey no gobierna sino que, tan sólo, representa la continuidad del sistema de Estado, la cuestión es baladí, y, aparte de la llamada prensa rosa, poco preocupa a los españoles esta posibilidad. Algún castizo y mal hablado, diría: “me la trae floja”, y todos le entenderían. Desde que murió Franco, lo consolidado no es la corona, sino la fortuna de la familia real, además de las hipotecas domésticas de la ciudadanía desde aquellas fechas.

La otra novedad instaurada en 1978, fueron las Autonomías, que se han desarrollado aumentando hasta demasía la carga burocrática que sostienen, también, los hipotecados. La ayuda recibida de los “fondos de cohesión” de la Unión Europea, decrecientes, han permitido con su distribución más o menos equiparable, la notable prosperidad del conjunto del país. A su vez, ha provocado una ingente inmigración, tanto de Hispanoamérica como de Centroeuropa y de África. Más, los gobiernos autonómicos, en especial en las provincias vascas y Cataluña, se han conducido hasta el disparate “hortera” de tal manera que hacen frotarse las manos a los colegas de opinión, porque “da mucho de sí”. El sistema elegido por el gobierno de cada autonomía, es el de “mimetizar” al Gobierno Central del Estado hasta lo chusco, por ello, entre las administraciones se ha provocado un enorme guirigay. Así se está viviendo en Cataluña, donde ni encuentran manera de organizarse, ni el resto del país sabe en qué terminará la reciente convocatoria electoral de esa región. Toda España conoce Montserrat, la obra de Gaudí, las alpargatas catalanas –llamadas “espardeñas”-, el salchichón de Vich, y... el renovado “tripartito”. Da la impresión de que el coste electoral se podía haber evitado, tan mirados como son en cuanto a gastos innecesarios; la novedad de “ciutadans” ha salido cara, y eso que fueron los que menos derrocharon en su campaña.

Añade preocupación la repercusión de estos galimatías en el Gobierno Central, por lo que “unos por otros, la casa sin barrer”. Los tratos de Zapatero con representantes autonómicos han hecho ir de medio lado al Parlamento de la Carrera de San Jerónimo, y según los analistas de la actualidad política, el asunto va a mayores. El Presidente, que quiso consagrarse como el artista que “sin miedo”, ventilaría el “problema” vasco, no termina de ver como evita una cornada que interrumpa el penoso espectáculo que viene deparando al respetable.

Agrias estridencias conllevan la permanencia del actual articulado constitucional. El país se ha desarrollado, y el traje se ha quedado pequeño, tira y se rasga por muchas partes. Las “enmiendas de la Constitución” tienen antecedentes en otro países, y, entre ellos, la vecina Francia que, desde 1958, ya va por su Quinta República (quinta Constitución republicana). Es la hora de que personas equivalentes a quienes redactaron la actual Constitución, retomen los reajustes que necesita: ley electoral, ordenación autonómica, enseñanza, y, etc. Si bien, eso sí, bajo el inamovible precepto democrático de “luz y taquígrafos”. Lo cual, es lo más difícil, porque los murciélagos se espantan con la claridad.

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