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Eso sí

Nieves Fernández
Nieves Fernández
domingo, 5 de noviembre de 2006, 04:20 h (CET)
Hay que ver cómo adoptamos fórmulas lingüísticas del idioma a golpe de sonarnos en los oídos y, eso sí, por el boca a boca de todos los lenguajes. No parece sino que estemos esperando que alguien utilice un nuevo vocablo o una nueva frase, ¡chas!, para que salte esa chispa adoptiva y pasemos a hacer las palabras mucho más nuestras en la verborrea habitual, más usadas en el amplio universo del diccionario.

Llama la atención cómo va cambiando la moda de esas muletillas, podríamos citar como las más recientes “pues va a ser que no” o en su modo afirmativo “pues va a ser que sí”. Muchos ejemplos como éste ha dado la televisión con sus muletillas y frases graciosas en programas-concursos que hicieron historia y aún más ha dado y dará el creativo mundo de la publicidad.

Pero es que el “eso sí” se ha hecho últimamente tan latente que, eso sí, escrito así entre comas no nos podemos negar a utilizarlo. Y es que, eso sí, debemos reconocer que estas dos palabritas no aportan mucho al significado de nuestro mensaje pero se escucha bien, es comparable quizá a escuchar un idioma sin haberlo estudiado o practicado, pongamos por caso la maravillosa sonoridad del francés o del mismo inglés.

Ha sido tan contagioso este famoso demostrativo y adverbio afirmativo que nos da la sensación que no hay medio informativo que se precie que evite de algún modo este apoyo lingüístico o muletilla pues en eso se convierte, en un pequeño bastón o muleta del hablar para caracterizar la disertación de interesante.

Escuchen si no los informativos, no importa la cadena elegida, el “eso sí” funciona en la boca y en las palabras de todos los presentadores y redactores, se diría que contagiados de ese caprichoso seseo tan demostrativo.

A veces lo innecesario y lo menos importante de lo que nos rodea es lo que realmente valoramos, es lo que nos satisface y nos acompaña; a veces lo esencial de un discurso no es lo esencial del significante, sino la forma o el deje con el que ha sido expresado. Tengo una amiga que diserta sobre literatura con un acento suavemente delicado, y diserta en distintos foros con maestría y sapiencia pero además se expresa con un acento sudamericano tan meloso que envuelve al interlocutor, al final no sólo queda la literatura, queda la forma en la que ella hace literatura. Y, por cierto, también utiliza alguna muletilla que no es el “eso sí” del que ahora hablamos.

A veces estas frases innecesarias y superficiales, contagiadas de la tele o de la calle, del compañero de oficina o del amigo, del profesor o del vecino pueden quedar grabadas en la memoria de tal manera, que al recordar a esa persona recordaremos sobre todo sus especiales muletillas en las que se apoyaban para hablarnos como si fueran comodines del lenguaje, eso sí, dichas todas ellas con un gran énfasis para subrayar las otras frases que curiosamente no recordamos. Y es que la muletilla puede ser un adorno vital para expresar un mensaje o, por el contrario, si un mismo mensaje se acompaña de taco, puede llegar a cambiar su significado hasta hacerlo distinto por su tono. Pero, eso sí, el hablante se quedará satisfecho de haberlo utilizado. ¡Qué tendrán las palabras comodines para ser tan contagiosas! Eso sí, el próximo artículo lo miraré con lupa.

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