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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Carta abierta al presidente de Castilla y León

Mª Paz Alonso (Valladolid)
Redacción
jueves, 2 de noviembre de 2006, 06:43 h (CET)
Estimado Presidente:

Le escribo para pedirle que se espabile y cambie las leyes que sean necesarias. Tengo una hija médico que me contaba ayer, que en su última guardia no pudo comer porque nació un bebé de 31 semanas por cesárea y le llegó un bebé de cuatro horas de vida con un enfisema pulmonar. Usted sabe que las guardias de los residentes se pagan a 7 euros la hora. Mi hija es una joven médico –con hipoteca de vivienda- que, hasta ahora, ha cumplido fielmente su juramento hipocrático y pone toda su ciencia al servicio de la vida. Por eso no se plantea otra cosa que servir al paciente enfermo y salvar su vida. Pero resulta que en Barcelona los médicos practican una medicina al servicio de la muerte con alto rendimiento económico. Mientras mi hija sufría el estrés de salvar a ese bebé de 31 semanas por 7 euros, en Barcelona se metieron en el bolsillo 4000 euros, sin ningún estrés, por inyectar en el corazón de un bebé (un embarazo de 31 semanas) un veneno en el corazón que se lo paralizó y le causó la muerte y después fue abortado legalmente porque ya estaba muerto. Además, para la economía de la sanidad autonómica, este tipo de actuación también resulta de alto rendimiento: cuando nace un bebé vivo todos los gastos corren a cargo de lo público, mientras que cuando se provoca la muerte y el aborto, la joven lo paga de su bolsillo. Y como la joven acudirá probablemente con un acompañante el negocio turístico se verá incrementado.

Señor Presidente, tiene que darse cuenta que eso de respetar la dignidad de la persona, la vida del paciente, los catalanes ya lo tienen superado. Se trata de no hacer sufrir a nadie. Si se quiere abortar a los siete meses, a los ocho o a los nueve, pues se habilitan las leyes necesarias y dinerito al bolsillo. Y ya de paso arregle lo de la eutanasia porque qué más da que se tenga nueve meses que noventa años. El cliente siempre tiene la razón, mientras tenga el dinero y pague.

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