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Opinión
Etiquetas:   UNESCO   Patrimonio  

Patrimonio Cultural Subacuático, nuestra historia bajo las aguas

La UNESCO busca proteger esa herencia de la sociedad
Francisco Cano Carmona
martes, 10 de junio de 2014, 08:02 h (CET)
Entendemos por Patrimonio de la Humanidad al conjunto de lugares, sean naturales o de creación humana, y manifestaciones culturales de todo tipo recogidos en la lista del Programa Patrimonio de la Humanidad y reconocidos como tal por la UNESCO.

Sin embargo, la clasificación de toda esta herencia es bastante compleja: existen el Patrimonio Cultural Tangible, y dentro de esta categoría, el Mueble y el Inmueble; el Patrimonio Cultural Inmaterial o Intangible, en el que se incluyen fiestas y demás manifestaciones culturales; y el Patrimonio Natural.

El Patrimonio Cultural es el formado por aquellos bienes que la historia ha legado a una nación y por aquellos que en el presente se crean y a los que la sociedad les otorga una especial importancia histórica, científica, simbólica o estética. Es la herencia de una sociedad a la historia; es decir, a las generaciones futuras y que contribuye, en cierta manera, a crear un sentimiento de unidad y permanencia.

Qué es el Patrimonio Cultural Subacuático
La UNESCO define el Patrimonio Cultural Subacuático como el conjunto de "todos aquellos rastros de existencia humana que estén o hayan estado bajo el agua, parcial o totalmente y que tengan un carácter cultural e histórico".

Este vasto patrimonio comprende pecios, ruinas, asentamientos humanos, paisajes subacuáticos, cuevas y pozos, y trazos de explotación marina.

Se calcula, según se afirma en el sitio web oficial de la UNESCO, que existen alrededor de tres millones de pecios, lo que nos ayudaría a comprender mejor la forma en la que diferentes civilizaciones han mantenido contacto empleando un medio que, en principio, parece haber actuado siempre como separador. Entre los pecios se encuentran también los denominados "navíos de bloqueo", es decir, aquellas naves hundidas deliberadamente para hacer las veces de barrera; así como los de aeronaves. Algunos de los más importantes son, por ejemplo, el Titanic o los imponentes galeones de la Armada española.

Las ruinas son igualmente importantes. Bajo la superficie de nuestros mares se encuentran restos de asentamientos humanos que sucumbieron a desastres naturales o al progreso. Ciudades enteras del tamaño de Pompeya; como el de la Marmotta (Italia), que data del año 5700 a.C.; o las viviendas medievales de La Colletière (Francia), situadas al borde de un lago.

Por paisajes se entienden aquellas zonas que, como consecuencia del hundimiento de tierras, han quedado sumergidas. Las tres grandes áreas en la que se localizan paisajes, sobre todo prehistóricos, son el Mar del Norte, el Mar Báltico y el Mar Negro.

Los restos de explotación marítima incluyen puertos, puentes y demás construcciones empleadas para controlar o atravesar las aguas; trampas y vallas de pesca y, aunque más bien escasos y muy ligados a los pecios, herramientas e instrumentos técnicos usados para la navegación.

Factores de impacto
Desde principios de 1940, los restos de naufragios, los paisajes, y demás componentes del patrimonio subacuático son cada vez más accesibles; debido, sobre todo, a las nuevas tecnologías de respiración submarina.

Esta accesibilidad, en principio observada como un avance en la conquista de los mares y la recuperación de nuestra historia, se ha tornado en un drama por culpa del expolio y posterior dispersión de los restos arqueológicos. De hecho, se calcula que en las tres últimas décadas más de 345 navíos han sido explotados con fines comerciales sin que se tenga en cuenta el valor del sitio ni de los restos encontrados en ellos.

Otra de las grandes amenazas es la explotación pesquera, especialmente la de arrastre de fondo, que provoca el desplazamiento del patrimonio. Pero no es la única. También la construcción de nuevas infraestructuras, sobre todo puertos y plataformas petrolíferas, está dañando seriamente el patrimonio sumergido.

Y es que la insuficiente protección jurídica está provocando la pérdida para siempre de aquello que nuestros antepasados nos legaron.

Pero no todas las amenazas son humanas. Los factores físicos, químicos y biológicos, principales problemas a la hora de conservar el patrimonio artístico terrestre, muy relacionados con el medio ambiente, deterioran a diario esa parte de nuestra historias que han cubierto las aguas.

Protección del patrimonio
La protección del Patrimonio Cultural Subacuático es uno de los objetivos perseguidos por la UNESCO, y se ha convertido en primordial para todos aquellos países que desean rescatar esa parte de su cultura que los define como pueblo, que muestra al resto del mundo que alguna vez en su historia como nación salieron al mar en busca de oro, tierras o almas a las que someter.

Las actuaciones de protección pasan por la prospección y elaboración de inventarios que permitan, por un lado, conocer el patrimonio existente y el estado en el que éste se encuentra y, por otro, desarrollar planes de actuación efectivos; la protección in situ de los restos y yacimientos, recomendada en la Convención de la UNESCO de 2001 frente al rescate y traslado a la superficie (sólo recomendada si se corre el riesgo de perder el patrimonio al dejarlo en el lugar donde yace); y medidas de protección a largo plazo, de origen, sobre todo, nacional.

En este sentido, la ya mencionada convención supone un paso importante en la protección del patrimonio, que implica a los distintos Estados firmantes del tratado y establece prácticas comunes y pormenorizadas para un correcto tratamiento e investigación del Patrimonio Cultural Subacuático.

Muchos países han tomado conciencia del problema y han creado centros como ARQUA en España o museos directamente bajo el agua, como China, Egipto o México. Pero si no se toman más medidas, si no se conciencia al mundo sobre la importancia de proteger los tesoros ocultos bajo las aguas, si no se pone freno al expolio y al desarrollo ciego, el ser humano corre el riesgo de perder parte de sí mismo. Esa parte de sí que hunde sus raíces en la profundidad de los océanos.
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