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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Carta de una cristiana originaria

José Vicente Cobo
Vida Universal
martes, 7 de noviembre de 2006, 00:28 h (CET)
Queridos amigos, estimado lector:

Me dirijo a ustedes en todos los continentes de esta Tierra con una «petición de Belén». Mi nombre es Gabriele. Soy una cristiana originaria. Con algunos cristianos originarios hemos creado una tierra de paz para la naturaleza y los animales, cerca de la ciudad Würzburg, en Alemania. En este pedacito de Tierra se ha cumplir el mensaje de Belén, que dice: estar en paz con nuestros semejantes, pero también con las otras criaturas que conviven con nosotros, los animales, y con la Madre Tierra, que en unión con los cuatro elementos es la que alimenta a todas las personas, a los animales y a las plantas.

Justamente en la época de Navidad muchas organizaciones piden donativos para quienes sufren necesidades, para niños huérfanos y para personas que pasan hambre. Muestran cómo niños pasan hambre todos los meses o todos los años. Piden donativos para que los que no tienen medios experimenten la Navidad, la fiesta de la paz y del amor altruista y puedan sentir la esperanza de que hay personas que les ayudan.

El mandamiento del amor al prójimo dice: que uno lleve la carga del otro. Pero el amor al prójimo también ha de ser llevado al mundo animal y a la Tierra, pues los animales respiran igual que nosotros los seres humanos. La respiración es la vida. Ninguna persona puede dar la respiración a otra. Tampoco a los animales, que son seres que sienten como nosotros, ninguna persona puede darles la respiración. De igual modo ninguna persona puede dar a la Madre Tierra el elixir de vida, las cuatro fuerzas elementales. Por lo tanto no debemos matar intencionadamente ni a personas ni a animales ni explotar la Tierra.

La fuerza de vida viene únicamente de Dios. A las personas no nos pertenecen ni los animales ni la Tierra.

La fuerza de vida nos es regalada en nuestra respiración, hasta que nuestra alma pase al Más allá. Allí no podemos llevar nada de lo que en lo terrenal llamamos nuestros bienes. Pero podemos hacer cosas buenas. Por eso hay organizaciones que piden ayuda para aliviar las necesidades, precisamente en el tercer mundo. Esto es bueno y correcto, pues los unos han de llevar la carga de los otros.

Precisamente la época de Navidad hace más grande el corazón de algunas personas, y ellas se abren para su prójimo. Pero de la gran unidad, que abarca a los seres humanos y a la Tierra, forman parte los animales. Por todas partes la necesidad y el sufrimiento de los animales es increíblemente grande. Toda persona que necesita ayuda tiene una voz en este mundo a través de otras personas, a través de organizaciones. Los animales por el contrario han sido denigrados a criaturas sin derechos por los seres humanos; ellos no tienen en nuestra sociedad ni derechos ni apenas voz.

Algunos cristianos originarios no sólo quieren prestar su voz a los animales esclavizados, torturados, cazados, perseguidos y matados de forma cruel, sino que también han comenzado a crear una tierra de paz. Han comprado y siguen comprando bosques y campos, en los que los animales ni son perseguidos ni cazados ni tienen que morir de forma cruel para el placer del paladar humano. En esta tierra de paz las personas y animales se encuentran en total libertad. Personas y animales se convierten poco a poco en amigos.

Seguramente que ustedes ahora estarán pensando que esto es algo paradisíaco. Y algo así es: los animales que viven en la Tierra Pacífica están cambiando su carácter. Están recuperando poco a poco su ser original, manso y noble. Ellos sienten que no se les causa ningún sufrimiento, sino al contrario. Están comenzando a desarrollar la confianza en los seres humanos.

Retrocedamos con el pensamiento unos 2000 años; hagamos surgir en pensamientos la imagen del establo de Belén. María y José no fueron acogidos por persona alguna. Más aún, se les cerraron todas las puertas a las que llamaron. No se les ofreció ningún cobijo. Sin embargo, los animales acogieron a María y a José. Les dieron su pesebre, en el que María puso al niño recién nacido, que lo recostó sobre la paja. Los animales le dieron calor y le ofrecieron paz, lo que las personas de aquel entonces tampoco tenían.

Navidad debería de ser el símbolo del amor. Jesús, el Cristo, no sólo vino a los hombres, sino también a los animales. La Tierra Pacífica ofrece a los animales la paz que los animales en el establo de Belén irradiaron al niño Jesús, a María y a José. La Tierra Pacífica, en la que los animales tienen un hogar, es aún pequeña. Pero está creciendo y cada vez más animales buscan un hogar y protección en esa Tierra Pacífica.

Ahora se está abriendo para ellos una gran oportunidad. Pues a los cristianos originarios se nos ha ofrecido poder comprar una gran área de bosque y tierras. Como se nos ha ofrecido en la época de Navidad, yo llamo a este terreno, que es como un hogar, el «bosque Belén», una zona de paz. Como los cristianos originarios no somos ricos, es decir, no tenemos los medios como para recurrir simplemente al monedero y pagar, pido donativos a los amigos de los animales en todo el mundo. Con ello estarán ustedes dando su voz a los animales y estarán colaborando para ofrecer a los animales un hogar pacífico como se merecen según su especie.

Queridos amigos, por favor, ayúdennos. Pues Jesús no sólo vino a los hombres, sino también a los animales. Ayuden también a restablecer la dignidad de los animales. Al comprar para las fiestas de Navidad, piensen en esas criaturas a las que de forma cruel se les disparada y descuartiza en los mataderos, para acabar como trozos de cadáveres en los platos de muchas personas.

Dios dio a los seres humanos el mandamiento de comer lo que crece sobre la Tierra, que es la que alimenta a personas, animales y plantas. Dios dijo lo siguiente: Aquí os entrego todas las plantas sobre la Tierra que portan semillas, y todos los árboles con sus frutos llenos de semillas. Estos han de serviros de alimento ... a todo lo que se mueve sobre la Tierra, lo que lleva la respiración de la vida les doy todas las plantas verdes como alimento.

No deberíamos olvidar que si nos apartamos del consumo de carne, también estaremos ayudando a volverse vegetarianos a los animales que comen carne.

El Cielo no nos ha enviado a los seres humanos a ningún animal que coma carne, sino que las ansias humanas han hecho de muchos animales lo que son muchas personas que consumen a sus semejantes.

Por favor, ayuden con un don de amor misericordioso a los animales que dependen de su ayuda. Ellos le piden a través mío: «Ayuden a comprar el bosque Belén, un lugar de tranquilidad para nosotros, las criaturas de Dios torturadas, maltratadas y sin hogar. Nosotros los animales somos al fin y al cabo sus hermanos pequeños en la Unidad dada por Dios.»

Queridos hermanos, yo siento que ustedes quieren ayudar. ¿Puedo darles el número de cuenta para donativos y transmitirles el agradecimiento de los animales? La Buena Nueva de los animales para las personas que están dispuestas a ayudar es la Tierra Pacífica. En el caso de que la quieran venir a ver, están cordialmente invitados a hacerlo.

También yo, Gabriele, les doy profundamente las gracias de todo corazón por esta ayuda a Belén.

- Número de cuenta: 20900 172 6100 8400 3172
- Titular: Armin Graetzer - Finalidad: Fundación Gabriele
- Entidad bancaria: Caja de Ahorros del Mediterráneo

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