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Etiquetas:   Con permiso   -   Sección:   Opinión

Zapa-Cero y el chulo de mi pueblo

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
jueves, 2 de noviembre de 2006, 06:43 h (CET)
Dicen las crónicas que los Zapateros’s boys están negociando una especie de cosoberanía con el País Vasco. Que las Cortes de todos no puedan oponerse a las vascas. Y viceversa o algo parecido. He intentado leerme todo el artículo pero no he podido, lo confieso. Hay cosas que se me atragantan desde el título y por más esfuerzo que haga me resulta imposible, supongo que también en buena parte por el hecho de que últimamente tengo el ánimo jocundo y no quiero dejarme comer el coco por artículos densos y que fácilmente iban a impulsarme al mal humor. Pero con leer el titular y algún que otro “copypaste” en la prensa digital ha bastado para que el malhumor me vuelva. No sé muy bien lo que Zapatero tendrá pensado para España, a veces supongo que no tiene nada pensado sino que va improvisando como si estuviera buscando un candidato para la alcaldía de Madrid, pero da la impresión de que, ahora que tiene ya una trayectoria que examinar, se parece mucho al chulo del baile de mi pueblo.

Cuando algún forastero entraba al baile, el chulo se le acercaba con un vaso de güisqui en una mano y un cigarro en la otra, hinchaba el pecho, levantaba la barbilla y entornaba los ojos, como para mirarle desde arriba y perdonarle la vida. Si el recién llegado era un poco gallito las miradas se sostenían firmemente unos tensos segundos e inevitablemente aquello acababa en pelea. Sin embargo a veces el forastero era una cabeza más alto y sensiblemente más fuerte que el chulo, ocasiones en que éste simulaba encontrarse con un conocido, daba un brusco giro en su camino y terminaba invitando a algo al primero que se dejase. Aquel chulo que era fuerte con los débiles y débil con los fuertes se me parece a Zapatero, ustedes me sabrán perdonar.

Pero nuestro presi es mucho más listo y tiene más estudios que el chulo aquel. Zapa va siempre de buen talante al encuentro del forastero. Se acerca sonriendo con un güisqui en una mano y un cigarro en la otra no para ofender sino para parecer franco (con perdón) y de buen talante. Y si el forastero es más fuerte que él, léase nacionalista periférico, Zapa le ofrece no un vaso de güisqui y un cigarro, sino una panoplia de cosoberanías para que se sirva escoger a su gusto y varios millones de euros en forma de inversiones del Estado para compensar a la pobre autonomía sometida por la tiranía de España, aunque a la par sea de las más ricas, más desarrolladas y más industrializadas. Poco más y también les deja su silla presidencial para que estén bien comoditos.

Si el otro no es nacionalista, sino un pobrecillo infeliz sin fuerza ni poder, léase el presidente de Castilla y León, entonces Zapatero se pone chulín y hablando con un palillo entre los dientes mientras se mira las uñas le dice: “Hola, presidente pringadillo, ¿sabes contar? Bueno, pues no cuentes. No cuentes con tener un AVE como los demás, que tú no tienes derecho al mismo nivel de velocidad, confort ni seguridad que ellos. No cuentes con tener la misma porrada de millones para infraestructuras que ellos aunque tú no tengas futuro, ni industrias, ni juventud, ni población casi. No cuentes con tener los mismos derechos que los demás. No cuentes tampoco con un estatuto como el de ellos, con cosoberanía, que es que son tíos fetén, de primera. Tú en cambio sólo eres un españolazo pringao con un sueldecillo que no llega ni a las suelas de los “presidents” machotes como mi amigo Pasqual y como lo tendrá Artur, otro buen amiguete.” O sea, fuerte con los débiles y débil con los fuertes, no me digan que no se parece al que yo les digo.

Aquel ya viejo y olvidado chulo del baile de mi pueblo tenía un coro de partidarios que le reían las gracias y le apoyaban más o menos de tapadillo. Siempre había un grupo de segundones dispuestos a justificarle, a llenarle el vaso, a darle palmaditas y a poner con disimulo la zancadilla al enemigo. También por eso me he acordado de él, porque Zapa-cero (cero para Castilla, evidentemente) tiene también su claque de incondicionales incluso en Castilla y León, su patria chica, dispuestos a explicar y justificar cualquier cosa con tal de que el jefe les destine una miradita fugaz, tal vez una sonrisa lejana o un saludo liviano con el cual poder dormir serenamente cada noche.

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