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Etiquetas:   La parte por el todo   -   Sección:   Opinión

Van a por nosotros

Óscar Arce
Óscar Arce
domingo, 5 de noviembre de 2006, 04:20 h (CET)
En Nueva York se han propuesto acabar con la obesidad. Para ello han decidido acabar a la base del problema. Elegido el objetivo, lo necesario es saber cómo nos dedicaremos a asediarlo hasta que caiga.

Por desgracia, el enemigo a batir, la comida rápida, es uno de los iconos que los Estados Unidos han exportado con mayor facilidad. Las grandes emes amarillas, las factorías de pizzas a domicilio, los muslos de pollo con rebozado crujiente o clásico.

Las cadenas de comida rápida, unas de las mayores vallas publicitarias en el extranjero, una de las columnas sobre las que se erige la concepción que tenemos en Europa de la vida estadounidense que se muestra en Grease y en West Side Story; las cadenas de comida rápida, producen el mal que arruina las arterias y agota el corazón antes de tiempo.

En otro orden de cosas, los tiempos -quienes los dirigen- marcan siempre lo que es mejor para el pueblo llano. La época liberal desembocó en la cruenta lucha por el dinero y en su concepción como un fin en sí mismo y no como un medio.

En ese momento se desarrolla la economía cruel por la no-intervención del Estado. Entonces era lícito crecer a cualquier precio, manipulando la publicidad, extorsionando al obrero, falseando las estadísticas. En ese contexto nacen las grandes cadenas que perviven hasta nuestros días.

Los Estados modernos no han podido, no han sabido o no han querido barrar el camino al crecimiento indiscriminado. En efecto, en una política infinitamente más intervencionista de lo que cualquier economista liberal hubiese querido, la fuerza del capital campa a sus anchas por todo el planeta.

Y es ahora cuando la autoridad competente, la misma que hace unos años comprendió que el laissez faire debía predominar en el panorama económico, interviene para decirnos que todo aquello que hasta ayer era símbolo de fortaleza del país puede matarnos mañana.

Absolutamente siempre por nuestro bien. Hasta que los actos devengan costumbres: millones de automóviles que no debemos conducir, millones de cigarrillos que no debemos fumar, millones de hamburguesas que no debemos comer.

Accidents Polipoètics lo han interpretado en verso. Siempre por nuestro bien van a por nosotros, los que no somos ellos. Las decisiones de los gobiernos han marcado y marcan la manera adecuada de enfermar y morir. De hecho, lo definen todo.

Paga tus facturas, traje con chaleco, duerme con pijama, santifica el lunes, funda una familia, por qué no adelgazas. Vaya facha traes, lávate las manos, píntate los labios, por qué dices eso, todo está ya escrito. Van a por nosotros.

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